
La activista palestina Leqaa Kordia, de 33 años de edad, pronto cumplirá un año presa en un centro de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Kordia, que nació en Jerusalén Este, entró en el radar de la policía cuando fue arrestada durante las manifestaciones de solidaridad con Gaza en la Universidad de Columbia, en 2024. Si bien en esa ocasión los cargos en su contra fueron retirados, más tarde Kordia fue detenida al presentarse a un procedimiento migratorio de rutina en Nueva Jersey. Los oficiales federales de inmigración dijeron que su visa de estudiante había expirado y la enviaron a un centro de detención del ICE en el norte de Texas, donde continúa recluida hasta el día de hoy. Detenida en condiciones que ella describe como de tortura, Kordia sufrió convulsiones por primera vez en su vida, lo que llevó a que la hospitalizaran por tres días, durante los cuales el ICE se negó a informar a su familia y equipo jurídico acerca de su estado y de su paradero. “Era una persona relativamente sana físicamente hasta que fue detenida, [pero ahora] su salud corre un gran riesgo si permanece recluida”, dice la abogada de Kordia, Sarah Sherman-Stokes.
Kordia ha perdido a más de 200 miembros de su familia en el genocidio perpetrado por Israel en Gaza y existe un dictamen judicial que dice que no puede ser repatriada a Israel debido al riesgo de persecución que enfrenta allí. Aún así, el Gobierno de Estados Unidos se niega a liberarla bajo fianza mientras avanza su proceso judicial. “Leqaa no debería haber sido detenida” en primer lugar, enfatiza Sherman-Stokes.
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