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En los cinco años transcurridos desde que los talibanes recuperaron el control de Afganistán tras la retirada completa de las tropas estadounidenses del país, millones de refugiados afganos se han visto obligados a abandonar países vecinos como Irán y Pakistán, donde vivían, y han sido “tirados a la frontera” sin acceso inmediato a alimentos, agua o refugio. Al mismo tiempo, el régimen autoritario de los talibanes continúa agravando las condiciones de las mujeres y las niñas en Afganistán mediante la imposición de restricciones cada vez mayores al ejercicio de los derechos básicos a la educación, a la libertad de circulación y al acceso a los servicios públicos. “Es una crisis para la humanidad”, señala Jan Egeland, secretario general del Consejo Noruego para los Refugiados, quien se comunica con Democracy Now! desde Kabul. “Estamos muy sobrecargados y con fondos insuficientes. […] Estamos demasiado solos aquí en el territorio, en Afganistán”, explica Egeland, uno de los pocos trabajadores humanitarios a nivel internacional que continúa apoyando a las personas desplazadas en el país. “El motivo por el que estamos teniendo que despedir a las trabajadoras humanitarias y a las maestras que enseñan a las niñas de la escuela primaria es la falta de fondos. No es por los talibanes”.
A pesar del enorme papel que desempeñó en la desestabilización del país, este año Estados Unidos ha aportado “cero financiamiento” a las organizaciones humanitarias que operan en Afganistán. “No olviden las promesas que hicieron cuando se abalanzaron hacia la puerta hace cinco años”, dice Egeland, dirigiéndose a Estados Unidos y otros países, en su mayoría europeos, que integraban la coalición de la OTAN liderada por Estados Unidos en Afganistán.
Para ver la entrevista completa en inglés, haga clic aquí.






