
Crecen las críticas contra James Dolan, el multimillonario propietario del Madison Square Garden de la ciudad de Nueva York y de sus equipos deportivos afiliados, los New York Knicks y los New York Rangers, tras una investigación explosiva de la revista Wired que reveló el funcionamiento de una extensa red de vigilancia dentro del estadio. Dolan emplea tecnología de reconocimiento facial para rastrear e identificar a quienes asisten al estadio. Según se informa, entre las personas afectadas por esto habría una mujer trans quien, según un exmiembro del personal de seguridad, fue objeto de vigilancia únicamente por su identidad de género, así como abogados a quienes se ha prohibido el ingreso porque sus firmas están involucradas en demandas judiciales contra Dolan. La “máquina de espionaje” de Dolan proporciona información a las considerables fuerzas de seguridad con las que cuenta el Madison Square Garden, que operan más allá de los límites del estadio y “actúan como una especie de fuerza policial paralela en el centro de Manhattan”, explica Noah Shachtman, uno de los autores de la investigación de Wired. “Se filma a todo el mundo y algunas personas son etiquetadas como peligrosas, incluso cuando claramente no lo son”. La lista negra de Dolan también se extiende a otros locales suyos, como el Radio City Music Hall, también en la ciudad de Nueva York, y la Sphere, en Las Vegas. Incluso para quienes nunca pisan el Madison Square Garden, Shachtman señala que este tipo de vigilancia “no es un caso aislado. Es un modelo”.
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