
A pesar de que se la promueve como autónoma y autosuficiente, la inteligencia artificial (IA) depende en gran medida del trabajo humano, específicamente de un “ejército” de trabajadores de todo el mundo —principalmente en el Sur Global— que se encargan de lo que se denomina el enriquecimiento de datos. Las empresas que desarrollan la IA “mantienen a estos trabajadores deliberadamente ocultos porque son el ingrediente secreto de la IA”, explica el sociólogo Antonio Casilli, autor del libro “Esperando a los robots. Investigación sobre el trabajo del clic” y coautor del documental “En las entrañas de la IA”. Casilli estima que en el mundo hay más de 160 millones de personas involucradas en el trabajo de enriquecimiento de datos.
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