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El periodista Bradley Will es asesinado en Oaxaca
31 de octubre de 2006 — Bradley Will capturó con su cámara un asesinato: el suyo. Will se encontraba en la ciudad mexicana de Oaxaca registrando las protestas contra el gobierno estatal. Era un periodista independiente, que informaba desde la primera línea del frente de los movimientos populares no violentos; pero a plena luz del día y delante de una multitud de manifestantes, un grupo de paramilitares vestidos de civil le disparó. Su muerte, el 27 de Octubre de 2006 da cuenta del punto de inflamación en el que se encuentra Oaxaca.
Por Amy Goodman
Traducido por Democracy Now! en español
Bradley Will capturó con su cámara un asesinato: el suyo. Will se encontraba en la ciudad mexicana de Oaxaca registrando las protestas contra el gobierno estatal. Era un periodista independiente, que informaba desde la primera línea del frente de los movimientos populares no violentos; pero a plena luz del día y delante de una multitud de manifestantes, un grupo de paramilitares vestidos de civil le disparó. El asesinato de Will es uno más entre los muchos que engrosan día a día la lista de reporteros que fueron asesinados mientras hacían su trabajo. Su muerte, el 27 de Octubre de 2006, y la muerte de otras tres personas ese día, dan cuenta del punto de inflamación en el que se encuentra Oaxaca.
En mayo de 2006, los maestros de Oaxaca se declararon en huelga, exigiendo una suba salarial. La casi clásica huelga anual generalmente concluía con la obtención del aumento y sin conflictos. Pero este año, el gobernador oaxaqueño Ulises Ruiz recurrió a las fuerzas policiales locales, estatales y federales para intentar aplastar la huelga.
El ataque motivó a gran parte de la comunidad oaxaqueña a unirse a las protestas en solidaridad. Primero ocuparon el Zócalo, el centro histórico de la Ciudad de Oaxaca, y después ocuparon edificios gubernamentales y las estaciones locales de radio y televisión.
Estaban cansados de ser malinterpretados por los medios de comunicación. Conformaron un grupo de amplia participación, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). Durante los últimos cuatro meses, la APPO ha organizado un amplio movimiento que no lucha solo por la renuncia del gobernador, sino también para construir una nueva forma de democracia directa. En respuesta a los ataques diarios de la policía y los paramilitares, centenares de barricadas fueron establecidas a lo largo de la ciudad. Will estaba registrando los esfuerzos por proteger una barricada clave en el pueblo de Santa Lucía del Camino cuando fue asesinado.
El último video de Brad ha sido recuperado y colgado en Internet. A través de él, uno puede caminar con Brad durante sus últimas horas, en las que entrevista a desprotegidos pero decididos manifestantes mientras intenta cubrirse de las intermitentes balaceras dirigidas contra ellos. Vemos a los que están disparando, y también como Brad intentaba un equilibrio entre protegerse a sí mismo y filmar la violencia ejercida contra los manifestantes desarmados. Oímos el disparo fatal, y su llanto de dolor cuando recibe los dos balazos en el estómago; mientras cae al suelo la cámara sigue grabando. El embajador estadounidense en México, Tony Garza, criticó el asesinato, pero dijo que Will murió en una “durante un cruce de tiroteos”. Como el video de Brad demuestra, y según lo atestiguan varias personas presentes, los manifestantes estaban desarmados. No hubo “cruce de tiroteos”. Associated Press informó que el alcalde de Santa Lucía del Camino, Manuel Martínez Feria, dijo que los sospechosos fueron identificados a partir de unas fotografías, y que todos están conectados con el gobierno local o la policía.
En su triste y profético último comunicado publicado en indymedia.org, Brad describe las sensaciones del movimiento después del asesinato por parte de los paramilitares de un hombre que estaba resguardando una barricada. Solo diez días antes de su muerte, Brad escribió lo siguiente: “Lo que se puede decir de este movimiento – este movimiento revolucionario – es que uno sabe que está creciendo, organizándose, estableciéndose -se puede sentir–, están luchando desesperadamente por obtener una democracia directa.
Este fin de semana pasado, con el pretexto de establecer orden tras la muerte del periodista americano, el Presidente Mexicano Vicente Fox envió miles de policías federales. Ellos retomaron el control de la plaza principal. En Democracy Now!, el lunes por la mañana, entrevisté a Gustavo Esteva, un columnista del diario Mexicano La Jornada: “No es la gente la que ha ocasionado desorden en la ciudad. Ese es la excusa del Presidente Fox. Él está usando a la policía para ayudar a este gobernador mediante una estructura muy particular de cinismo y complejidad. Es una combinación que ha forzado al pueblo de Oaxaca a pagar un precio muy alto por una lucha pacifica y democrática.”
“Claro que la policía nos puede matar. La policía puede venir con todo su armamento, con todos sus tanques y ocupar. Pueden ocupar una plaza, un punto específico. Pero no pueden controlar la ciudad. No pueden gobernar la ciudad. No pueden gobernar nuestras vidas ni nuestra conciencia. Tenemos el control de la ciudad y el control de nuestras vidas. Y vamos a rodear a estos policías con nuestras manos sin armas, y todavía controlaremos nuestras vidas, la policía no la controlará.”
Mientras el Congreso y el Presidente Bush construyen un muro a lo largo de la frontera entre EEUU y México desconociendo que nuestras realidades están inextricablemente interrelacionadas, la coalición de organizaciones de base y populares de Oaxaca se encuentra en un momento crítico. El gobierno federal ha respondido ferozmente. ¿Habrá una matanza semejante a la de los estudiantes en la Ciudad de México en 1968?
¿Desembocará la negación de las demandas populares en una insurrección armada como la de los Zapatistas en 1994? Estos acontecimientos trascendentales serán menos comprendidos por los ciudadanos de EEUU, privados de la perspectiva y los informes de otro periodista más, asesinado por el crimen de mostrar la verdad.
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