
En los últimos cinco años, las restricciones a los derechos de las mujeres se han incrementado en Afganistán, con el proceso de retirada de las fuerzas estadounidenses y la cesión del control a los talibanes. A las mujeres afganas se les prohíbe asistir a escuelas y gimnasios; los libros escritos por mujeres han sido retirados de las bibliotecas; no se permite ejercer como médicas ni como enfermeras; y han aumentado las tasas de matrimonios con niñas. Las esposas están legalmente subordinadas a sus maridos y las mujeres están obligadas a guardar silencio en público. “Las mujeres y las niñas de Afganistán están padeciendo la peor oscuridad del mundo”, dice Negina Yari, activista afgana por los derechos de las mujeres, exiliada en Alemania. Yari analiza los impactos de lo que algunas organizaciones denominan “apartheid de género”, así como los efectos de la normalización de las relaciones diplomáticas con los demás países de la región en la influencia política de los talibanes.
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