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La lucha popular contra la fracturación hidráulica

21 de septiembre de 2012 — El oeste de Pensilvania es considerado la cuna de la industria petrolera. Hoy en día, los habitantes de esa zona están ocupados tratando de detener la expansión de los pozos petroleros y la práctica conocida como perforación hidráulica, o “fracking”, que se está volviendo cada vez más común. Mientras esto sucede, hay cada vez más pruebas que indican que la mezcla secreta de químicos tóxicos utilizada en el fracking contamina los acuíferos subterráneos. A un año del nacimiento del movimiento Occupy Wall Street, la resistencia popular al enorme poder de la industria energética crece cada día más.

Publicado el 21 de septiembre de 2012

Amy Goodman

El oeste de Pensilvania es considerado la cuna de la industria petrolera. El 27 de agosto de 1859, Edwin Drake encontró petróleo en Titusville, Pensilvania y cambió el rumbo de la historia. Hoy en día, los habitantes de esa zona están ocupados tratando de detener la expansión de los pozos petroleros y la práctica conocida como perforación hidráulica, o “fracking”, que se está volviendo cada vez más común. La fracturación hidráulica es la técnica utilizada para extraer gas natural del subsuelo, que es promovida por la industria del gas estadounidense como fundamental para dejar de depender del petróleo extranjero. Sin embargo, hay cada vez más pruebas que indican que la mezcla secreta de químicos tóxicos utilizada en la fracturación hidráulica contamina los acuíferos subterráneos, lo que implica una amenaza inminente a la salud y la seguridad públicas. Esta práctica incluso ha llegado a provocar terremotos en Ohio. Mientras tanto, a un año del nacimiento del movimiento Occupy Wall Street, la resistencia popular al enorme poder de la industria energética crece cada vez más.

En el centro, y literalmente debajo, del problema que plantea la fracturación hidráulica está el esquisto Marcellus (casualmente denominado de manera oficial Marcellus Member of the Romney Formation). Esta enorme formación geológica subterránea se extiende desde el norte del estado de Nueva York hasta Tennessee, pasando por Pensilvania, el este de Ohio, Virginia Occidental y partes del estado de Virginia. A diferencia del petróleo crudo de Arabia Saudita, que es de fácil extracción, el gas natural del esquisto Marcellus es capturado en pequeñas cantidades y es de difícil acceso. Para poder extraerlo con lo que la industria considera eficacia, es preciso perforar hoyos de miles de metros de profundidad y continuar perforando miles de metros más a nivel horizontal. La detonación de explosivos, junto con la inyección de fluidos a alta presión, fractura el esquisto y permite que el gas suba a la superficie.

Los elementos que integran los fluidos utilizados en la fracturación hidráulica son considerados secretos de la industria, a pesar de que se sabe que contienen toxinas. Una de las cuestiones fundamentales es hacia dónde van los fluidos utilizados en la fracturación hidráulica. El ex Concejal de Pittsburgh Dough Shields me dijo: “Tan solo un 20% del agua regresa, y esa agua regresa con materiales radiactivos como bario o estroncio. Es inherentemente peligroso. El Estado no ha realizado estudios de impacto ambiental. El Estado, es decir, las instituciones de nuestro gobierno, han fallado en forma rotunda en realizar cualquier tipo de diligencia debida. 'No pasa nada, estamos sentados en medio de la segunda mayor reserva de gas en el mundo. ¿Cuál es el problema?', ese es el modo de pensar del estado. No realizan estudios de impacto ambiental ni estudios sobre los riesgos para la salud. Y ahora vemos que cada vez hay más personas enfermas en la zona. Tenemos un Ministerio de Salud al que no le dan financiamiento para que siquiera mire las denuncias”.

El ex Concejal Shields propuso una ordenanza municipal para prohibir la fracturación hidráulica en Pittsburgh, que fue aprobada. La industria del gas y del petróleo reaccionó: “Fueron tan lejos que se llegó a aprobar una ley a nivel estatal, la Ley 13, que le da autoridad sobre todas las ordenanzas de zonificación a una única industria: la industria del gas y el petróleo. Y el estado de Pensilvania tiene derecho, en virtud de la ley promulgada en febrero, a perforar en cualquier parte, incluso en zonas residenciales”. Los municipios de Pensilvania presentaron una demanda que sostiene que es inconstitucional impedir el ejercicio de su derecho a proteger la salud pública. Ganaron la demanda, pero deberán defender sus derechos ante la Corte Suprema de Pensilvania el próximo 17 de octubre.

El problema es aún más grave en Ohio. A diferencia de Pensilvania y Nueva York, en Ohio no se prohibieron los pozos de inyección de aguas residuales. Estos pozos son utilizados para deshacerse de los líquidos residuales, que son enviados al subsuelo. Ohio se convirtió en el vertedero de aguas residuales provenientes de la fracturación hidráulica de Pensilvania y Nueva York. Al igual que los líquidos utilizados en la fracturación hidráulica, gran parte del material contiene toxinas, pero no se tiene mucha información acerca de los líquidos que son enviados al subsuelo, ni hay certeza sobre dónde terminan.

En el mes de junio, la habitante de Athens, Ohio, Madeline 'ffitch' decidió tomar medidas al respecto. Se sentó en medio de la calle y fijó sus brazos dentro de dos barriles de cemento para bloquear el acceso a un pozo de inyección local. Agentes de varios organismos de seguridad llegaron para sacar a 'ffitch', en lo que muchos curiosos describieron como una reacción desmedida de las fuerzas del orden. Madeline fue acusada de provocar alarma, un delito grave de quinto grado. Sin embargo, en lugar de provocar alarma, el acto pacífico de desobediencia civil de 'ffitch' cosechó apoyo local y atrajo la atención nacional hacia el tema. Madeline declaró: “El gobierno debería actuar en beneficio de sus ciudadanos. Cuando el gobierno se olvida de sus ciudadanos, las personas de principios, concienzudas deben tomar medidas. Los ciudadanos no actúan impulsivamente, ni por sensacionalismo ni para llamar la atención. Lo hacen porque se trata de una emergencia de salud pública. El vertido de desechos tóxicos, radiactivos, aquí amenaza a toda la población de la zona de los Apalaches en Ohio. Los ciudadanos deben reaccionar. Deben hacerlo. Se trata, nada más y nada menos, que de un asunto de vida o muerte. Gracias”.

La fracturación hidráulica se convirtió en tema de debate a nivel nacional cuando 'Gasland', la premiada película del realizador Josh Fox, mostró que el agua corriente de las casas cercanas a las zonas de operaciones de fracturación hidráulica podía fácilmente prenderse fuego. Fox recientemente hizo público un “cortometraje de emergencia” que centra su atención en el activismo de las organizaciones de base para prohibir la fracturación hidráulica en el estado de Nueva York. Como todo buen periodista, y como corresponde en esta época posterior al fallo de Citizens United, Fox sigue la pista del dinero. Fox declaró: “No quieren que se sepa que [el ex gobernador de Pensilvania] Tom Ridge recibió 900.000 dólares para ser el principal portavoz de la empresa Marcellus Shale Collision. Ni que Tom Corbett [actual gobernador de Pensilvania] recibió 1,6 millones de dólares en aportes de la industria del gas a su campaña. Ni que [la industria del gas] gastó 3 millones de dólares en hacer lobby en Albany y 747 millones, es decir, cerca de mil millones de dólares en hacer lobby en Washington”.

Al igual que el agua corriente de los hogares estadounidenses, la fracturación hidráulica como asunto político está que arde. En mi gira por 100 ciudades del país para cubrir la campaña electoral de 2012 he conocido gente que está muy preocupada por lo que se está permeando debajo de nuestro suelo. La indignación pública se está convirtiendo en acción coordinada. Su mensaje es el siguiente: “Mantengan la fracturación hidráulica fuera de nuestra agua”.


Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

© 2012 Amy Goodman

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 750 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 400 en español. Es co-autora del libro "Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos", editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

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