
En su más reciente investigación sobre el funcionamiento interno del régimen de Trump, el reportero Ken Klippenstein analiza cómo las agencias encargadas del control migratorio, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) y la Patrulla Fronteriza, han flexibilizado sus pautas de reclutamiento de personal y de despliegue de efectivos a fin de poder cumplir con los extensos objetivos de deportaciones establecidos por el Gobierno. “Hay divisiones internas con respecto al tiroteo [en el que murió Renee Good] y a la misión general de la agencia”, señala Klippenstein, cuyos informes se basan en documentos filtrados y en entrevistas con funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional (DHS por sus siglas en inglés). El periodista explica que, como “les preocupa el hecho de enviar agentes más experimentados que podrían no estar de acuerdo con la misión” que tienen que cumplir, el DHS está recurriendo fuertemente al reclutamiento de personas voluntarias, a quienes investiga y capacita poco, para poder cumplir con su cupo de deportaciones. “No saben qué hacer con todo el dinero que tienen, necesitan cubrir esos puestos, y están haciendo todo lo posible para crear puestos de trabajo para que su cantidad real de personal se ajuste a los recursos que tienen ahora”.
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