29 de Enero de 2014 < Entrada Previa | Próxima Entrada >

Jeremy Scahill y Bob Herbert hablan de los intereses corporativos y militares que modelan el discurso de Obama

Refiriéndose a temas como la desigualdad en el país y la política exterior, el presidente Obama dio su quinto discurso sobre el estado del país con la promesa de tomar sus propias medidas si el congreso obstaculiza su agenda. Pero ¿las políticas de Obama irán lo suficientemente lejos? Discutimos el tema con Jeremy Scahill, productor y escritor del documental “Dirty Wars: The World is a Battlefield” (Gueras sucias. El mundo es un campo de batalla)y Bob Herbert, reconocido miembro de la organización Demos.

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Refiriéndose a temas como la desigualdad en el país y la política exterior, el presidente Obama dio su quinto discurso sobre el estado del país con la promesa de tomar sus propias medidas si el congreso obstaculiza su agenda. Pero ¿las políticas de Obama irán lo suficientemente lejos? Presentamos un debate entre tres invitados: Jeremy Scahill, productor y escritor del documental “Dirty Wars: The World is a Battlefield” (Gueras sucias. El mundo es un campo de batalla) nominado para el Oscar y periodista de investigación en el programa First Look Media, que se lanzará en los próximos meses; Bob Herbert, reconocido miembro de la organización Demos, y Lorella Praeli, directora de defensa y políticas de la coalición United We Stand.

AMY GOODMAN: Nuestros invitados son Jeremy Scahill, cuya película “Dirty Wars” acaba de ser nominada para un premio Oscar. Bob Herbert, ex columnista del New York Times, que ahora trabaja con Demos; y Lorella Praeli de la coalición United We Dream.

NERMEEN SHAIKH: Continuamos con nuestra cobertura del discurso anual del presidente Obama sobre el estado del país, que tuvo lugar el martes. Durante el discurso, anunció el aumento del salario mínimo para personas empleadas por contratistas federales, pasando de 7.25 dólares por hora a 10.10 dólares por hora.

PRESIDENTE BARACK OBAMA: En las próximas semanas, saldrá una orden del poder ejecutivo que exija a los contratistas federales pagar sueldos mínimos de 10,10 dólares la hora a los empleados cuyos sueldos provengan de fondos públicos. Las personas que cocinan para nuestras tropas o lavan sus platos no deberían vivir en la pobreza.

Por supuesto, para que esta medida incluya a millones de personas más, es necesario que el Congreso se sume a la iniciativa. Actualmente, el salario mínimo a nivel federal está alrededor de un 20% más bajo que cuando Ronald Reagan estaba en este mismo lugar. Y Tom Harkin y George Miller tienen un proyecto de ley para remediar eso, que aumenta el salario mínimo a 10.10 dólares la hora. Es fácil de recordar: 10-10. Esto ayudará a las familias. Dará a los comercios clientes con mayor poder adquisitivo. No requiere implementar ningún nuevo programa burocrático. Así que súmense al resto del país. Digan que sí. Denle un aumento a Estados Unidos.

NERMEEN SHAIKH: Bob Herbert, ¿qué opinas sobre esto? ¿cuál es la importancia de este aumento para algunos trabajadores de contratistas federales?

BOB HERBERT: Bueno, creo que simbólicamente es significativo. O sea, es algo que recién va a entrar en efecto cuando salgan nuevos contratos, y ahí los trabajadores de esos contratistas van a tener que cobrar como mínimo 10,10 dólares la hora. Pienso que es importante simbólicamente porque mantiene la atención pública sobre el tema del salario mínimo y sobre el futuro del trabajo.

Como dice Jeremy, este discurso annual del presidente es esencialmente un discurso de propaganda. Eso es absolutamente cierto, de lo que no se habló es de cuál es el estado de la economía para la gente común en Estados Unidos, para la gente trabajadora del país. No escuchamos nada acerca de la pobreza, por ejemplo. Pasa que desde hace años, el pueblo estadounidense ha dejado claro, en cada encuesta y sondeo de opinión, que su principal prioridad es el trabajo. O sea, la gente necesita empleo. Pero ninguno de los dos partidos, ningún presidente y tampoco el Congreso, ya sea controlado por los republicanos o por los demócratas, han implementado un programa efectivo y sostenido en el tiempo para la creación de empleos en este país. Y Estados Unidos nunca va a poder salir del pantano hasta que se logre que haya trabajo para toda la gente.

Ahora tenemos casi 50 millones de personas que están en situación de pobreza en Estados Unidos, según datos oficiales. Otras 50 millones están sólo uno o dos puntos por encima de lo que oficialmente se toma como línea de pobreza. Eso significa que casi un tercio de la población es pobre o casi pobre. Uno de cada tres niños negros en Estados Unidos es pobre. A pocas cuadras de este estudio, todos los días se pueden ver enormes filas esperando en los comedores populares y lugares parecidos. Y eso mismo pasa en todo el pais. Nada de esto se mencionó en el discurso. Y ninguna de las iniciativas que el presidente ha propuesto, y nada de lo que los republicanos han propuesto en años, se acerca a abordar el descontento existente entre la gente trabajadora y pobre de Estados Unidos.

NERMEEN SHAIKH: Sólo para que nos hagamos una idea, Bob Herbert, ¿Cuánta gente emplea el gobierno federal a través de sus contratistas?

BOB HERBERT: Eso es algo interesante. Fue realmente el trabajo de Demos lo que hizo que se ponga tanta atención en esta propuesta de llevar el sueldo mínimo a 10,10 dólares. Demos fue la primera organización en señalar que el gobierno federal, a través de sus contratistas, emplea cerca de dos millones de trabajadores de con salario mínimo, lo cual es más que Wal -Mart y McDonald’s juntos. Entonces, si se pudiera ampliar esta iniciativa de modo que abarque a todas las personas que trabajan para contratistas del gobierno federal, entonces se beneficiaría un gran número de personas.

AMY GOODMAN: ¿Y qué pasa con los sindicatos? Vi a Richard Trumka en la audiencia.

BOB HERBERT: Bueno, déjame decir algunas cosas sobre los sindicatos. Uno de los motivos del tremendo descontento que existe entre los trabajadores estadounidenses es que no tienen el poder para incidir en sus lugares de trabajo. No están organizados, no tienen buenos delegados y por lo tanto, no pueden luchar en defensa de sus intereses. Las empresas les ganan de mano en la organización y su poder llega a todas partes. Tienen mucho dinero, tienen un fuerte peso político y ese tipo de cosas.

Los trabajadores van a trabajar. O sea, cada uno por su cuenta son sólo un hombre o una mujer contra su empleador en un mercado laboral terrible. Así que les da miedo pedir un aumento, incluso si lo merecen, porque creen que el empleador les va a decir: "Te largas de aqui”, y entonces van a estar desempleados y ya no van a poder conseguir trabajo en un mercado laboral tan difícil. Si los trabajadores estuvieran organizados, ahí sí tendrían influencia. Podrían ejercer presión, no sólo sobre la patronal, no sólo sobre las empresas, sino también sobre el gobierno nacional para que apruebe leyes que beneficien a los trabajadores.

Y una de las cosas más importantes que se podría hacer, es implementar las leyes vigentes sobre organización de los trabajadores. Es decir, en cualquier organismo, empresa o fábrica, donde los trabajadores no estén organizados, o no pertenezcan a ningún sindicado, y quieran organizarse –y en general los trabajadores quieren organizarse- las empresas van a intentar por todos los medios que no lo hagan, usando tácticas que en muchísimos casos son desleales. Eso es ilegal, pero el gobierno no hace cumplir las leyes.

AMY GOODMAN: Quisiera que relacionemos esto con la política de comercio internacional. En su discurso sobre el estado del país, el presidente Obama también quiso acelerar la decisión de los legisladores, proponiendo una votación rápida por sí o por no sobre acuerdos comerciales tales como el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico (TPP, por sus siglas en inglés).

PRESIDENTE BARACK OBAMA: Siendo el 98% de nuestros exportadores pequeñas empresas, los nuevos acuerdos comerciales con Europa y la región Asia y el Pacífico contribuirá a la creación de nuevos empleos. Tenemos que trabajar juntos para establecer herramientas, como un organismo bipartidista de promoción comercial que proteja a nuestros trabajadores, que proteja nuestro ambiente y abra nuevos mercados para nuevos productos con el sello de "Hecho en EE.UU." Miren a China y Europa, no están sentados esperando. Y nosotros tampoco deberíamos esperar.

AMY GOODMAN: Ese era el presidente Obama, en su quinto discurso sobre el estado del país. Bob Herbert, te cuento que hace poco hemos estado en Japón. Hay una gran discusión allí sobre el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico. Aquí, la mayoría de la gente ni siquiera sabe lo que es.

BOB HERBERT: Bueno, ese es un problema de este país, que tiene que ver con el estancamiento económico que ha vivido la mayoría de la gente durante tanto tiempo y con haber tenido gobiernos nacionales tan disfuncionales; esto ha hecho que la gente estadounidense se desconecte. Y además, creo que la prensa no ha hecho para nada un buen trabajo cubriendo el tema de los tratados comerciales, pensando en lo que fue el NAFTA en la década de 1990. De modo que, básicamente, la gente ni siquiera entiende de qué se tratan estos acuerdos. Pero sí entiende que no han sido de ninguna ayuda para la gran mayoría de los trabajadores, durante todos estos años.

JEREMY SCAHILL: ¿Puedo hacer un comentario?

AMY GOODMAN: Jeremy Scahill .

JEREMY SCAHILL: Bueno, yo creo que lo que Obama hizo en el último discurso importante que dio, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, fue presentar una defensa contundente del imperio estadounidense, llegando incluso a decir que EE.UU. va a utilizar su poder militar para seguir asegurándose el acceso a los recursos energéticos. Este discurso fue una firme defensa del programa económico neoliberal. Y bueno, lo que dice Bob sobre las empresas funciona también en el plano de la política exterior.

En todos lados se está mencionando que la parte más conmovedora del discurso de anoche fue cuando se contó la historia de un soldado del ejercito de EE.UU. que estaba sentado entre el público como invitado de honor, que tiene graves heridas de guerra y una amplia experiencia militar, consistente en 10 períodos de servicio. Pensemos un poco en eso, 10 períodos destinado en estas zonas de guerra. O sea, este joven estadounidense ha pasado toda su vida adulta en zonas de combate. Y ya sabemos que la forma en que se trata a los veteranos de guerra en este país es un tema delicado. Pero además de eso, la cuestión de fondo es: ¿se benefició él con estas guerras? La gente estadounidense común y corriente ¿se beneficia con la continuación de estas guerras? No. ¿Entonces quién se beneficia? Esa es la pregunta más importante que todos tenemos que hacer. Y la respuesta es, las corporaciones.

BOB HERBERT: Exactamente.

JEREMY SCAHILL: Las empresas que lucran con la guerra, las Halliburton del mundo, las Boeings. Ayer se anunció que John Kerry está otorgando unos premios internacionales a la excelencia empresarial. Se los está dando a Citibank, a Apache, a Boeing, a Coca —Cola. De modo que tenemos este programa económico neoliberal, que viene a ser en muchos sentidos la mano invisible del imperio estadounidense, mientras que su puño de acero, el militarismo, se le sigue vendiendo a la opinión pública en Estados Unidos -y cada vez más, en el resto del mundo— como política de seguridad nacional.

Entonces, cuando veo a ese soldado herido de esa manera, lo primero que pienso es: ¿quién se ha beneficiado de todo esto? En este país, las corporaciones controlan los procesos político-electorales, a través de un mecanismo de financiamiento electoral que es una forma legalizada de corrupción. ¿Qué dice esto acerca del estado de nuestra democracia? En cierto modo, aquí ha habido un golpe de Estado, pero ha sido un golpe silencioso. Me acuerdo de la famosa escena de la película “Los sospechosos de Siempre”, cuando el personaje de Kevin Spacey dice que el mejor truco del diablo es haber convencido al mundo de que no existe. En muchos sentidos, hemos tenido un golpe de Estado cuyo mejor logro es no haber provocado grandes levantamientos populares. Y eso es así, porque nos han apaciguado y nos han enseñado a aceptar que así es como funcionan las cosas. Que en el país hay dos partidos políticos, que el salario mínimo es el salario mínimo, que las corporaciones tienen el poder, y que estas guerras se hacen en nuestro nombre, pero sin nuestro consentimiento.

BOB HERBERT: Y la contracara de quienes se benefician es el tremendo sufrimiento que viven los guerreros que, desde finales del 2001, están siendo enviados a pelear estas guerras. Entonces tenemos cientos de miles de personas, hombres y mujeres, que han regresado de las zonas de combate con lesiones terribles e incapacitantes, y que necesitan recibir cuidados -tenemos la obligación de cuidar de ellos–en muchos casos, por el resto de sus vidas. Nosotros, como sociedad, tenemos que pagar por el cuidado de estas personas. Joe Stiglitz ha estimado que el costo real de estas guerras, acumulativamente, llegará probablemente a 4 billones de dólares o más. Nada de esto ha sido realmente analizado ni explicado con claridad a la población estadounidense.

JEREMY SCAHILL: Y quisiera agregar una pequeña cuestión, medio lateral en este tema. Cuando se habla acerca de la retidara de EE.UU. de Irak y Afganistán, la retirada del ejército convencional, una cuestión de la que casi no se habla es el vínculo entre la paramilitarización de las fuerzas del orden dentro de Estados Unidos y el creciente uso, en operaciones de grupos tipo SWAT en EE.UU, de lo que llaman tácticas antiterroristas. El ejército está donando muchos de sus equipos a diferentes cuerpos de seguridad locales y otros organismos que se incluyen entre las “fuerzas del orden”. Ante esto, los grupos sociales que corren mayores riesgos son la gente negra y la gente pobre. La guerra está presente en todo lo que sucede: guerra contra las drogas, guerra contra el delito.

BOB HERBERT: Así es.

JEREMY SCAHILL: Y cualquier guerra requiere algún tipo de respuesta militarizada. Y eso es lo que estamos viendo. Esto está profundamente vinculado a las guerras en el extranjero y también a las guerras internas.

BOB HERBERT: Y de hecho, esto llega a nuestras escuelas públicas, donde se está dando también este tipo de militarización. Así es como se genera el “conducto de la escuela a la cárcel” del que hablan muchas organizaciones.

AMY GOODMAN: Acerca de la guerra en Afganistán, el presidente Obama dijo: "Si el gobierno afgano firma el acuerdo de seguridad que hemos negociado, Estados Unidos podría dejar en Afganistán una pequeña fuerza militar junto con los aliados de la OTAN." Pero según las últimas noticias, el Pentágono ha propuesto que permanezcan allí hasta 10.000 soldados. ¿Qué opinas, Jeremy?

JEREMY SCAHILL: Sí, bueno, si prestamos atención a lo que vienen declarando anónimamente varios funcionarios militares de alto rango desde hace varios años, ellos sabían que la retirada no iba a ser realmente una retirada. Sí, veremos cómo se van los Marines. Tendremos un momento para que los periodistas se monten en los tanques, como lo hicieron en la retirada de Irak. Pero en última instancia, se trata de una “afganización” de las políticas estadounidenses. Así que lo que va a pasar es que seguiremos teniendo brigadas de asesoría y apoyo formados por personal altamente capacitado de operaciones especiales y de la CIA acompañando a las unidades militares afganas. Y tratarán de hacer que los afganos combatan, mueran y maten en nombre de la política instalada por EE.UU. Pero creo que lo que más debería preocupar a la gente en Estados Unidos es que estas fuerzas de choque estarán activas. Ahora se considera un hecho de conocimiento público que EE.UU. ha salido de Irak. Pero en realidad, EE.UU. tiene una enorme presencia paramilitar dentro de Irak, y también la va a mantener en Afganistán. De modo que estas guerras van a continuar por una generación más, por lo menos, aunque llevadas a cabo de una manera encubierta y oculta.

NERMEEN SHAIKH: ¿Pero cuál es la justificación, Jeremy, para mantener las tropas en Afganistán?

JEREMY SCAHILL: Bueno, ya no hay misiones antiterroristas en Afganistán. O sea, nadie quiere hablar de esto para no ser acusado de simpatizar con los talibanes. Los talibanes no son una organización terrorista con aspiraciones internacionalistas. Los talibanes como organización tienen una base de apoyo popular en Afganistán, una base de apoyo mayor que EE.UU. y probablemente también mayor de la que tiene Hamid Karzai, a quien EE.UU. reconoce como presidente afgano. Yo creo que los talibanes son un grupo de personas de moral reprobable, pero sí cuentan con apoyo local. Y su motivo de lucha en este momento es que EE.UU. y la OTAN están en su país. Entonces, cuando tratan de dar a entender de alguna manera que allí estamos haciendo una lucha antiterrorista, cuando en los primeros meses del gobierno de Obama su propio asesor de seguridad nacional dijo que hay menos de un centenar de agentes de al Qaeda en Afganistán, deberíamos hacernos la pregunta que John Kerry hizo en 1971: ¿Quién quiere ser el último en morir por esta guerra fracasada? ¿Qué les van a decir a las familias de los soldados que mueran a partir de ahora y hasta el momento en que se retire el ejército convencional?

AMY GOODMAN: Para quienes no lo recuerden, John Kerry —actual secretario de Estado y ex senador— estuvo en la guerra de Vietnam, y cuando regresó a casa fue un firme opositor a esa guerra. Y en su testimonio ante el Congreso hizo esa pregunta .

JEREMY SCAHILL: Sí, me encantaría ver al John Kerry de 1971 cuestionando al John Kerry de 2014, en una audiencia pública, sobre todas estas políticas que ahora, como secretario de Estado, tiene que salir a vender alrededor del mundo.

Traducido por Carlos Valdivieso. Edición: Verónica Gelman y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org.

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