
“Mi encarcelamiento está totalmente motivado por una agenda política”, dice la activista Autumn Hill en una comunicación telefónica con Democracy Now! desde el Centro Correccional del Condado de Johnson, en Texas. Hill es una mujer trans de 30 años que cumple una condena de 50 años de prisión por participar en julio de 2025 en una manifestación frente a la cárcel del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) conocida como Prairieland. Hill forma parte de un grupo de nueve manifestantes que fueron condenados por cargos relacionados con el terrorismo tras ser acusados por fiscales federales de ser miembros de una “célula terrorista de antifa”.
En una entrevista con el periodista de la revista Rolling Stone Jack Crosbie, Hill dice que no tuvo intención de cometer actos de violencia en la manifestación, que terminó cuando un oficial de policía fue herido de bala por otro manifestante, quien dice que disparó en defensa propia. No se reportaron otras lesiones. Hill dice que ya se había ido cuando ocurrió el tiroteo. “Mi idea era que cada quien se iría a su casa al final de la noche para seguir comiendo, bebiendo y pasándola bien. Realmente no pensamos que algo iba a salir mal. Y no esperábamos ni queríamos que ocurriera ningún tipo de violencia”.
Para los fiscales que promueven la idea, demasiado amplia y poco fundamentada, de que las movilizaciones antifascistas contra el Gobierno de Trump son violentas y peligrosas, el caso de Prairieland fue una “mina de oro”, señala Crosbie. “No hay necesidad de presentar una evidencia decisiva. Simplemente pueden decir que eres de 'antifa' y eso, según el Gobierno, se convierte en una especie de evangelio”.
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