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En un momento de tensiones crecientes en las relaciones entre Estados Unidos y Europa, el Gobierno de Trump está trabajando para fortalecer sus lazos con Hungría y su Gobierno de extrema derecha, a cargo del primer ministro Viktor Orbán, quien se encuentra ante su mayor desafío político en 16 años. A pocos días de las elecciones parlamentarias, las encuestas ponen al partido de Orbán, Fidesz, por detrás del partido de centroderecha Tisza, liderado por Péter Magyar, que propone un mayor acercamiento a Europa. Esta semana, el vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, viajó a Budapest y se mostró junto a Orbán, haciendo campaña abiertamente por su reelección.
“Estas elecciones son realmente cruciales, no solo para Hungría, sino para la derecha internacional”, señala Kim Lane Scheppele, profesora de Sociología y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton. “Estados Unidos ha dado muchas señales de que realmente le encantaría que Viktor Orbán fuera reelegido. El problema es que el pueblo húngaro no parece estar de acuerdo”.
Scheppele también analiza el papel de Sebastian Gorka, un alto funcionario del Gobierno de Trump en la lucha contra el terrorismo, que tiene vínculos de larga data con la extrema derecha de Hungría y ha tenido un papel clave en el afianzamiento de los lazos entre los dos Gobiernos. Según una reciente investigación del periódico The New York Times, Gorka también está al frente de una iniciativa para etiquetar a grupos de izquierda, tanto de Estados Unidos como del extranjero, como “organizaciones terroristas”.
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