
Hoy, jueves 11 de junio, comienza la Copa del Mundo de la FIFA con dos partidos en México. Este será el mundial de fútbol más grande de la historia, con la participación de equipos de 48 países que jugarán más de 100 partidos en 16 ciudades de Canadá, México y Estados Unidos. El nuevo sistema de precios establecido por la FIFA hace que las entradas sean significativamente más caras que en los torneos anteriores. A esto se suman las duras políticas de inmigración del Gobierno de Trump, lo que genera un efecto desalentador en los partidos. De los 39 países cuyas población tiene vedado total o parcialmente el ingreso a Estados Unidos, hay cuatro —Irán, Haití, Costa de Marfil y Senegal— que están clasificados para jugar en la Copa del Mundo y, si bien los jugadores de los últimos tres países recibieron exenciones de visa, el equipo iraní debe entrenar en Tijuana, México.
“Esta Copa del Mundo se perfila como un evento de extrema exclusión”, dice el escritor y exjugador de fútbol profesional Jules Boykoff. “Los aficionados de clase trabajadora básicamente no tienen posibilidad de comprar entradas para los partidos […] y hay personas que han preferido no venir a Estados Unidos porque temen ser detenidas por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas”.
Transcripción
NERMEEN SHAIKH: Esto es Democracy Now! Soy Nermeen Shaikh en Nueva York, con Amy Goodman en Sheffield, Inglaterra.
La Copa Mundial masculina de la FIFA comienza este jueves 11 de junio con dos partidos en México. En la capital del país se enfrentan México y Sudáfrica; y en Guadalajara, Corea del Sur se enfrentará a la República Checa. Este será el Mundial de fútbol más grande de la historia, en el que selecciones de 48 países disputarán más de 100 partidos en 16 ciudades anfitrionas en tres países: Canadá, México y Estados Unidos. También es la primera vez que un país anfitrión está en guerra con un país participante: Estados Unidos e Irán.
AMY GOODMAN: Las políticas del Gobierno de Trump y de la federación de fútbol FIFA están haciendo que el deporte del pueblo sea más inaccesible que nunca. Este ya es el Mundial de fútbol más caro en la historia y las duras políticas migratorias del Gobierno de Trump están teniendo un efecto negativo en el torneo. En este momento, hay 39 países cuyas poblaciones tienen vedado total o parcialmente el ingreso a EE.UU., cuatro de los cuales —Irán Haití, Costa de Marfil y Senegal— tienen previsto jugar en la Copa del Mundo.
A principios de esta semana, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, comentó sobre los crecientes obstáculos que enfrentan hinchas y futbolistas del Mundial procedentes de países bajo prohibiciones de ingreso a EE.UU. y restricciones de visado impuestas por Trump.
ALCALDE ZOHRAN MAMDANI: Se supone que la Copa del Mundo es una celebración del mundo en su conjunto. Y algunas de las medidas que hemos visto implementadas por el Gobierno federal, ya sea la negación de visas para periodistas de determinados países o la denegación de una visa para un entrenador de un equipo, así como visas de un solo día para selecciones de países específicos, son totalmente contrarias a lo que este torneo debería representar. Si ni siquiera podemos permitir que los jugadores, las selecciones y los periodistas que cubren esas selecciones puedan venir a esta ciudad y a este país, entonces, surge una pregunta más amplia sobre nuestro compromiso con el espíritu de este torneo.
NERMEEN SHAIKH: El miércoles, el presidente Trump describió la Copa del Mundo de 2026 como “la Copa del Mundo más exitosa que se haya celebrado”. Más tarde, Trump fue cuestionado por la prensa sobre las restricciones de visado.
REPORTERO: Algunas personas temen que será cada vez más difícil obtener visas para venir desde el extranjero. ¿Puede usted asegurarles…
PRESIDENTE DONALD TRUMP: Bueno, vamos a… Estamos trabajando muy de cerca en ello para garantizar que las personas adecuadas vengan a nuestro país.
AMY GOODMAN: Entre los afectados se encuentran al menos 15 directivos y miembros del cuerpo técnico de la selección iraní, lo que ha obligado al equipo a entrenar en Tijuana, México, en lugar de Estados Unidos; y el árbitro somalí Omar Artan, a quien se le negó la entrada a Estados Unidos. Artan iba a ser el primer árbitro somalí en dirigir un partido de un Mundial de fútbol. Pero hay novedades al respecto: Canadá invitó a Omar Artan a oficiar partidos del Mundial en ese país.
Para hablar más sobre el tema, nos acompañan tres invitados. A medida que miles de manifestantes tienen previsto interrumpir el partido inicial del Mundial en Ciudad de México, nos acompañará desde allí José Luis Granados Ceja, de Drop Site News. Y para hablar de los crecientes temores de que haya redadas migratorias en ciudades anfitrionas de la Copa del Mundo, nos acompañará desde Filadelfia Nelini Stamp, del Partido de las Familias Trabajadoras y la campaña Nuestra Copa. Pero primero vamos a París, Francia, donde nos acompaña Jules Boykoff, autor de “Tarjeta roja: la Copa Mundo de 2026, el lavado de imagen deportivo y la máquina de codicia de la FIFA”, así como de “Kicking”, un libro de memorias sobre su pasado como futbolista profesional. Boykoff representó a EE.UU. con la selección nacional masculina en la categoría sub-23 en torneos internacionales de fútbol.
Bienvenido de nuevo a Democracy Now! Denos una introducción de este primer día del torneo, las contradicciones que vemos entre el deporte del pueblo y los exorbitantes precios que la gente tendrá que pagar por sus entradas, el hecho de que sea la primera vez que un país anfitrión está en guerra con un país participante, las restricciones que EE.UU. ha impuesto a Irán, la presencia del ICE… Describa lo que está pasando.
JULES BOYKOFF: La Copa Mundo de 2026 llega envuelta en una paradoja. Por un lado, habrá más equipos que nunca participando, 48 países de todo el mundo. Por otra parte, este Mundial se perfila como uno de exclusión extrema. Los hinchas de clase trabajadora prácticamente no tienen ninguna posibilidad de comprar una entrada para estos partidos debido a los precios exorbitantes. Hay gente de países como Irán, Senegal, Costa de Marfil, Haití, que no podrán en lo absoluto obtener una visa para asistir a este torneo. Y hay personas que han decidido no venir a Estados Unidos porque temen ser detenidas por el Servicio de Inmigración.
Este es un torneo que se supone que une al mundo, pero en cambio, lo que estamos viendo en el período previo al partido inicial es que tenemos un torneo en el que hay miedo, una Copa del Mundo en la que hay exclusión y una Copa del Mundo en la que hay caos. Y los dos principales agentes del caos que debemos tener en cuenta son, en primer lugar, el presidente de EE.UU., Donald Trump, quien ha dejado absolutamente claro que este Mundial es clave para su legado político, y ha usado los deportes para sacar rédito político más que ningún presidente en la historia reciente. El segundo culpable que está inyectando caos aquí es la FIFA y su presidente, Gianni Infantino. La FIFA ha elevado los precios de este Mundial, esencialmente dejando los boletos fuera del alcance de muchos compradores, para tratar de sacar tanto dinero como sea posible de los aficionados al fútbol de todo el mundo. Y, esencialmente, la FIFA está tratando a Canadá, México y Estados Unidos como su propio cajero automático privado. Y esto ha oscurecido este evento, que se supone que es algo festivo y feliz. Y también ha hecho que este Mundial sea el más políticamente explosivo en la memoria reciente, y eso no es fácil de decir.
NERMEEN SHAIKH: Y, Jules, esta es la primera Copa del Mundo que se celebra en EE.UU. en 32 años. ¿Puede explicar cuál es el proceso de selección de los países anfitriones del Mundial? En este caso, hay tres. Y también, sobre el precio de los boletos, que es realmente, como usted dijo, exorbitante, ¿quién establece esos precios?
JULES BOYKOFF: Bueno, para empezar, para ser anfitrión del Mundial tienes que presentar una propuesta. Y se puede acceder a la propuesta que Estados Unidos, Canadá y México presentaron. Y cuando la lees, todo son arcoíris y unicornios y transporte gratuito para los partidos en Estados Unidos. Obviamente, mucho ha cambiado desde entonces. Y hay una especie de problema arraigado con estos eventos, que es que estas propuestas se presentan con todo tipo de promesas que en realidad luego no se cumplen.
En cuanto a los precios de las entradas, hay dos mercados que se deben conocer. El primero está controlado por completo por la FIFA. Y están usando algo llamado “precios dinámicos” para determinar el valor de estos boletos. “Dinámico” suena bien, ¿verdad? Pero no suena tan bien si estás comprando una entrada para la Copa del Mundo. Eso significa que están tratando de extraer el máximo beneficio del comprador del boleto. Y es por eso que vemos que, para la final de la Copa del Mundo, hay boletos con precios de alrededor de 11.000 dólares, mientras que, hace cuatro años, el precio más alto para la final en Catar fue de 1.600 dólares. En el mercado secundario, es decir, cuando alguien compra un boleto y lo revende, en Estados Unidos no hay límite de lo que se puede cobrar. Y a la FIFA le encanta eso, porque la FIFA se queda con el 15% del vendedor y 15% del comprador por cada boleto vendido. Y vi un boleto en internet recientemente por 11 millones de dólares. Ahora bien, no estoy diciendo que vayan a venderlo por ese precio, pero si lo hacen, la FIFA se llevaría 3,5 millones de dólares por un solo boleto. Así que el precio de los boletos es un muy buen ejemplo de la máquina de codicia de la FIFA en acción.
AMY GOODMAN: Jules, ¿puede hablar del hecho de que el equipo de Irán tenga que permanecer en México, en Tijuana, donde están entrenando? La presidenta Sheinbaum ha dicho que pueden dormir allí. ¿Cuál fue el trato que se alcanzó con Estados Unidos, quienes dijeron que Irán no puede concentrarse en EE.UU.? Y también, hable de este árbitro somalí y del hecho de que tras su llegada a Miami fuera expulsado del país? Terminó de vuelta en Mogadiscio. Y las últimas noticias son que ahora Canadá dice que puede arbitrar en su país.
JULES BOYKOFF: Sí, absolutamente. Comencemos con Omar Abdulkadir Artan, quien fue, de hecho, excluido por Estados Unidos. Y esto fue realmente algo vergonzoso, porque es muy triste que nadie diera un paso al frente en este momento, como otros árbitros, y dijeran: “No vamos a arbitrar los partidos a menos que nuestro colega esté incluido”. Este es un árbitro galardonado que ganó el premio masculino de todo el continente africano. Me encantaría que la FIFA tuviera más coraje en relación con estos asuntos y defendiera a este árbitro, porque estamos ante una situación horrible. En relación a Irán… Y, por cierto, si tienes hinchas de fútbol animando a un árbitro a su vuelta a casa, creo que eso nos está diciendo algo.
Pero luego tienes a Irán, y este es un fracaso épico del Gobierno de Trump, un error estratégico importante. Y lo que quiero decir con eso es que el presidente Trump debería estar recibiendo con los brazos abiertos a los jugadores de Irán, porque si miramos la historia reciente de Irán jugando en partidos internacionales, veremos que esos jugadores iraníes han aprovechado la oportunidad para hacer cosas que son críticas hacia su Gobierno. Por ejemplo, en la última Copa del Mundo en Catar, vimos al equipo Melli, como se conoce a la selección iraní, no cantar el himno nacional en su partido inaugural, para mostrar así su apoyo a los activistas allá en Irán. Más recientemente, el equipo nacional femenino viajó desde Irán a Australia, donde dos de ellas solicitaron asilo político, de nuevo, enviando un mensaje a la gente en su país. Por lo tanto, este es un importante gol en propia puerta del Gobierno de Trump, además de simplemente ser algo que va muy en contra del espíritu de lo que este evento debería ser.






