
A solo una semana de las elecciones de mitad de período en Estados Unidos, la crisis de asequibilidad, intensificada por los aranceles internacionales impuestos por el presidente Trump y la guerra contra Irán, se ha convertido en un tema central de la campaña. Mientras en todo el país hay familias que luchan por llegar a fin de mes, las empresas petroleras y gasíferas han registrado ganancias récord durante los recientes períodos de aumentos repentinos de precios.
En su nuevo libro, titulado “Anti-Fascist Economics: In Defense of Affordability, Dignity, and Democracy” (Economía antifascista: la defensa de la asequibilidad, la dignidad y la democracia), la economista Isabella Weber advierte que la inseguridad económica puede contribuir al crecimiento del autoritarismo y sostiene que, para proteger la democracia, es necesario hacer que la vida sea asequible para toda la gente.
Hablar de economía antifascista “no significa deshacerse del mercado”, afirma Weber. “Se trata de que las instituciones públicas se comporten de manera diferente y, al comportarse de manera diferente, cambien la dinámica del mercado en su conjunto y, literalmente, generen una alternativa para que la gente no dependa de proveedores a menudo muy concentrados y privados como única opción”, explica y proporciona ejemplos actuales de Gobiernos que implementan dichas políticas, desde la ciudad de Nueva York hasta la Ciudad de México y Roma.
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