“AMLO no quiere gastar su capital político en un pleito abierto con Trump”: Humberto Beck repasa los primeros meses del nuevo presidente de México

Original en Español09 de abril de 2019
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Mientras el presidente estadounidense Donald Trump continúa amenazando con cerrar la frontera entre México y Estados Unidos, analizamos la respuesta del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador y el recorrido de sus primeros cuatro meses de gobierno. Desde Ciudad de México, nos acompaña Humberto Beck, profesor de El Colegio de México y coeditor del libro “El futuro es hoy. Ideas radicales para México”.

Transcripción
Esta transcripción es un borrador que puede estar sujeto a cambios.

AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now!, democracynow.org, el informativo de guerra y paz. Soy Amy Goodman con Juan González

JUAN GONZÁLEZ: Estamos hablando con Humberto Beck, profesor del Colegio de México, y queremos discutir con él los primeros 100 días de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador.

Bienvenido a nuestro programa. ¿Nos puede dar su análisis de qué usted cree han sido los principales logros de AMLO en los primeros meses de su presidencia?

HUMBERTO BECK: Bueno, creo que los principales logros de López Obrador en los primeros meses de su presidencia han sido cambios profundos, radicales y auténticos en su discurso, en varias áreas, que representan un contraste bastante pronunciado con lo que había pasado en los gobiernos anteriores, en particular el de Peña Nieto.

Primero, hay un cambio de discurso en el tema de la desigualdad. López Obrador es el primer político de izquierda que llega democráticamente al poder en México y realmente ha puesto el tema de la desigualdad en el centro de sus inquietudes como gobernante.

Por otro lado, también hay, en términos generales, un cambio en el discurso acerca de la inseguridad, en contra del discurso más bien punitivo, militarizado, de la lucha contra el crimen de los gobiernos anteriores, en particular el de Felipe Calderón. López Obrador ha hablado de dejar de criminalizar a la población mexicana como cómplice del crimen, entre otras cosas.

Hay también un cambio muy profundo en el ámbito simbólico porque López Obrador ha puesto en práctica una política de austeridad, empezando por su persona. Por ejemplo, puso en venta el avión presidencial comprado en el gobierno de Peña Nieto, viaja en vuelos comerciales como cualquier persona. Entonces esto tiene un impacto muy fuerte en el público mexicano y explica en buena parte su popularidad.

Ahora, al mismo tiempo hay aspectos contradictorios en la práctica o que podrían convertirse en una contradicción tarde o temprano. Por ejemplo, en el tema de seguridad está el tema de la Guardia Civil, que es ambivalente si va a ser civil o… propiamente civil o militar. Entonces no queda claro si eso va a ser una continuación o una ruptura con la política previa de militarización de la lucha contra la inseguridad

JUAN GONZÁLEZ: En términos de su política hacia la clase obrera, ¿cuáles han sido los cambios en su presidencia?

HUMBERTO BECK: Creo que ahí también hay un cambio importante en el discurso que forma parte de un cambio general con respecto a la desigualdad. Parte de ese cambio de discurso respecto a la desigualdad es tratar de reivindicar los derechos laborales, reivindicar el trabajo como un factor de producción que es importante, que es digno, que es valioso. Ahí, en la práctica, ha habido gestos concretos. Ha habido, por ejemplo, el aumento en el salario mínimo, que es algo que se venía discutiendo por mucho tiempo pero que los gobiernos anteriores habían resistido. López Obrador tiene una política muy ambiciosa de aumentar el salario mínimo gradualmente a lo largo de su sexenio, y esos incrementos ya comenzaron. También hay un nuevo clima de libertad para las huelgas que se han manifestado, por ejemplo, en las huelgas de las maquiladoras en la frontera con Estados Unidos y en otras partes, que creo que es real.

Ahora, también hay otros signos más ambivalentes o más ambiguos: está por ejemplo el hecho de que López Obrador está teniendo una especie de alianza con el sector empresarial, porque los necesita para uno de sus principales programas sociales que es este programa de becas para la realización de prácticas profesionales o de trabajo de estudiantes o de jóvenes sin trabajo en empresas mexicanas. Entonces, ahí hay una colaboración con el sector privado que puede ser productiva o no en términos de vindicación del sector laboral.

Está también el regreso a la política, que López Obrador propició, de un líder sindical llamado Napoleón Gómez Urrutia, que por mucho tiempo vivió en Canadá porque estaba perseguido en México debido a que se le acusa de haber robado el dinero del sindicato minero del cual es [sic] líder. Ahora, él es un político de Morena, el partido de López Obrador, y esto ha creado en ciertos sectores la inquietud de que quizás López Obrador va a volver a tener una política sindical corporativista como la que había en la época del priismo, antes de la creación de la democracia, que se trataba de controlar a los obreros y no tanto de ayudar a su bienestar. Entonces, ahí están, digamos, esos claroscuros en el área de la política laboral.

AMY GOODMAN: The Washington Post publicó hace unos meses un artículo titulado: “La extraña gran relación entre Trump y el nuevo presidente de izquierda de México”. Y antes de eso Bloomberg había calificado a López Obrador de “agitador”, y es cierto que su retórica antes de las elecciones era la de un agitador. ¿Podría hablar sobre esta relación? Cuando Donald Trump inició su campaña para la presidencia se refirió a los mexicanos como violadores, delincuentes y asesinos. ¿Qué enfoque está tomando AMLO hacia el presidente Trump?

HUMBERTO BECK: Bueno, ahí hay un cambio muy importante en la actitud de López Obrador como candidato y López Obrador como presidente. López Obrador como candidato ha tenido una actitud de mucho mayor enfrentamiento con Trump, publicó incluso un libro que se llama “Oye, Trump”, confrontándolo, enfrentándolo directamente. Ahora, una vez que fue electo, López Obrador cambió bastante su actitud hacia Trump y empezó a buscar una postura de moderación, de cooperación, incluso de una especie de respeto o de reconocimiento. Le escribió una carta, por ejemplo, invitándolo a la cooperación entre las dos naciones.

Es claro que él quiere evitar un pleito abierto con Trump, no quiere gastar sus energías políticas, no quiere gastar su capital político en eso. Y más bien yo creo que él está apostando a buscar formas más, digamos, formas de cooperación por otros canales. Por ejemplo, como la reunión que hubo recientemente con representantes del Congreso de Estados Unidos, donde se habló de la posibilidad de un programa de inversión para el sur de México y América Central como respuesta a la crisis migratoria. Aunque él diga que quizás va a hacerle más caso a Trump en el tema de frenar a los migrantes de América Central, yo creo que en la práctica no lo va a hacer y en la práctica no lo ha estado haciendo, porque sabe que regresar a los migrantes de América Central es regresarlos a una situación invivible de violencia. Entonces, más bien, yo creo que él le va a apostar a esto, a la creación de una especie de pequeño Plan Marshall para América Central que, mediante la inversión, cree empleos y reduzca la migración hacia Estados Unidos.

JUAN GONZÁLEZ: ¿Nos puede hablar un poco de las críticas que algunos tienen del nuevo presidente, especialmente acerca del Tren Maya, que es un proyecto que el presidente tiene para poder desarrollar económicamente los estados del sur de México, mayormente de poblaciones indígenas?

HUMBERTO BECK: Claro. El Tren Maya es este proyecto de un tren turístico que recorrería los principales puntos de la península de Yucatán: las playas, las ruinas mayas, las ciudades coloniales, etc., como forma de estimular el turismo y el desarrollo en la región. Hay que tener este proyecto dentro del programa de López Obrador de reequilibrar el desarrollo y el crecimiento económico en el país. Las zonas más desarrolladas de México están en el norte y en el centro, porque son los sectores donde están las industrias exportadoras hacia Estados Unidos. En cambio, el sur y el sureste han estado históricamente abandonados y es donde vive la mayoría de la población pobre o en extrema pobreza de México, y [es la zona] que menos se ha beneficiado de la integración económica con Estados Unidos.

Este proyecto de López Obrador busca, como les decía, reequilibrar este proceso de crecimiento económico en México. Ahora, hay en las comunidades locales, sobre todo de pueblos indígenas, un recelo o una desconfianza frente a las verdaderas posibilidades de desarrollo que esto pueda traer y más bien una sospecha de que este proyecto va a traer más bien beneficios solo a ciertas clases, clase media alta, las clases altas de los contratistas, la gente que está en los negocios de los bienes raíces, etc., pero no realmente las comunidades. No queda claro la manera en que estos proyectos van a integrarse con las comunidades.

Una de las principales voces críticas ha sido la del Ejército Zapatista, que está en Chiapas, muy cerca de esta zona donde estaría el Tren Maya, y ellos se han expresado abiertamente en contra porque creen que es precisamente una continuación, ahora en el ámbito nacional, pero una continuación con este proyecto de desarrollo excluyente para los grupos más marginados.

AMY GOODMAN: Profesor Beck, ¿podría explicar cómo se vería afectado México si Trump decide cerrar la frontera? Ahora él dice que ya no va a cerrarla por el cambio de actitud de AMLO y porque México está impidiendo que las caravanas lleguen a Estados Unidos. ¿Cómo aborda AMLO el tema de la inmigración y cómo afectaría a México el cierre de la frontera? Sabemos que Estados Unidos perdería miles de millones de dólares: desde aguacates a tomates y fresas, sin mencionar otros productos y los efectos perjudiciales que el cierre tendría en las ciudades fronterizas de Estados Unidos, pero ¿cómo afectaría a México?

HUMBERTO BECK: Bueno, México también sufriría bastante, porque como resultado del Tratado de Libre Comercio se ha desarrollado un sistema, digamos, de especialización de la producción de alimentos en la que México provee sobre todo de, como mencionabas, frutas y vegetales a Estados Unidos, pero México consume bastante, por ejemplo, maíz y carnes de Estados Unidos. Entonces sin duda habría problemas de escasez de alimentos.

El cierre de la frontera también tendría efectos muy profundos, negativos, en la vida económica de la zona fronteriza del norte de México que está bastante integrada en términos económicos, culturales, sociales, con el sur de Estados Unidos. Mucha gente trabaja del otro lado de la frontera. Mucha gente va a comprar del otro lado de la frontera. Mucha gente va a estudiar del otro lado de la frontera. Entonces, la interrupción de estos flujos cotidianos yo creo que sería potencialmente caótica y bastante negativa también de este lado de la frontera.

JUAN GONZÁLEZ: Yo quisiera preguntarle acerca de la política en el exterior de AMLO, especialmente acerca de Venezuela. México, junto con Cuba, son los países principales de América Latina que siguen sin querer reconocer a Guaidó como el presidente declarado de Venezuela y en ese sentido se oponen a la política de Estados Unidos.

HUMBERTO BECK: Bueno. Desgraciadamente, en el caso de Venezuela, hay actualmente una situación, como una especie de callejón, dado que las dos actitudes diplomáticas frente a la situación crítica del pueblo venezolano y del Gobierno en Venezuela no han dado muchos frutos.

La política de López Obrador, que hasta cierto punto es compartida por Uruguay, por ejemplo, de no intervenir y más bien buscar una especie de mediación entre la oposición y el Gobierno de Maduro, realmente no ha dado muchos frutos. Ahora, la otra postura, que es la postura de Estados Unidos, de Trump, o de Bolsonaro y de otros países de América Latina, de reconocer a Guaidó como el presidente legítimo, o en funciones, de Venezuela, tampoco ha dado muchos avances.

Maduro sigue teniendo el apoyo de una parte de la población, cada vez menos, pero hay una parte que lo sigue apoyando. Maduro tiene el apoyo del Ejército, y lo que ha traído el reconocimiento de Guaidó como presidente en funciones de Venezuela por estos países es solo la continuación de una especie de situación de gobierno dual en el cual uno de los dos elementos es un gobierno más o menos imaginario.

Yo creo que la postura de México tendría que insistir en alguna forma de mediación. Ahora, recientemente, López Obrador ha reconocido o admitido un ligero cambio en su postura, porque dijo que no se pueden admitir las violaciones a los derechos humanos en Venezuela. Esto ya es un pequeño deslizamiento en un discurso que no es el de la no intervención. Ahora, quizás esto puede ser el origen de una nueva estrategia para facilitar el diálogo que implique un poco más de presión al Gobierno de Maduro.

Una carta que podría jugar el gobierno de México es organizar la mediación alrededor del tema electoral. El Instituto Nacional Electoral de México, la organización, la autoridad que organiza las elecciones en el país, podría compartir con Venezuela, como lo ha hecho con otros países, algo de su conocimiento electoral ya sea para revisar, por ejemplo, la elección de Maduro, de manera que haya una cierta legitimidad o no del resultado, o para llamar a lo que podría ser probablemente la salida a nuevas elecciones pero con el apoyo y la coordinación de un país extranjero como sería México.

AMY GOODMAN: Finalmente, el presidente López Obrador ha pedido al Vaticano y a España que se disculpen por los abusos de la época colonial en México.

HUMBERTO BECK: Esta llamada de López Obrador, esta invitación o petición de López Obrador a España y el Vaticano a pedir disculpas por la conquista y la colonización creo que tiene muchas dimensiones. Está primero la dimensión propiamente histórica y moral del tema. Yo creo que en esa dimensión tiene sentido hablar de alguna forma de disculpas, porque el grado de brutalidad que implicó la conquista y la colonización, el grado explotación de los pueblos originarios de México y la complicidad de la religión católica en ese proceso, pues sí requiere alguna forma de reconocimiento. Quizás “disculpas” no es la palabra, pero tiene que haber alguna forma de reconocimiento de la existencia de ese sufrimiento. A pesar de que han pasado 500 años, los efectos de esa explotación siguen presentes. Sigue presente, por ejemplo, una sociedad que en cierto sentido sigue siendo de castas en México, sigue habiendo un grado enorme de racismo que se deriva de este proceso de colonización española.

Por otro lado, desde el punto de vista diplomático, esta llamada, esta petición de disculpas, probablemente es contraproducente porque más bien un proceso así, una petición de disculpas, tendría que venir de la parte que ofendió, no una exigencia de la parte ofendida. Probablemente en términos diplomáticos es contraproducente. Esto nos lleva a pensar que quizá el efecto político que quería López Obrador crear era más bien en términos de política interna, que quiere contribuir a la creación de este discurso de su apoyo a grupos no privilegiados, a grupos marginados, utilizando este símbolo de la conquista como una forma de explotación.

Ahora es probable que este proceso de reconocimiento del sufrimiento de la conquista y la colonización pues tiene que ir acompañado de un proceso interno de México: así como tendría que pedir disculpas o reconocer los abusos España o el Vaticano, también lo tiene que reconocer el Gobierno mexicano y las élites mexicanas que han continuado, en un proceso de colonización interna, muchos de los abusos de la conquista.

JUAN GONZÁLEZ: Quiero darle las gracias a Humberto Beck, profesor en el Colegio de México y coeditor de “El futuro es hoy: ideas radicales para México”. Esto es Democracy Now!, soy Juan González con Amy Goodman.


Producción y transcripción: Clara Ibarra, Igor Moreno Unanua, Ileán Pérez, Iván Hincapíe, Democracy Now! en Español y Democracy Now!.

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