
En agosto, Tyson Foods, la mayor empresa estadounidense de envasado y procesamiento de carne, cerró una planta de procesamiento en Joslin, Illinois, y despidió a más de 2.500 trabajadores, en su mayoría inmigrantes, “prácticamente de la noche a la mañana”. La empresa alude a la escasez histórica de ganado que atraviesa Estados Unidos como el motivo principal del cierre. La población de ganado en el país se encuentra en su nivel más bajo de los últimos 75 años debido a la sequía —provocada por el cambio climático— en la zona oeste del país, el aumento de los precios del diésel y de los fertilizantes por la guerra lanzada por Estados Unidos contra Irán y el aumento de la concentración corporativa en el sector a través de los años, que ha hecho que los ganaderos vean reducidas sus ganancias.
Hablamos con Caitlyn Clark, directora de la organización Essential Workers for Democracy, que está impulsando la implementación de reformas democráticas dentro de la Unión Internacional de Trabajadores de la Industria de Alimentos y del Comercio (UFCW, por sus siglas en inglés), sindicato que representa a más de un millón de trabajadores de todo Estados Unidos y del cual también forman parte los empacadores de carne despedidos de la planta de Tyson. Estos trabajadores se desempeñaban en “algunas de las tareas más peligrosas de Estados Unidos” y le generaban a Tyson “ganancias de miles de millones de dólares”. En 2025, el director ejecutivo y presidente de Tyson Foods, Donnie King, ganó más de 34 millones de dólares, casi 800 veces más que el trabajador promedio de Tyson.
Desde su repentino despido, los trabajadores de Joslin vienen manifestándose fuera de la planta cerrada. Le piden a Tyson “que extienda su indemnización por despido y al gobernador de Illinois, JB Pritzker, que intervenga para ayudar a mantener la planta abierta”, señala Clark. “Necesitamos confrontar a la patronal y hablar en serio sobre el nivel de desigualdad y explotación que enfrentamos los trabajadores hoy en día”, añade. “Los trabajadores necesitamos más, merecemos más y estamos listos para luchar por ello. Es hora de que la dirigencia sindical nos acompañe”.
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