
El jueves 19 de febrero, la policía británica liberó al expríncipe Andrés tras mantenerlo once horas bajo custodia. Su detención, ese mismo día, fue impactante por tratarse del primer miembro de alto rango de la realeza británica en ser arrestado en casi 400 años. La policía está investigando sus conexiones con el agresor sexual fallecido Jeffrey Epstein y, en particular, si compartió con él información confidencial del Gobierno cuando se desempeñaba como representante comercial del Reino Unido, entre 2001 y 2011. El hermano del rey Carlos, ahora conocido como Andrew Mountbatten-Windsor tras ser despojado de su título real, es la figura de más alto perfil del Reino Unido implicada en un escándalo que crece cada vez más en torno a los vínculos de Epstein, quien murió en 2019 en una cárcel de Nueva York mientras esperaba el juicio por tráfico sexual. Las autoridades no hicieron referencia a las acusaciones de abuso sexual contra Mountbatten-Windsor ni al juicio contra Epstein por tráfico sexual. En 2022, Mountbatten-Windsor llegó a un acuerdo económico para resolver una demanda judicial de Virginia Roberts Giuffre, sobreviviente de los abusos de Epstein, y ha negado todas las acusaciones en su contra.
Nos acompaña la periodista de investigación Carole Cadwalladr, quien señala que la detención del expríncipe se siente como un “quiebre” en la sociedad británica, donde la realeza es vista como “sacrosanta” y rara vez es tratada de esta manera. “¿Y qué pasa en Estados Unidos? Estamos viendo cómo opera la cultura de la impunidad total, donde parece que la ley no se aplica a todos por igual y que hay gente que está por encima de la ley”.
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