
En estos momentos, en Francia hay casi dos mil escuelas secundarias bloqueadas o cerradas, en el marco de las movilizaciones masivas encabezadas por estudiantes, en demanda de un mayor financiamiento para las escuelas y de medidas contra la desigualdad. Las manifestaciones comenzaron en septiembre en una sola escuela, ubicada en uno de los suburbios económicamente desfavorecidos de París. Allí, el estudiantado salió a protestar por la escasez de docentes, la sobrepoblación de las aulas y el deterioro de los edificios escolares, plagados de ratas, de escombros que se desprenden y de otros problemas. Desde entonces, el alcance de las manifestaciones se ha ido ampliando en medio de una violenta represión por parte de la policía francesa. Desde que comenzaron las movilizaciones, más de cinco mil personas han sido detenidas, en su mayoría estudiantes menores de edad. Las tácticas violentas de la policía han provocado lesiones graves. Un manifestante perdió un ojo tras recibir el impacto de una bala de goma, mientras que otro perdió una mano al intentar recoger una granada aturdidora de la policía.
Escuchamos las palabras de una manifestante que prefirió mantener el anonimato y que describe la violencia ejercida contra estudiantes que “todavía ni siquiera hemos llegado a la adultez”. También hablamos en directo desde una manifestación en Rennes con Claire Vigneau, secretaria general de la Federación de Sindicatos de Estudiantes (FSE), uno de los sindicatos estudiantiles de Francia, quien dice: “estamos tratando de escapar de los policías que nos persiguen con gases lacrimógenos y con cañones de agua”.
“El monto del presupuesto destinado a la educación en Francia se ha estancado, si no es que ha disminuido”, explica el periodista francoestadounidense Cole Stangler. “Las críticas que hacen las y los estudiantes de secundaria son, en realidad, muy similares a las que vienen diciendo los sindicatos docentes desde hace bastante tiempo”.
“La gente está profundamente enojada. Estamos totalmente hartos de las condiciones de vida, educativas y laborales con las que tenemos que lidiar”, afirma Alys Rowlands, estudiante universitaria de Lille y también miembro de la FSE. “La verdadera violencia es la violencia del Estado a la que nos enfrentamos todo el día, todos los días, todo el año. Esa es la verdadera violencia: no tener dinero, tener dificultades para llegar a fin de mes, recibir cada vez menos ayuda del Estado, tener que elegir entre comer y encender la calefacción durante el invierno”.
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