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"Flotilla por la Libertad de Gaza": Falseando la verdad

10 de junio de 2010 – La llamaron “Operación Brisa del Mar”. A pesar del lindo nombre, el violento ataque del comando israelí contra una flotilla de buques de ayuda humanitaria, que dejó un saldo de nueve civiles muertos, provocó la indignación internacional. El ataque tuvo lugar en la madrugada del 31 de mayo, cuando las seis embarcaciones de la flotilla cargadas con ayuda humanitaria aún estaban en aguas internacionales, rumbo a Gaza, donde 1,5 millones de habitantes palestinos llevan tres años de bloqueo impuesto por Israel.

Por Amy Goodman

Publicado el 10 de junio de 2010

La llamaron “Operación Brisa del Mar”. A pesar del lindo nombre, el violento ataque del comando israelí contra una flotilla de buques de ayuda humanitaria, que dejó un saldo de nueve civiles muertos, provocó la indignación internacional. El ataque tuvo lugar en la madrugada del 31 de mayo, cuando las seis embarcaciones de la flotilla cargadas con ayuda humanitaria aún estaban en aguas internacionales, rumbo a Gaza, donde 1,5 millones de habitantes palestinos llevan tres años de bloqueo impuesto por Israel. Desde el inicio, Israel procuró limitar el debate sobre el ataque y controlar las imágenes difundidas.

Botes y helicópteros militares israelíes atacaron las embarcaciones y tomaron el control de la flotilla. Nueve de los activistas que estaban a bordo de la embarcación más grande, el Mavi Marmara, fueron asesinados a quemarropa por comandos israelíes que dispararon balas de plomo. Un ciudadano estadounidense de diecinueve años de edad, Furkan Dogan, recibió un disparo en el pecho y cuatro disparos en la cabeza. Israel secuestró los seis buques y arrestó a los 700 activistas y periodistas que estaban a bordo, los trasladó al puerto israelí de Ashdod y los mantuvo incomunicados de su familia, la prensa y abogados durante días. El gobierno israelí confiscó todas las grabaciones y equipos de comunicación que encontró – aparatos que contenían casi todas las pruebas del ataque que lograron grabarse – permitiéndole así al Estado de Israel controlar lo que el mundo pudo conocer acerca del ataque. Los israelíes seleccionaron, editaron y publicaron las imágenes que quisieron que el mundo viera.

Cuatro días después de su captura, la mayoría de los detenidos fueron deportados por el gobierno israelí, mucho después de que la información sobre el incidente hubiera sido tergiversada.

Esta semana entrevisté a dos periodistas de trayectoria que estaban a bordo de la Flotilla por la Libertad de Gaza haciendo la cobertura para el periódico australiano Sydney Morning Herald, el corresponsal Paul McGeough y su fotógrafa, Kate Geraghty. Ambos estaban en Estambul, a donde habían sido deportados desde Israel. Habían estado en la mayoría de los buques de la flotilla, pero cuando ocurrió el ataque se encontraban a bordo del más pequeño, el buque de bandera estadounidense Challenger I.

Kate Geraghty describió en la entrevista cómo le dispararon con una pistola eléctrica Taser: “Estaba tomando fotografías de Paul. Y estaba mirando a un lado del bote cuando llegaron los comandos- un comando israelí vino hacia nosotros. Entonces estaba tomando fotografías y básicamente sentí un golpe en el brazo justo encima del codo, que me empujó cerca de un metro, un metro y medio. Y luego, inmediatamente me sentí mal y comencé a vomitar. Y luego el comando vino hacia mí y trató de sacarme la cámara por la fuerza. Tenían armas, entonces, simplemente dijimos, como mencionó Paul, que somos periodistas australianos, que trabajamos para el periódico Sydney Morning Herald. Y eso no importó”.

Y esta fue la descripción de McGeough: “Kate recibió un choque de una pistola eléctrica que la empujó en la cubierta. Apenas tuvimos tiempo de recuperarnos cuando los hombres enmascarados y con trajes camuflados, se amontonaron sobre un lado de la escotilla superior, donde nos encontrábamos. Se avalanzaron para quitarnos las cámaras. Arremetieron para quitarnos el teléfono satelital, que estaba en mi mano. Estaba hablando con el Sydney Morning Herald en Australia, presentando una denuncia. Hablaron con acento australiano, lo cual fue bastante sorprendente. Y cuando dijimos que éramos periodistas profesionales, dije 'Sydney Morning Herald', uno de ellos dijo 'Sabemos que trabajan para el Herald', no 'conocemos al Herald', sino 'sabemos que ustedes trabajan ahí'”.

Le comenté a Paul McGeough que en una encuesta realizada por Rasmussen el 49 por ciento de los votantes estadounidenses respondió que creía que los activistas pro-palestinos que estaban en los buques de ayuda son culpables de lo sucedido. McGeough me dijo al respecto: “Si el estadounidense promedio hubiera visto debajo de la cubierta a los hombres con las muñecas atadas con esposas de plástico, arrodillados durante horas, si hubera visto que se les negaba permiso para ir al baño y se veían obligados a hacerse encima y hubiera visto a las mujeres suplicando para poder darle de beber a los hombres, eso hubiera cambiado su sensación de lo que sucedió en los buques”.

Cuando los periodistas pueden trabajar libremente, pueden informar la verdad. Las fuerzas armadas israelíes se vieron obligadas a retractarse de su afirmación de que los pasajeros a bordo de la flotilla eran agentes de al-Qaeda. Un comunicado de prensa de las Fuerzas de Defensa de Israel publicado dos días después del ataque dice que aproximadamente 40 pasajeros de la flotilla “son mercenarios que pertenecen a la organización terrorista Al Qaeda”. El periodista independiente Max Blumenthal cuenta que tanto él como otro colega israelí le pidieron a la oficina de prensa de las fuerzas armadas israelíes que fundamentara su afirmación. No proporcionaron pruebas, y un día más tarde el comunicado de prensa fue modificado. El titular original, que decía “Se comprobó que los atacantes de los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) eran mercenarios de Al Qaeda”, fue reemplazado por “Atacantes de los soldados de las FDI carecían de documentos de identificación”.

Max Blumenthal habló desde Jaffa, Israel: “Llamé a la FDI junto con mi colega periodista Lia Tarachansky, que les habló en hebreo. Yo les hablé en inglés. Ambos obtuvimos la misma respuesta: no hay pruebas. Esta afirmación provino del círculo íntimo de Netanyahu. E inmediatamente cambiaron el comunicado de prensa para que dijera cuarenta pasajeros 'carecían de documentos de identificación' a bordo del Mavi Marmara, básicamente retractando la afirmación sobre al-Qaeda”.

Paul McGeough, del Sydney Morning Herald, me dijo: “Esto es lo que hacemos: nos sumamos a batallones de las fuerzas estadounidenses en Irak y de las fuerzas australianas en Afganistán y hacemos la cobertura de lo que sucede”. Dijo “He hablado con funcionarios israelíes, y en Cisjordania y Gaza he hablado con Hamas y con jóvenes futuros atacantes suicidas, porque así es como conseguimos las noticias. Si solo cuentas un lado de la historia, la gente no puede tener una visión sensata de conflictos dinámicos como estos para entender cómo podrían resolverse”.

McGeough y Geraghty y todos los demás periodistas aún no han recuperado sus laptops, cámaras, videos, fotos y otras posesiones confiscadas por los israelíes. Israel ha dicho que no aceptará una investigación independiente del ataque que perpetró. Los intentos persistentes de Israel de ocultar la verdad lo único que logran es poner en peligro la seguridad de los israelíes, de los palestinos y de quienes trabajan por una paz justa en Medio Oriente.


Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

© 2010 Amy Goodman

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 250 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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