25 de Abril de 2013 < Entrada Previa | Próxima Entrada >

Sobreviviente del incencio en la fábrica Tazreen reclama seguridad laboral a los comerciantes estadounidenses

El derrumbe de una fábrica en Bangladesh esta semana sucede cinco meses después de un incendio de grandes proporciones que mató al menos a 112 trabajadores de la confección en la fábrica Tazreen, también de Bangladesh, que fabricaba ropa que se vendía en las tiendas Wal-Mart, entre otras empresas. Nos acompaña Sumi Abedin, una trabajadora que sobrevivió al incendio de Tazreen y actualmente, está recorriendo Estados Unidos para pedir a las empresas que venden ropa al público que tomen la iniciativa para mejorar las condiciones laborales en Bangladesh.

Bangladesh-survivor

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El derrumbe de una fábrica en Bangladesh esta semana sucede cinco meses después de un incendio de grandes proporciones que mató al menos a 112 trabajadores de la confección en la fábrica Tazreen, también de Bangladesh, que fabricaba ropa que se vendía en las tiendas Wal-Mart, entre otras empresas. A principios de este mes, Wal-Mart se negó a indemnizar a las víctimas y sus familias, a pesar de que aparentemente era el mayor comprador que tenía la fábrica. Nos acompaña Sumi Abedin, una trabajadora que sobrevivió al incendio de Tazreen saltando desde el tercer piso de la fábrica, lo que le provocó quebraduras en un brazo y un pie. Actualmente, Abedin está recorriendo Estados Unidos para pedir a las empresas que venden ropa al público, como Wal-Mart, The Gap y Disney, que tomen la iniciativa para mejorar las condiciones laborales en Bangladesh. Hablamos sobre esto también con Kalpona Akter, del Centro de Solidaridad con los Trabajadores de Bangladesh (BCWS, por sus siglas en inglés) y con Charlie Kernaghan del Instituto Mundial del Trabajo y los Derechos Humanos.

AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now, democracynow.org, el informe de guerra y paz. Soy Amy Goodman, y éste es Juan González.

JUAN GONZÁLEZ: Seguimos tratando el tema de las condiciones de trabajo en Bangladesh, con nuevas revelaciones sobre el incendio que mató a 112 trabajadores de una fábrica de ropa cerca de la capital de Dhaka, en noviembre pasado. Las investigaciones confirman lo que ya habían declarado los trabajadores, que las salidas de emergencia estaban bloqueadas. Hasta el derrumbe del edificio sucedido el miércoles pasado, aquel incendio se consideraba el peor accidente industrial en la historia del país. Estos son los testimonios de algunas de las jóvenes costureras que escaparon del infierno.

PARUL BEGUM: Cómo fue que la fábrica se incendió, no lo sé. Pero cuando oímos el grito de "¡Fuego!" todos nos apresuramos para tratar de salir de la fábrica. Los trabajadores rompieron una ventana, y uno de ellos me jaló a través de la ventana. Apenas comenzó el incendio, todos intentamos correr hacia afuera, pero la puerta estaba con llave. Cuando el suelo ya estaba oscuro por el humo, los chicos me rescataron.

NILMA: Cuando se inició el fuego en el edificio, yo no lo supe. Muchos de nosotros no lo supimos, porque enseguida que se prendió el fuego, todo el piso estaba lleno de humo, y ya no podíamos ver nada. Y encontramos una habitación, corrimos hacia allí, y los trabajadores rompieron las ventanas, y todos pudimos salir por esa ventana.

AMY GOODMAN: Para ampliar la información sobre el tema, nos acompaña nuevamente, aún desde San Francisco, Kalpona Akter, directora ejecutiva del Centro de Solidaridad con los Trabajadores de Bangladesh (BCWS, por sus siglas en inglés). También nos acompaña, junto a ella, Sumi Abedin, una trabajadora que sobrevivió el incendio de la fábrica Tazreen, saltando del tercer piso de la fábrica, y quebrándose un brazo y un pie en el salto. Ellas están recorriendo Estados Unidos para pedir a empresas como Wal-Mart, The Gap y Disney, que se encarguen de promover la mejora de las condiciones de trabajo en Bangladesh. Kalpona será la traductora de Sumi. Charlie Kernaghan nos acompaña desde Pittsburgh.

Sumi, bienvenida a Democracy Now! Cuéntanos cómo sobreviviste al incendio en la fábrica que confeccionaba ropa para Wal-Mart y otras empresas, en noviembre del año pasado.

SUMI ABEDIN: Como todos los días, ese 24 de noviembre entré a la fábrica por la mañana, y estuve trabajado hasta el almuerzo. Salí a la calle a almorzar, regresé y seguí trabajando hasta las 6:30. Después de las 6:30, entro un trabajador a mi sector, en el cuarto piso, gritando: "¡Hay un incendio en la fábrica!" Dijo que había olido el humo cuando estaba en el baño. Así que, al escuchar esto, todos corrimos hacia las puertas para escapar, pero el encargado de la fábrica, el jefe de línea y los supervisores, nos gritaron y dijeron: "¡No hay ningún incendio! ¡Es una mentira!" Y pusieron llave a la puerta.

Entonces volvimos al trabajo, y después cinco o siete minutos, sentí el olor del humo, que venía de abajo. Me dio pánico, comprendí que sí había un incendio en la fábrica. Y corrí a las puertas que daban a las escaleras y vi que estaban cerradas con candado. Entonces corrí de un lado para otro buscando cómo escapar de la fábrica, sin encontrar nada. Y el humo venía de las plantas inferiores. Entonces corrí hasta las otras escaleras, las que usaban los trabajadores hombres, y ahí sí estaba abierto, así pude llegar al segundo piso. Pero todos los trabajadores estaban amontonándose en esas escaleras, queriendo salir todos juntos como en estampida y vi a muchos caerse en las escaleras. Cuando ya estaba en el segundo piso, vi que las escaleras de abajo estaban bloqueadas por el fuego, y comprendí que no iba a poder escapar por ahí.

Para ese entonces, se había cortado la luz y no se podía ver nada. No podía ni respirar. Por suerte, algunos de mis compañeros tenían teléfono móvil, y siguiendo la luz de sus teléfonos, pude llegar hasta el tercer piso de la fábrica. Allí había muchos trabajadores asfixiados, muchos de mis compañeros, caídos en las escaleras. Y yo lloraba y gritaba pidiendo ayuda, buscando cómo escapar.

Entonces vi que algunos de mis compañeros estaban tratando de quitar las rejas de las ventanas. Y uno de los mecánicos estaba tratando de quitar la barra de seguridad del orificio de ventilación. Hizo mucho esfuerzo y lo logró, y enseguida saltó desde ese orificio de ventilación. Después de él, vi que saltó otra persona más. Y entonces me lancé. Nunca pensé que iba a sobrevivir. No salté pensando en salvar mi vida; lo hice por salvar mi cuerpo, porque si me quedaba en la fábrica, iba a terminar completamente carbonizada y ni siquiera mi familia iba a poder identificar el cuerpo. Así que salté, pensando que así por lo menos mis padres iban a poder identificar el cuerpo.

JUAN GONZÁLEZ: Kalpona, por favor pregúntale a Suni Abedin qué edad tiene. Y también, ¿cuánto hacía que trabajaba en la fábrica y cuánto le pagaban?

SUMI ABEDIN: Tengo 24 años. Trabajé en Tazreen un año y ocho meses. Y estaba ganando 55 dólares por mes como operadora calificada de máquina de coser. Y con las horas extra, podía llegar a 60 o 65 dólares, trabajando entre 11 y 13 horas al día, seis días a la semana; a veces siete días.

AMY GOODMAN: Entonces, Sumi Abedin, ¿qué estás haciendo ahora en Estados Unidos? ¿Qué esperas de la gente estadounidense?

SUMI ABEDIN: En esa fábrica, yo he hecho ropa para Wal-Mart, Sean Combs y Disney, otras marcas. Hace un tiempo, también se hacía ropa para Gap. Y estoy aquí para pedir a estas empresas que nos paguen a las trabajadoras y trabajadores una indemnización completa y justa. Y también, pedirles que se encarguen de garantizar la seguridad contra incendios en las fábricas de Bangladesh.

JUAN GONZÁLEZ: Kalpona, quisiera preguntarte sobre el tema de la indemnización. Sabemos que hace poco hubo una propuesta, en una reunión en Europa, de crear un fondo para indemnizaciones, y todas las grandes empresas estadounidenses que producían en Tazreen —Wal-Mart, Gap, Disney— boicotearon esa propuesta y se negaron a participar en cualquier de fondo ese tipo ¿Es correcta esta información?

KALPONA AKTER: Es totalmente correcto. La reunión se realizó en Ginebra el 15 de abril, con la participación de cuatro marcas europeas, una de ellas telefónicamente. Pero todas las marcas de Estados Unidos, como Wal-Mart, Sean Combs, Soffe (que era una de las empresas proveedoras de Tazreen) Dickies, Disney y Sears, o sea, todas ellas se negaron a participar en esta reunión. Y sí, en la reunión se discutió el pago de la indemnización a los trabajadores. Pero ninguna de las marcas de EE.UU. quiso participar. Así fue.

AMY GOODMAN: Los trabajadores de esta fábrica hacían ropa para varios proveedores de Wal-Mart. Después del incendio, el presidente y CEO de Walmart, Mike Duke, dijo que la empresa está trabajando con las fábricas para mejorar las condiciones de seguridad, y que se han realizado capacitaciones para eso en diferentes lugares de Bangladesh.

MIKE DUKE: Según entiendo, hemos realizado estas capacitaciones con más de 3.000 fábricas, que incluyen prácticas de seguridad contra incendios y las normas generales de seguridad, para conocimiento de los empleados, y luego, en 2012, incluso elevamos las exigencias con más auditorías y una atención especial en la región. Y bueno, por desgracia, a esta fábrica en particular se le había retirado el certificado y era una de las fábricas que Wal-Mart no usaba, no autorizaba su uso. Y debo decir que cuando nos enteramos que ese proveedor había utilizado una fábrica no autorizada, tomamos medidas rápidamente. Terminamos nuestra relación con ese proveedor, ya no le compraremos ningún producto. Pero aun así, seguimos volviendo sobre el tema y preguntándonos: "¿Qué más podemos hacer?"

AMY GOODMAN: Charlie Kernaghan, escuchábamos al CEO de Wal-Mart preguntando: "¿Qué más podemos hacer?" Desde este incendio de Tazreen, hasta la horrible tragedia de hoy, con el derrumbe de una fábrica, con más de 200 personas muertas hasta el momento y un millar de heridos, Duke se pregunta: "¿Qué más podemos hacer?"

CHARLES KERNAGHAN: Bueno, es una situación que ya ha llegado al límite. Los propios trabajadores, los sindicatos, están hablando de hacer una huelga general, de ir directamente contra el sistema generalizado de preferencias del gobierno de EE.UU. Porque se es urgente establecer leyes que protejan a los trabajadores de quedar atrapados en estas fábricas. Hasta donde yo sé, Wal-Mart no ha hecho nada para mejorar las condiciones laborales. Siembre buscan el precio más bajo. Dijeron que ya no trabajaban con la fábrica Tazreen, pero por supuesto que sí lo hacían. Y esto se sigue repitiendo. Ahora, Wal-Mart dice: "Bueno, es posible que hubiera ropa nuestra en el derrumbe de Plaza Rana." O sea que ellos no saben realmente dónde van sus prendas. Hay una situación tremenda de corrupción y sobornos en todo esto. Y tiene que parar.

JUAN GONZÁLEZ: Charlie, quería preguntarte, tú tienes una larga trayectoria de lucha contra la explotación laboral en el Tercer Mundo. Hace más de 30 que te hacemos entrevistas sobre este tema; en Haití, Honduras, El Salvador, China, y ahora cada vez más seguido, en Bangladesh. Sin embargo, tenemos ahora un gobierno que cuenta con un gran apoyo de los sindicatos estadounidenses. ¿Qué está haciendo este gobierno para garantizar que estas empresas respeten una mínima base de condiciones laborales dignas, tratándose de empresas corruptas, en total bancarrota moral, que siempre encuentran formas de continuar explotando a los trabajadores del tercer mundo?

CHARLES KERNAGHAN: Sinceramente, no puedo decir nada positivo. Muchas personas y organizaciones hemos tratado de trabajar con la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR por su sigla en inglés), pero es un desastre. Donde sea que estén, en Guatemala, en Honduras, en Bangladesh, los trabajadores son despedidos a troche y moche cuando intentan organizar un sindicato. En otras palabras, ellos hablan de todas las leyes que existen para proteger los derechos de los trabajadores, y hablan de los parámetros acordados en la OIT, la Organización Internacional del Trabajo: prohibición del trabajo infantil y del trabajo forzoso, libertad de asociación, derecho a sindicalizarse, derecho de negociación colectiva. Son sólo palabras. Nunca se implementan estos acuerdos. O sea, si están asesinando trabajadores en Guatemala, si los despiden y les quitan el salario, significa que todo sigue igual. Nada cambia.

Y por eso, tenemos actuar en serio. Por cierto, el hombre de Tazreen, hasta donde yo sé, Delwar Hossain, va a quedar impune. Y el dueño de Plaza Rana, Sohel Rana, parece que ha desaparecido. Ellos van a quedar impunes, no van a ir a la cárcel. Entonces, tenemos que hacer algo, detener esto, y tenemos que exigir más de nuestro propio gobierno. Tenemos que exigir que el Representante Comercial de Estados Unido verdaderamente haga cumplir las leyes. Y si no se cumplen, que se impongan sanciones para estas empresas.

AMY GOODMAN: ¿Charlie Kernaghan, qué nos puedes decir de esta la reunión europea sobre temas de seguridad de la que Hablaban Juan y Kalpona, que fue boicoteada?

CHARLES KERNAGHAN: Sí, bueno, la crudeza de estas muertes, tanto las 112 personas que murieron carbonizadas en Tazreen como el derrumbe de Plaza Rana, cuyo número de muertes va a superar ampliamente las 210 personas que ya se han encontrado muertas, ya que todavía hay 600, 700, 800 personas atrapadas; esto no es un juego. Tenemos que hacer algo muy, muy concreto. No estamos aquí para ocuparnos de las etiquetas, ni estamos aquí para cuidar las ganancias de Wal-Mart. Necesitamos derechos laborales. Y no va a ser Wal-Mart quien nos los de. Los vamos a conseguir con sindicatos y trabajadores organizados. Y Bangladesh va a tener que permitir que los trabajadores se organicen y que haya sindicatos independientes. Cada vez que se ha tratado de formar un sindicato, llegan matones, vienen las mafias, las pandillas, y golpean a los trabajadores. Como país, tenemos que decir algo; siendo Estados Unidos uno de los principales importadores de estos productos fabricados en Bangladesh, tenemos voz en esto. Y queremos que los trabajadores en Bangladesh tengan derecho a sindicalizarse. Tienen derecho a trabajar en libertad y democracia. Tienen derecho a expresarse. Y tienen derecho a exigir un cambio. Y bueno, si seguimos hablando con Wal-Mart, no vamos a llegar a ninguna parte. La cuestión es garantizar los derechos de los trabajadores. Eso es lo que realmente necesitamos.

AMY GOODMAN: Vamos a tener que dejarlo aquí. Agradecemos mucho su participación: Charlie Kernaghan, comunicándose desde Pittsburgh, es director director del Instituto Mundial del Trabajo y los Derechos Humanos. Y desde San Francisco, Kalpona Akter del Centro de Solidaridad con los Trabajadores de Bangladesh y Sumi Abedin, sobreviviente del incendio que mató a por lo menos 112 trabajadores de la confección, en noviembre de 2012, en Bangladesh. Ellas están recorriendo EE.UU. para hablar de la inseguridad en las condiciones laborales en Bangladesh y para exigir la indemnización de los trabajadores.

Muchas gracias por estar con nosotros. Esto es Democracy Now, democracynow.org, con el informe de guerra y paz. Volvemos en un minuto.

Traducido por Nils Rueda. Edición: Verónica Gelman y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org.

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