
Tras meses de amenazar con apoderarse de Groenlandia por la fuerza, la semana pasada el presidente Trump firmó un acuerdo de diez páginas con Groenlandia y Dinamarca que refuerza la presencia militar estadounidense en la isla, rica en minerales y estratégicamente ubicada, pero no responde a sus demandas previas de convertirla en territorio estadounidense. Estados Unidos ya gozaba de amplias facultades para tener tropas y bases militares en Groenlandia a través del Tratado de Defensa de Groenlandia, de 1951. Actualmente, cuenta con una base militar activa y alrededor de 160 efectivos en el territorio. Ahora, en virtud del nuevo acuerdo, firmado la semana pasada poco después del discurso del presidente Trump ante la Asamblea General de la ONU, Estados Unidos puede construir dos nuevas bases. El acuerdo reconoce a Groenlandia como parte de Dinamarca y mantendría su vigencia en el caso de que Groenlandia decidiera independizarse.
“En muchos aspectos se trata de un buen acuerdo, ya que establece el derecho a la autodeterminación”, afirma Julie Rademacher, presidenta de la organización Uagut, que aglutina a la población groenlandesa en Dinamarca. Al mismo tiempo, señala que “después de un año y medio de recibir amenazas sobre la anexión de Groenlandia, ya no tenemos la misma fe ni la misma confianza en Estados Unidos y su presidente”.
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