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Se acaba el tiempo para un hermano y su hermana

9 de Octubre de 2007 — Troy Anthony Davis y su hermana, Martina Correia, están luchando por sus vidas. Troy se enfrenta a la muerte por inyección letal, a manos del estado de Georgia, y Martina tiene cáncer de mama. Sus luchas paralelas contra pronósticos que no podrían ser peores seguirán inspirando a la gente, mientras logren sobrevivir. El tiempo se les está acabando.

Por Amy Goodman

Troy Anthony Davis y su hermana, Martina Correia, están luchando por sus vidas. Troy se enfrenta a la muerte por inyección letal, a manos del estado de Georgia, y Martina tiene cáncer de mama. Sus luchas paralelas contra pronósticos que no podrían ser peores seguirán inspirando a la gente, mientras logren sobrevivir. El tiempo se les está acabando.

El 9 de octubre, tras las rejas, Troy Davis cumplió 39 años. Fue acusado de haber disparado a muerte al oficial de policía fuera de servicio Mark Allen McPhail en un tiroteo en el estacionamiento de un Burger King en Savannah, Georgia, una noche de agosto de 1989. Alguien estaba golpeando a un vagabundo para quitarle una lata de cerveza. Davis intervino, pero huyó cuando el asaltante lo amenazó con un arma. McPhail, que trabajaba aquella noche de guardia de seguridad en la estación de autobuses Greyhound, intervino a continuación y fue asesinado. Davis ha sostenido su inocencia todo este tiempo.

El estado de Georgia presentó a 15 testigos en el juicio contra Davis, un afroaestadounidense. Fue declarado culpable y condenado a muerte. Desde que fue condenado, siete de los nueve testigos civiles se han retractado de sus respectivos testimonios, alegando que fueron presionados por la policía para obtener sus declaraciones. Uno de los que no ha corregido su testimonio es Sylvester Coles, a quien otros identificaron como el autor del disparo. A pesar de estas retractaciones, los tribunales se han negado a reabrir el caso. Davis se enfrenta a la ejecución por inyección letal, un método sobre el que varios estados han impuesto una moratoria. La semana pasada, la Corte Suprema de EE. UU. accedió a considerar argumentos acerca de la constitucionalidad de la inyección letal.

A lo largo de todo el calvario de Davis, su hermana, Martina Correia, ha luchado para que sea liberado. Martina habló en julio ante el Comité de Indultos y Libertad Condicional del Estado de Georgia un día antes de la prevista ejecución de Davis. El comité concedió un aplazamiento de la ejecución. Correia describió la audiencia:“La audiencia de petición de clemencia para Troy ha sido la más larga de la historia de Georgia. Y finalmente decidieron concederle a Troy un aplazamiento de 90 días.”

“Pero lo que ocurrió fue que cinco de los siete testigos que se retractaron decidieron hablar, incluido el hombre a quien atacaron aquella noche, y dijeron: ‘En ningún momento vi a Troy Davis en el estacionamiento’. Un señor dijo que era soplón de la policia, y que la policía le había pagado en repetidas ocasiones para que mintiera sobre varias personas, que simplemente actuaba según lo que decían los titulares, y que la policía le proporcionaba el resto. Otro testigo declaró que no sabía leer ni escribir. El oficial de policía les dio declaraciones prefabricadas. Así que nadie sabía lo que ocurría, pero fueron amenazados e intimidados. Y ahora se presentaron ante el Comité de Libertad Condicional de Georgia, y declararon todo esto bajo juramento”.

El congresista John Lewis testificó a favor de Davis. Me confió lo siguiente:“Troy Davis es inocente, y por ese motivo he testificado ante el Comité de Libertad Condicional. Nadie debería ser condenado a muerte cuando existen todas estas cuestiones sin aclarar”.

Mientras Martina lucha por la vida de su hermano, está luchando igualmente por la suya: “He estado luchando contra un cáncer de mama con metástasis durante seis años y medio. En 2001 me dijeron que me quedaban seis meses de vida, y le pedí a Dios que tan sólo me diera fuerzas para ver crecer a mi hijo y ver libre a mi hermano Troy. Y he dedicado mi vida a esto. A pesar de que no he trabajado durante casi siete años por la quimioterapia y los tratamientos constantes, hago trabajos voluntarios en mi comunidad y tareas relacionadas con los derechos humanos; no sólo para ayudar a Troy, sino para ayudar a otras personas que se encuentran en la misma situación. Así que mi lucha no es sólo por Troy. Lucho para que todos combatamos la injusticia”.

El caso de Davis es un ejemplo de manual de la disparidad racial en EE. UU., principalmente en el Sur Profundo, en cuanto a la imposición de la pena de muerte. El Colegio de Abogados de Estados Unidos ha señalado las disparidades raciales de Georgia en lo que se refiere a condenas a la pena capital, afirmando que se ha autorizado la adjudicación de abogados defensores inadecuados y ha sido “prácticamente el único estado que no ha proporcionado atención legal para los procedimientos de hábeas corpus a indigentes sentenciados a la pena de muerte”.

La Corte Suprema de Georgia ha aceptado el pedido de Davis de realizar un nuevo juicio, que está previsto para el 13 de noviembre. En ese nuevo juicio, la querella podría tener que enfrentarse a que la mayoría de sus testigos se retracten de sus antiguos testimonios. Este mes, el 13 de octubre, se celebrará una importante marcha en nombre de Davis en Savannah, una ciudad acostumbrada a la cara de Martina: su foto adorna el lateral de la furgoneta que recorre la ciudad realizando mamografías a mujeres indigentes.

Tres millones de mujeres sufren cáncer de mama en EE. UU. Las mujeres afroestadounidenses tienen en general un menor porcentaje de posibilidades de supervivencia que las mujeres blancas. Lo que pase en los próximos meses determinará si Martina y Troy consiguen desafiar los malos pronósticos.

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