
Estudiantes de universidades de todo Estados Unidos realizaron una jornada nacional de protesta en solidaridad con la exalumna “Jane Doe”, identificada así para proteger su privacidad. En su demanda judicial, la estudiante afirma haber sido víctima de una violación grupal perpetrada por siete miembros de la fraternidad Chi Phi de la Universidad de Cornell en 2024. La denuncia ha reactivado la indignación por el mal manejo que hacen los campus universitarios y las fuerzas del orden locales de los casos de agresión sexual, así como por la desprotección en la que dejan a las personas sobrevivientes. Vamos al campus de Cornell en Ithaca, en el estado de Nueva York, donde el cuerpo docente ha presentado una moción de censura contra las autoridades universitarias.
“El mensaje principal que expresa el estudiantado de Cornell es que el calvario de Jane Doe es solo la punta del iceberg, que existen muchísimos otros casos de mujeres que han sido agredidas sexualmente y violadas en la Universidad de Cornell y que tienen miedo de denunciarlo. No quieren acudir a las autoridades por temor a una investigación mal hecha o por temor a que las avergüencen”, afirma Paul Ortiz, profesor de historia laboral y principal promotor de la censura contra las autoridades universitarias.
“La cultura de la violación y la agresión sexual es muy fuerte en el campus”, añade Saya Taylor, estudiante de segundo año en Cornell e integrante de la organización Students for a Democratic Cornell. “Lo que verdaderamente nos indigna de este caso no es solo lo que le sucedió a Jane Doe. Es el hecho de que esto le hubiera podido pasar a cualquiera y que tampoco se hubiera hecho justicia”.
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