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Informe exclusivo: ¡Habla Lori Berenson!

Hoy en Lima, Perú, se comenzó a tomar declaración a los testigos en el juicio civil entablado contra Lori Berenson, la mujer estadounidense que está cumpliendo una condena a cadena perpetua en Perú por “traición a la patria”. La semana pasada, un tribunal militar anuló esa condena y anunció que el caso pasaba a un tribunal civil.

Lori_berenson

6 de septiembre de 2000

Escuche/Vea/Lea (en inglés)

Hoy en Lima, Perú, se comenzó a tomar declaración a los testigos en el juicio civil entablado contra Lori Berenson, la mujer estadounidense que está cumpliendo una condena a cadena perpetua en Perú por “traición a la patria”. La semana pasada, un tribunal militar anuló esa condena y anunció que el caso pasaba a un tribunal civil. El jueves pasado, Lori fue trasladada a una prisión de máxima seguridad en Lima.

Hoy en un informe exclusivo de Democracy Now!, escucharemos la grabación de la única entrevista que se le hizo a Lori Berenson. Es la primera vez que se emite su voz al aire desde que fue condenada a cadena perpetua hace casi cinco años.

En marzo de 1999, fui a Perú con una delegación estadounidense de Derechos Humanos para ver la prisión de Socabaya en Arequipa, segunda ciudad peruana, donde Lori estaba detenida. Lori fue declarada culpable de colaborar con el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru. Fue juzgada por un juez militar de identidad reservada, mientras que los fiscales usaron pruebas secretas contra ella. Durante tres años Berenson estuvo detenida en la fría prisión de Yanamayo ubicada en la Cordillera de los Andes, en una celda al aire libre sin calefacción ni agua corriente, donde las manos se le hinchaban como guantes de box por el frío y donde empezó a tener problemas gástricos y en los ojos. Más tarde fue trasladada a la prisión de Socabaya, pero allí también estuvo varios meses aislada totalmente. Amnesty International se refirió a ese trato como un castigo cruel y poco común, mientras que un grupo de trabajo de la oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos determinó que “La detención de Lori Berenson es arbitraria y viola la Declaración Universal de los Derechos Humanos”.

El 2 de marzo de 1999, hace un año y medio, nos reunimos con Lori Berenson en el patio de la cárcel. Yo estaba acompañada de un grupo encabezado por representantes de la Oficina de las Américas en Los Ángeles. Nos sentamos en seis sillas junto a ella en el patio y ahora vamos a emitir fragmentos de la primera entrevista grabada con Lori Berenson. Es importante recalcar que estos fragmentos han sido aprobados tanto por su abogado como por sus padres.

Lori comenzó hablando del juicio civil que empezó en el día de hoy en Lima. Les repito que esta grabación es de hace un año y medio. Me pareció que era más seguro ponerla al aire ahora, después de que ella fuera trasladada de la prisión de Socabaya a Lima. Escuchamos a Lori Berenson.

LORI BERENSON: Creo que es una forma de demorar el juicio civil, que en Perú pueden llegar a durar seis meses. A esta altura, con toda la difusión que hubo, con tanta difusión negativa que hubo en Perú sobre mi caso, nunca tendré un juicio justo.

AMY GOODMAN: Lori Berenson hizo estas observaciones hace un año y medio, cuando fui con una delegación de derechos humanos encabezada por Blase Bonpane de la Oficina de las Américas con sede en Los Ángeles y el reverendo Lucius Walker de Pastores por la paz con sede en Nueva York. Fuimos a Perú en marzo de 1999, viajamos en avión a la cárcel de Socabaya donde Berenson estuvo 150 días totalmente aislada.

Hoy por primera vez podrán escuchar a Lori Berenson hablar de las condiciones de vida en la cárcel, sus esperanzas para el futuro, los cargos que enfrenta como líder del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru, el grupo rebelde de Perú que un año más tarde tomaría la residencia del embajador japonés. Los comentarios son fragmentos de una larga entrevista que fueron revisados por los padres de Lori Berenson y su abogado, el ex Fiscal General de Estados Unidos, Ramsey Clark.

Comenzamos hablando de la cárcel de Yanamayo, donde Lori pasó de dos a tres años de su vida. La cárcel está ubicada en la Cordillera de Los Andes, rodeada de montañas altísimas, donde los guardias se rotan cada seis meses debido a la altitud, pero los prisioneros pueden permanecer allí el resto de sus vidas.

LORI BERENSON: En Yanamayo hace mucho frío; más que el frío en sí mismo, es el hecho de que haya una serie de distintas circunstancias que agravan la situación, en la que uno se siente como el clima. Las personas, el acoso, en el sentido que solían enviar una fuerza especial de la policía que le pegaba a la gente e incluso la golpeaba en la cabeza.

AMY GOODMAN: Por si tienen algún inconveniente para entender lo que dice, Lori dijo que las autoridades solían enviar fuerzas policiales especiales que golpeaba a la gente en la cabeza. También dijo que las autoridades consideraban que ella había demostrado su culpabilidad al preocuparse primero por las condiciones de vida en la cárcel y recién después por su propio caso.

LORI BERENSON: Me cuesta decir “bueno, me ocupo de mí misma, me olvido de los que se están muriendo”. No puedo hacerlo. Sería una locura. [Inaudible] Las condiciones en realidad eran bastante peores, muy malas. Entonces cuando me quejé, me quejé de eso. No me quejé de mi [situación] y eso fue un problema. O al menos no me quejé primero de mi [situación]. Me quejé de las condiciones generales de vida en la cárcel, creo que solo de las condiciones de vida en la cárcel y del juicio civil.

AMY GOODMAN: Entonces primero habló de las condiciones de vida en la cárcel. ¿Y después?

LORI BERENSON: Después mencioné, en general, el sistema judicial. Dije que hay un montón de gente que está aquí injustamente. En general, lo que siempre menciono es el tribunal militar. Fui juzgada por un tribunal militar.

AMY GOODMAN: Lori Berenson fue juzgada por un juez militar de identidad reservada y mientras se leían las sentencias les apuntaban con un arma a la cabeza a ella y a otros acusados. Luego los mandaron a la cárcel de Yanamayo, ubicada en las alturas de la Cordillera de Los Andes, donde las condiciones de vida en la cárcel eran extremadamente graves. Sin embargo, dijo que la situación cambió para su bien pocos días después, cuando la OEA tomó su caso. Fue en ese momento cuando la trasladaron.

LORI BERENSON: Fui trasladada un día antes de que la OEA analizara mi caso en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Y eso no fue por mi estado de salud porque, aunque mi salud se había deteriorado en la cárcel, ciertamente no era tan grave como la de muchos que están allí con problemas serios. Podría decirse que están entre la vida y la muerte. Yo fui traslada junto a otras tres personas que se encontraban en sillas de ruedas por el daño cerebral provocado, al menos en dos de ellos, creo que por la tortura. Recuerdo que dos de las mujeres con las que vivía tenían un estado de salud realmente grave, una de ellas afectada de ulceras sangrantes y la otra con daño cerebral provocado por la tortura.

AMY GOODMAN: ¿En Yanamayo?

LORI BERENSON: Sí.

AMY GOODMAN: ¿Y a dónde las llevaron?

LORI BERENSON: No, a ellas no las trasladaron. Sólo a mí me trasladaron. Por eso estoy segura de que [el traslado] no fue por motivos de salud.

AMY GOODMAN: Por las dudas alguien no haya escuchado bien, dado que las condiciones de la grabación no son lo que podríamos llamar ideales en la cárcel de Socabaya. Lori Berenson dijo que si bien a ella la trasladaron a la cárcel de Socabaya, había mujeres cuyo estado de salud era mucho peor al de ella –aunque Lori estaba grave también- porque habían sido torturadas y tenían daño cerebral y no las trasladaron porque sus casos no iban a ser analizados por la OEA.

Pero volvamos un poco a aquellos días de diciembre de 1995, justo después de que Lori Berenson fuera arrestada y enviada primero a la cárcel de Yanamayo, luego a Socabaya y ahora a la cárcel de Chorrillos en Lima, mientras el Estado analiza hacerle otro juicio. Después de que la DINCOTE —la policía militar antiterrorista— la detiene mientras viaja en un ómnibus, la llevan a las oficinas de ese organismo y la tienen presa. Durante ese tiempo no podía hablar con nadie; llevaron a otra mujer a esa misma celda. Lori Berenson describe el estado en que estaba esa mujer.

LORI BERENSON: Tenía cinco heridas de bala, en los dos brazos, en las dos piernas y otra que había entrado a la vejiga e intestinos. Así que estaba en una situación malísima. La habían dejado sobre un colchón sucio, desnuda o probablemente con una camisa o algo. En un colchón mugriento, con cinco heridas abiertas; algo horrendo. Quiero decir, había un montón de ratas y demás.

AMY GOODMAN: ¿Cuántos días estuvo en la celda?

LORI BERENSON: Estuve en la misma celda con ella probablemente once o doce días.

AMY GOODMAN: Fue después de ese período que la policía militar, la DINCOTE, presentó a Lori Berenson ante la prensa. Lo que vamos a escuchar fue el último minuto de grabación de Lori Berenson, ya que luego regresaba a la cárcel. Ella nos contó que le dijeron que tenía un minuto para hablar y que no había micrófonos. Se la oía enojada, hablaba rápido y estaba muy agitada.

LORI BERENSON: Es una reacción a las condiciones de detención, en general. Y una reacción al —

NO IDENTIFICADO: ¿A las condiciones de detención?

LORI BERENSON: Al sistema, a todo lo —

NO IDENTIFICADO: A lo que vio.

LORI BERENSON: No, a lo que estaba por venir. Porque cuando hablo de violencia institucionalizada, el hambre y la miseria, es en términos de cómo matan gente en la DINCOTE. Y yo me daba cuenta de eso en ese entonces.

AMY GOODMAN: ¿Cuánto tiempo estuvo detenida sin poder hablar con nadie, desde el momento en que fue capturada?

LORI BERENSON: Estuvimos en celdas individuales hasta el 27 aproximadamente, cuando me pusieron con otra persona.

AMY GOODMAN: ¿El 27 de diciembre?

LORI BERENSON: Sí, el 27 de diciembre. Con mi abogado peruano, no pudimos hablar antes de testificar —no de testificar, sino antes de prestar mi declaración.

AMY GOODMAN: Poco después, Lori fue presentada ante la prensa. Ella y varias personas más fueron llevados ante un juez militar de identidad reservada que la declaró culpable de traición. Dijo que ella era una de las líderes del MRTA y fue condenada a cadena perpetua por traición a la patria.

AMY GOODMAN: ¿Presentaron alguna prueba durante el juicio?

LORI BERENSON: No. ¿Durante el juicio en sí? No, absolutamente nada.

AMY GOODMAN: ¿Es usted inocente de lo que se la acusa?

LORI BERENSON: Sí, de lo que se me acusa. Sí, soy inocente de todo lo que se me acusa.

AMY GOODMAN: Eso nos lleva al tema de EE.UU. y lo que EE.UU. está haciendo acá por su caso, el gobierno estadounidense. ¿Qué está haciendo EE.UU.? ¿Están ayudando?

LORI BERENSON: Hubo cierta presión en determinadas ocasiones, pero no mucha. No lo suficientemente fuerte, porque yo sigo aquí.

AMY GOODMAN: ¿Considera que usted no estaría aquí si [EE.UU.] presionara? Hablo del gobierno estadounidense.

LORI BERENSON: Creo que más que el Congreso en sí. Pienso en toda la ayuda militar y ese tipo de apoyo y en las palmaditas en la espalda que le dan a Fujimori cada vez que hace algo. Me parece que él considera que está bien.

AMY GOODMAN: Repetimos, escuchábamos a Lori mientras hablaba hace un año y medio. En este momento, más de la mitad del Congreso estadounidense y cuarenta y tres senadores habían firmado una carta pidiendo la liberación de Lori Berenson. Al mismo tiempo, Fujimori, el presidente peruano, estaba muy presionado luego de asumir la presidencia por tercera vez desde 1990 en una especie de golpe electoral, que hasta EE.UU. se vio obligado a admitir que había sido profundamente irregular.

Pero Lori siempre ha estado más interesada en movimientos de base que en políticas electorales. Ella habló de las condiciones generales de vida de los peruanos.

LORI BERENSON: Bueno, sí sé que en los últimos años, las condiciones de vida del peruano medio son mucho peores desde que se puso en práctica el plan neoliberal. Esta sociedad todavía parece ser bastante injusta, en la cual todos, no únicamente la izquierda, sino también la oposición de centro, todos están tan asustados que no dicen nada. Tan asustados que la prensa no dice nada. Entonces, la situación es —desde mi punto de vista- que hay muy poca democracia, me refiero a un verdadero derecho a la vida, a la salud y a la felicidad. Yo creo que la situación está realmente peor. Hace falta apertura democrática en una sociedad, para que la gente tenga derecho de decir “Yo no estoy acuerdo con esto”.

AMY GOODMAN: Lori ¿tienes algún otro comentario que te gustaría hacer aquí, a través de este medio, por ejemplo un comentario para la gente?

LORI BERENSON: Creo que debemos ser conscientes de la situación. Ojalá que las condiciones cambien, en general, en las cárceles y en el Perú. Espero que me liberen y que pueda salir de aquí en algún momento.

AMY GOODMAN: Si salieras ¿qué harías?

LORI BERENSON: ¿En qué sentido?

AMY GOODMAN: ¿Si fueras liberada?

LORI BERENSON: Dediqué mi vida de adulta a cuestiones relacionadas con la justicia social y no tengo intenciones de dejar de hacerlo. Creo que eso sería mucho más útil en este mundo para mí como persona y para otras personas en este mundo, no en el sentido de que yo sea una persona útil, sino en el sentido de que podría hacer mucho más con mi vida y tal vez para la vida de otras personas si no estuviera aquí.

AMY GOODMAN: Lori Berenson, una mujer estadounidense encarcelada en Perú. Su cuerpo está en la cárcel, pero sus palabras se escaparon.

El presidente de Perú Alberto Fujimori está en Nueva York esta semana para participar de la mayor reunión de líderes mundiales que jamás se ha visto. Estará en el Hotel St. Regis el viernes.

Usted está escuchando Democracy Now! de Pacifica Radio. Cuando regresemos, escucharemos al Reverendo Jesse Jackson, quien afirma que quiere ir a Perú para traer a Lori Berenson de vuelta a casa. De nuevo, escuchábamos las primeras palabras que Lori Berenson dijo públicamente desde que fue condenada a cadena perpetua por un tribunal militar. Usted está escuchando Democracy Now! Volvemos en un minuto.


Traducido por Alejandra Burgos y Kelly Kremko; editado por Gabriela Díaz Cortez

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