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Lecciones del triunfo en la Bahía de Chesapeake

13 de Febrero de 2008 — Tras las elecciones primarias del Potomac, Virginia se ha convertido en el nuevo Massachusetts y Texas en la nueva Florida. Barack Obama reivindicó haber conseguido una “victoria en la Bahía de Chesapeake”, ya que ganó las tres primarias —Maryland, el Distrito de Columbia y Virginia— por un amplio margen. Hillary Clinton, cuya campaña admitió dichas victorias, se va a jugar el todo por el todo en las próximas elecciones primarias de Texas, Ohio y Pennsylvania, en las que está en juego un gran número de delegados.

Por Amy Goodman

Tras las elecciones primarias del Potomac, Virginia se ha convertido en el nuevo Massachusetts y Texas en la nueva Florida. Barack Obama reivindicó haber conseguido una “victoria en la Bahía de Chesapeake”, ya que ganó las tres primarias —Maryland, el Distrito de Columbia y Virginia— por un amplio margen. Hillary Clinton, cuya campaña admitió dichas victorias, se va a jugar el todo por el todo en las próximas elecciones primarias de Texas, Ohio y Pennsylvania, en las que está en juego un gran número de delegados, sin haber anunciado actos de campaña en los estados en los que se celebraban las votaciones más inmediatas: Wisconsin y Hawaii.

Se menciona habitualmente que la campaña de Clinton considera al voto latino de Texas como su “cortafuegos” (o, como irónicamente observa The Guardian, su “contrafuego”).
Antes de que las urnas cerraran en las primarias de Potomac, la senadora estaba haciendo campaña en El Paso, Texas. Al desplegar una estrategia como la de Rudy Giuliani, de saltarse y perder varios estados mientras que se invierte en conseguir la victoria en un estado clave (como Giuliani hizo con Florida), Clinton tiene que hacer campaña para mantener su influencia sobre los votantes latinos, los votantes de bajos ingresos y las mujeres. Las encuestas a boca de urna de las primarias de Potomac sugieren que Obama está empezando a acortar algunos puntos de la ventaja de Clinton en estos electorados clave.

Mientras que los analistas opinan sobre la disputa electoral demócrata, inesperadamente competitiva, vale la pena considerar un factor clave: el nivel de participación de los votantes no tiene precedentes y, si se mantiene hasta noviembre, podría crear un cambio trascendental en el panorama político de EE.UU.

Tomemos por ejemplo el estado de Virginia. ¿Podría volverse demócrata este estado republicano? Los demócratas consiguieron convocar a casi 1 millón de votantes el día de las primarias, el martes 12 de febrero, mientras que los republicanos no sobrepasaron los 475.000. Un hecho: los demócratas convocaron a dos veces y media más votantes que los que participaron en las primarias de Virginia en 2004 y sobrepasaron al número de votantes de las primarias republicanas en un factor de 2 a 1. Los votantes demócratas están acudiendo en masa, mientras que los republicanos de Virginia parecen estar quedándose en casa en esta ocasión.

Esto podría presagiar dos importantes resultados. En primer lugar, Virginia podría pasar de ser un estado republicano a ser un estado demócrata para cuando lleguen las elecciones en noviembre. Aunque durante décadas Virginia ha dado sus puntos electorales a los republicanos, John McCain debería tomar nota, ya que el último candidato presidencial republicano que perdió Virginia fue otro senador republicano de Arizona (Barry Goldwater, derrotado por Lyndon Johnson en 1964). Recordemos de igual modo que los votantes de Virginia fueron los primeros en elevar al cargo de gobernador a un afroaestadounidense, al elegir al demócrata Douglas Wilder en 1990. Este repentino aumento de la participación de votantes podría también dar paso a un segundo senador demócrata en Virginia, que sustituiría al senador republicano saliente, John Warner, que cumple 81 años esta semana.

Consideremos a Colorado. Este estado también ha visto un tremendo aumento en la participación de votantes. En los recientes “caucus” o asambleas electorales (ganadas cómodamente por Obama), los demócratas convocaron a 112.000 votantes frente a los 70.000 de los republicanos. Colorado suele ser descrito como un estado “púrpura”, porque está cambiando de rojo (republicano) a azul (demócrata): este estado ha dado sus puntos al candidato republicano en todas las elecciones desde Dwight Eisenhower, con la salvedad de Johnson en 1964 y Bill Clinton en 1992. En 2004, el demócrata Ken Salazar ganó el escaño del Senado que dejaba vacante el republicano Ben Nighthorse Campbell, mientras que el hermano de Salazar, John, ganó el escaño de la Cámara de Representantes que había sido ocupado por el derechista Scott McInnis durante 12 años. Al igual que Warner, el senador republicano Wayne Allard se va a jubilar, y las encuestas, junto con el aumento de la participación de votantes, indican que el actual representante demócrata Mark Udall ganará la candidatura para el Senado.

Aunque hay entusiasmo y confianza entre los demócratas de que pueden recuperar la Casa Blanca en 2008, aún necesitan decidir quién será su candidato. La amenaza de la recesión ha acaparado la atención de mucha gente, pero lo que está en el fondo de este momento político, detrás de los resultados de las encuestas y el aumento de los votantes, es la guerra de Irak. En última instancia, los demócratas tienen dos candidatos, uno de los cuales se opuso a la guerra de Irak y otra que la autorizó.

Hace un año, mientras hacía campaña en New Hampshire, Clinton aconsejó a sus posibles partidarios: “Si lo más importante para ustedes es elegir a alguien que no emitió ese voto o que dijo que su voto fue un error, entonces hay otros candidatos entre los cuales elegir. Pero para mí, lo más importante ahora es intentar acabar con esta guerra”.

Clinton se ha obstinado en su negativa a admitir que su voto a favor de la guerra fue un error. En una reciente emisión de “Meet the Press”, aseguró que el voto que emitió en 2002 no fue en realidad un voto a favor de la guerra:

“Es totalmente injusto decir que... fue un voto a favor de la guerra. Fue un voto a favor de utilizar la amenaza del uso de la fuerza contra Saddam Hussein, que nunca hizo nada sin que se lo obligara a hacerlo”.

A lo que Tim Russert le respondió recordándole lo siguiente: “El título de la ley era `Resolución de autorización para el uso de la fuerza militar contra Irak`”.

El ala progresista y contraria a la guerra del Partido Demócrata ha experimentado una revitalización. Ahora que Dennis Kucinich y John Edwards están fuera, la atención de los opositores a la guerra se centra en Obama (incluso aunque sus planes actuales para Irak son virtualmente imposibles de diferenciar de los de Clinton: ninguno de los dos aboga por una retirada inmediata). Obama claramente se está viendo beneficiado por el aumento de la participación de los votantes. De igual modo, están saliendo beneficiados los candidatos locales. Donna Edwards, la demócrata de Maryland opositora a la guerra, acaba de ganar sus elecciones primarias, derrotando a un rival que llevaba ocho años en el cargo, y que votó a favor de proporcionar fondos para la guerra. Si gana en noviembre, será la primera mujer afroestadounidense en representar a Maryland ante el Congreso de EE.UU.

En efecto, senadora Clinton, los votantes opositores a la guerra que piensan que el voto que usted hizo importa, tienen otros candidatos a los que votar. Y hay muchos votantes contrarios a la guerra buscando buenas alternativas.


Amy Goodman es la presentadora de Democracy Now! (www.democracynow.org/es),
noticiero internacional diario emitido por más de 650 emisoras de radio y TV en
Estados Unidos y el mundo.Denis Moynihan colaboró con esta columna

© 2008 Amy Goodman

Inglés: http http://www.truthdig.com/report/item/20080213_lessons_of_the_chesapeake_sweep/
traducido por: Ángel Domínguez y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

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