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La crisis de Fukushima exige una nueva forma no nuclear de pensar

23 de junio de 2011–Se ha conocido nueva información que indica que el desastre de la central nuclear de Fukushima en Japón es mucho más grave de lo que se reconoció en un principio, dada la fusión total de tres de los cuatro reactores afectados.

Publicado el 23 de junio de 2011

Por Amy Goodman

Se ha conocido nueva información que indica que el desastre de la central nuclear de Fukushima en Japón es mucho más grave de lo que se reconoció en un principio, dada la fusión total de tres de los cuatro reactores afectados. Mientras tanto, en Estados Unidos, las dos plantas nucleares de Nebraska, ambas cercanas a la ciudad de Omaha, han entrado en estado de alerta a causa de las grandes inundaciones provocadas por el desborde del Río Mossouri. La Central Nuclear Cooper se declaró en estado de emergencia de nivel 1 y se verá obligada a cerrar si el río aumenta su nivel en aproximadamente otros siete centímetros. La planta de energía nuclear de Fort Calhoun permanece cerrada desde el pasado 9 de abril, en parte debido a las inundaciones. En Minnesota, el calor extremo ocasionó la falla de los dos generadores diesel de emergencia de la planta Prairie Island. La falla del generador de emergencia fue uno de los principales problemas que derivó en la fusión de los núcleos de los reactores en Fukushima.

En mayo, el Ministro de Medio Ambiente de Austria, Nikolaus Berlakovich, convocó en respuesta al desastre de Fukushima a una reunión de los once países de Europa libres de energía nuclear. En la reunión, los países invitados resolvieron ejercer presión a favor de una Europa libre de energía nuclear. Al mismo tiempo, Alemania anunciaba que abandonará la energía nuclear en unos diez años y afianzará la investigación en energía renovable. La semana pasada, además, en las elecciones nacionales de Italia, más del noventa por ciento de los votantes rechazó rotundamente los planes del Primer Ministro Silvio Berlusconi de reiniciar los programas de generación de energía atómica en ese país.

Los directores de los programas nacionales de energía nuclear están participando esta semana en Viena de la Conferencia Ministerial sobre Seguridad Nuclear organizada por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). La reunión fue convocada en respuesta a Fukushima. Irónicamente, los funcionarios, entre ellos Gregory Jaczko, director de la Comisión Reguladora Nuclear de Estados Unidos, mantienen su reunión bien a salvo, en un país que no posee plantas nucleares. Austria se encuentra al frente de la nueva alianza anti nuclear europea.

La reunión del OIEA fue precedida por un informe de la agencia de noticias Associated Press que establece que, sistemáticamente y durante décadas, los reguladores nucleares de Estados Unidos han bajado los niveles de exigencia de las regulaciones de seguridad a fin de permitir a los operadores mantener en funcionamiento las plantas nucleares. Las plantas de energía nuclear de Estados Unidos se construyeron todas durante las décadas que precedieron al desastre de la central nuclear Three Mile Island en 1979. De estas ciento cuatro plantas, todas ellas excedieron su plazo de funcionamiento. Las habilitaciones originales se emitieron por cuarenta años.

El periodista de Associated Press Jeff Donn escribió: “Cuando se empezaron a construir las primeras plantas, en las décadas del 60 y 70, se esperaba que fueran reemplazadas por versiones mejoradas mucho antes de que vencieran sus habilitaciones.” Los enormes costos iniciales de construcción, las cuestiones de seguridad y el problema de almacenamiento de los desechos nucleares radioactivos durante miles de años disuadieron a los inversionistas del sector privado. En lugar de desarrollar y construir nuevas plantas nucleares, los propietarios (generalmente compañías con fines de lucro como Exelon Corp., una compañía que a través de los años realizó importantes contribuciones para las campañas de Obama) simplemente intentan hacer que los viejos reactores continúen funcionando por más tiempo y solicitan a la Comisión Reguladora Nuclear que prorrogue las habilitaciones por veinte años más.

Europa, ya bastante adelantada con respecto a Estados Unidos en cuanto al desarrollo y utilización de tecnologías de energía renovable, se propone acelerar su camino en esa dirección. En Estados Unidos, la Comisión Reguladora Nuclear dio su aprobación preliminar para la expansión planificada por Southern Company de la planta Vogtle en Georgia, lo que eventualmente significaría la primera autorización para la construcción de una nueva planta de energía nuclear en Estados Unidos desde el accidente en Three Mile Island. El proyecto recibió el impulso del Presidente Barack Obama, quien prometió ocho mil trescientos millones de dólares de fondos federales en garantía de préstamo. Southern planea utilizar el nuevo reactor AP1000 de Westinghouse. Sin embargo, una coalición de grupos ambientalistas inició acciones para impedir el permiso, señalando que la inseguridad del nuevo reactor es inherente a su diseño.

Obama estableció lo que él denominó Comisión de Excelencia sobre el Futuro Nuclear de Estados Unidos. Uno de sus quince miembros es John Rowe, presidente y director ejecutivo de Exelon Corp. (la misma compañía de energía nuclear que realizó abundantes contribuciones a la campaña de Obama). La comisión realizó un viaje de reconocimiento a Japón para observar cómo ese país prosperaba en términos de energía nuclear justamente un mes antes del desastre de Fukushima. En mayo, la comisión reiteró su postura, que es la postura de Obama, y que sostiene que la energía nuclear debe ser parte del combinado de energías a utilizar en Estados Unidos.

En vez de eso, el combinado de energías de Estados Unidos debería incluir un programa nacional de empleo para convertir los edificios existentes en energéticamente eficientes, además de instalar tecnología para la generación de energía solar y eólica donde sea adecuado. Este programa no podría ser tercerizado y disminuiría de inmediato nuestro consumo de energía, reduciendo por ende nuestra dependencia de combustibles fósiles extranjeros, así como del carbón y energía nuclear de origen nacional. Un programa de estas características podría favorecer a los industriales de Estados Unidos, ya que el dinero permanecería dentro de la economía estadounidense. Sería una respuesta simple, eficaz y sensata a lo sucedido en Fukushima.


Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

© 2011 Amy Goodman

Texto en inglés traducido por Fernanda Gerpe y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 600 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 300 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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