
El gobernador de Tennessee, Bill Lee, suspendió las ejecuciones previstas para lo que resta del 2026 después de que una reclusa condenada a muerte sobreviviera a dos inyecciones letales el miércoles 1 de octubre. Según sus abogados, Christa Pike siguió respirando tras haber sido inmovilizada y después de que se le inyectaran dos dosis de pentobarbital, en una ejecución fallida que se prolongó durante más de dos horas. Semanas antes de la fecha programada para la ejecución, Pike y su equipo jurídico argumentaron que una inyección letal de dosis única podía constituir una tortura para Pike, debido a sus venas pequeñas. Pike fue condenada a muerte por un asesinato que cometió en 1995, cuando tenía 18 años. Ahora se encuentra en el hospital en estado crítico y es la primera persona en Estados Unidos que ha sobrevivido a una inyección letal.
“He visto cinco ejecuciones en Tennessee”, afirma Steven Hale, periodista especializado en justicia penal del periódico Nashville Banner, quien fue testigo de la ejecución fallida de Christa Pike. “Y nunca había visto nada parecido a lo que pasó el miércoles por la noche”.
Christa Pike “acaba de sufrir el intento de inyección letal más agonizante de la historia del país”, afirma Sandra Babcock, directora del Centro sobre la Pena de Muerte en el Mundo de la Universidad Cornell. Babcock afirma que Pike no debería haber sido condenada a muerte, porque era una “joven inmadura de 18 años” con antecedentes de graves traumas en su infancia y traumas sexuales que “no estaba recibiendo medicación para el trastorno de estrés postraumático ni para el trastorno bipolar en el momento [del asesinato], que cometió contra su novio maltratador de entonces”.
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