“Aprendí a esquivar las balas antes de aprender a leer”: Edna Chávez habla en la Marcha por Nuestras Vidas sobre la violencia armada en las comunidades marginadas de EE.UU.

Exclusivo Web27 de marzo de 2018
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Más de un millón de estudiantes, padres, docentes y activistas contra la violencia salieron a las calles el sábado para la “Marcha por nuestras vidas” en todo el mundo. El histórico día de acción fue organizado por los estudiantes sobrevivientes de la masacre del Día de San Valentín en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas, ubicada en Parkland, Florida, donde murieron 17 personas: 14 estudiantes y tres profesores. En Washington DC, jóvenes de todas partes de Estados Unidos, desde Parkland hasta Chicago, subieron al escenario para denunciar el poder de la Asociación Nacional del Rifle y la epidemia de violencia armada que asuela Estados Unidos. Una de las personas que habló fue Edna Chávez, estudiante de 17 años de edad del Sur de Los Ángeles.

Transcripción
Esta transcripción es un borrador que puede estar sujeto a cambios.

EDNA LIZBETH CHÁVEZ: Hola, buenas tardes. Mi nombre es Edna Lizbeth Chávez, y soy del sur de Los Angeles, California. ¡El sur de Los Angeles! Tengo 17 años y este es mi último año en la Escuela Secundaria de Artes Manuales y formo parte de una organización llamada Community Coalition, donde soy una líder juvenil en el grupo Empoderamiento de la juventud del Sur de Los Ángeles. En la Community Coalition ayudamos a estudiantes de secundaria a desarrollar sus habilidades de liderazgo para impulsar justicia educativa en nuestras comunidades. Por eso me he involucré, para tener impacto en las políticas y asegurarme de que nuestras voces sean escuchadas.

Soy una líder juvenil. Una sobreviviente. He vivido al sur de Los Angeles toda mi vida y he perdido a muchos seres queridos por la violencia armada. Es algo normal, normal hasta el punto de que aprendí a esquivar las balas antes de aprender a leer. Mi hermano estaba en la escuela secundaria cuando murió. Fue un día como cualquier otro, con el sol cayendo en el Sur de Los Angeles. Escuchas estallidos, pensando que son fuegos artificiales. Pero no lo fueron. Ves que la melanina en la piel de tu hermano se vuelve gris. Ricardo era su nombre. ¿Pueden decirlo conmigo?

MULTITUD: ¡Ricardo! ¡Ricardo! ¡Ricardo! ¡Ricardo! ¡Ricardo! ¡Ricardo! ¡Ricardo! ¡Ricardo! ¡Ricardo!

EDNA LIZBETH CHÁVEZ: Perdí más que a mi hermano ese día. Perdí a mi héroe. También perdí a mi madre, a mi hermana y a mi misma por el trauma y la ansiedad. Si la bala no me mató, esta ansiedad y este trauma lo harán. Llevo este trauma a donde sea que vaya. Lo llevo conmigo a la escuela, a las clases, caminando de vuelta a casa y visitando a mis seres queridos. Y no soy la única que ha sufrido estas experiencias. Durante décadas, mi comunidad del Sur de Los Angeles se ha acostumbrado a esta violencia. Es normal ver velas. Es normal ver carteles. Es normal ver globos. Es normal ver flores honrando las vidas de los jóvenes negros y de color que han perdido sus vidas por culpa de una bala.

¿Cómo podemos hacer frente a esto, cuando nuestro distrito escolar tiene su propio departamento de policía? En lugar de hacer que los estudiantes negros y de color se sientan seguros, continúan discriminándonos racialmente y criminalizándonos. En cambio, deberíamos tener un departamento especializado en justicia restaurativa. Tenemos que abordar las causas de raíz de los problemas que enfrentamos, y llegar a un acuerdo sobre cómo resolverlos.

Estoy aquí para honrar a los estudiantes de Florida que perdieron sus vidas y para apoyar a los estudiantes de Parkland. Estoy aquí hoy para honrar a Ricardo. Estoy aquí hoy para honrar a Stephon Clark. ¡Estoy aquí hoy para alentar a mi comunidad del Sur de Los Angeles! Ya basta. Pregunta: ¿Cuántos niños más tienen que morir para que este problema sea finalmente solucionado?

Políticos, escuchen. ¡Armar a los maestros no funcionará! ¡Poner más seguridad en nuestras escuelas no funciona! ¡Las políticas de tolerancia cero no funcionan! Nos hacen sentir como criminales. Deberíamos sentirnos fortalecidos y apoyados en nuestras escuelas. En lugar de financiar estas políticas, financien programas de tutoría, recursos de salud mental, pasantías remuneradas y oportunidades de trabajo. Mi hermano, como muchos otros, se habría beneficiado de esto. Hagámoslo realidad. Es importante trabajar con las personas afectadas por estos problemas, las personas que ustedes representan. Necesitamos enfocarnos en cambiar las condiciones que fomentan la violencia y el trauma. Y es así como transformaremos a nuestras comunidades y elevaremos nuestras voces. Esto no nos ha detenido, ni debe hacerlo. Solo nos ha empoderado.

Mi nombre es Edna Lizbeth Chávez. Recuerden mi nombre. Recuerden estas caras. Recuérdennos y recuerden que estamos generando cambios. La lucha sigue. Gracias y bendiciones.

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