“El imperio de la IA”: Karen Hao analiza cómo la inteligencia artificial amenaza la democracia y está construyendo un nuevo régimen colonial

Reportaje04 de junio de 2025

El libro “Empire of AI” (El imperio de la IA) de la experimentada periodista especializada en tecnología Karen Hao, revela el creciente poder político y económico de las empresas de inteligencia artificial, en particular Open AI. La investigación realizada por Hao expone la explotación laboral que está teniendo lugar en Kenia, el intento de instalar en Chile una planta que le hubiera quitado a la población cantidades cantidades enormes de agua potable, así como numerosos relatos del impacto perjudicial de la tecnología en el ambiente. “Se trata de una forma particular de desarrollo de la inteligencia artificial que está causando mucho daño a nivel social, laboral y ambiental”, afirma Hao.

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Transcripción
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AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now!, democracynow.org, el informativo de guerra y paz. Soy Amy Goodman, con Juan González.

Pasamos a hablar sobre “El imperio de la IA”. Ese es el título del más reciente libro de la periodista Karen Hao, quien ha reportado en detalle sobre el auge de la industria de la inteligencia artificial, con un enfoque en la compañía de Sam Altman OpenAI, creadora de ChatGPT. Karen Hao compara el comportamiento de la industria de la IA con el de los poderes coloniales en el pasado. En el libro, ella escribe: “Los imperios de la IA no ejercen la misma violencia y brutalidad explícita que caracterizaron esta historia. Sin embargo, ellos también se apropian y extraen recursos valiosos para alimentar su idea de la inteligencia artificial: las obras de artistas y escritores; los datos de innumerables individuos que publican sobre sus experiencias y observaciones en internet; la tierra, la energía y el agua necesarios para albergar y operar centros de datos y superordenadores gigantescos”.

El libro de Karen Hao llega en un momento en el que congresistas republicanos están tratando de evitar que los estados promulguen regulaciones sobre la IA. La Cámara de Representantes de EE.UU. aprobó recientemente el llamado “gran y hermoso” proyecto de ley de presupuesto de Trump, que contiene una disposición para prohibir cualquier regulación de la IA a nivel estatal para la próxima década, lo que constituye una concesión para la industria de la IA. La congresista republicana Marjorie Taylor Greene ha criticado la disposición, a pesar de que votó a favor del proyecto de ley, y escribió en internet: “Seré totalmente honesta, yo no sabía sobre esta disposición… Estoy firmemente EN CONTRA de esto, es una violación de los derechos de los estados y yo hubiera votado 'NO', de haber sabido que esto estaba incluido”. Ella dice que se opondrá al proyecto de ley si la disposición permanece ahí cuando el Senado lo someta a votación.

Para hablar más sobre este y otros temas, nos acompaña la periodista Karen Hao, cuyo nuevo libro acaba de ser publicado, “El imperio de la IA: Sam Altman y su carrera por dominar al mundo”. Hao fue reportera para The Wall Street Journal y la revista MIT Technology Review. Dirige la iniciativa AI Spotlight Series del Centro Pulitzer para capacitar a los periodistas sobre cómo cubrir la IA.

Usted debería capacitar a todo el mundo sobre cómo entender la IA, Karen. Es un libro increíble.

KAREN HAO: Muchas gracias.

AMY GOODMAN: ¿Por qué no comienza hablando sobre el título? ¿A qué se refiere exactamente? Para un público no especializado… Sospecho que gran parte de nuestra audiencia son luditas, así que realmente tiene que explicar…

KAREN HAO: Sí.

AMY GOODMAN: …qué es la inteligencia artificial y la inteligencia artificial general.

KAREN HAO: Sí. La IA es una colección de muchas tecnologías diferentes, pero la mayoría de la gente la conoció a través de ChatGPT. Y el argumento principal del libro, y a lo que se refiere el título, “El imperio de la IA”, en realidad es una crítica de la trayectoria específica del desarrollo de la IA que llevó a la creación de ChatGPT y que ha continuado desde ChatGPT. Y eso es específicamente el enfoque de las grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley de expansión a toda costa en el desarrollo de la IA.

Los modelos de IA en la actualidad son entrenados a base de datos. Necesitan computadoras para entrenarlos con esos datos. Pero lo que hizo Silicon Valley, y lo que ha hecho OpenAI durante los últimos años, es aumentar significativamente la cantidad de datos y el tamaño de las computadoras que necesitan para ese entrenamiento. Estamos hablando de que todo el contenido de internet en inglés fue introducido en estos modelos —libros, artículos científicos, toda la propiedad intelectual que se haya creado— y también de supercomputadoras enormes que utilizan decenas de miles, incluso cientos de miles de chips, y que son del tamaño de decenas, tal vez cientos, de campos de fútbol y usan prácticamente toda la energía que una ciudad requiere para funcionar. Así que este es un desarrollo extraordinario de la IA que está causando mucho daño a nivel social, laboral y ambiental. Y esa es la principal razón por la cual evoco esta analogía con los imperios.

JUAN GONZÁLEZ: Y, Karen, ¿puede hablar un poco más sobre, no solo la energía que se requiere, sino también el agua que requieren estos enormes centros de datos que son, en esencia, la columna vertebral de esta industria en expansión?

KAREN HAO: Absolutamente. Le daré dos estadísticas tanto sobre la energía como el agua. En cuanto a la demanda de energía, la consultora McKinsey publicó un informe recientemente que dice que en los próximos cinco años, según el ritmo actual de la expansión de la infraestructura computacional para la IA, tendríamos que aumentar la cantidad de energía disponible en la red global entre dos y seis veces más de la que se consume anualmente en el estado de California, la cual procederá en su mayor parte de combustibles fósiles. Ya estamos viendo informes de plantas de carbón a las que se les ha extendido su funcionamiento. Se suponía que debían cerrarse, pero ahora no pueden, porque deben contribuir al desarrollo de estos centros de datos. Estamos viendo turbinas de gas metano, sin licencia, que son puestas también al servicio de estos centros de datos.

En cuanto al uso del agua, estos centros de datos requieren agua dulce para su entrenamiento. Esto no puede suceder con cualquier otro tipo de agua, porque puede corroer los equipos y puede conducir al crecimiento de bacterias. Y la mayoría de las veces usan directamente el suministro público de agua potable, porque esa es la infraestructura que se ha construido para llevar esta agua dulce limpia a los negocios y a los hogares. Y, recientemente, Bloomberg realizó un estudio en el que analizaron la expansión de estos centros de datos en todo el mundo, y dos tercios de ellos están siendo construidos en áreas con escasez de agua. Así que los están colocando en comunidades que no tienen acceso al agua dulce. Así que no es solo la cantidad total de agua dulce que se usa lo que debe preocuparnos, sino en realidad cómo está distribuida esa infraestructura en todo el mundo.

JUAN GONZÁLEZ: La mayoría de la gente está familiarizada con ChatGPT y el aspecto comercial de la IA, pero ¿puede hablar sobre el aspecto militar de la IA? Estamos viendo que las empresas de Silicon Valley se están convirtiendo prácticamente en la siguiente generación de contratistas de defensa.

KAREN HAO: Una de las razones por las cuales OpenAI y muchas otras compañías están recurriendo a la industria de la defensa es porque han gastado una cantidad extraordinaria de dinero en el desarrollo de estas tecnologías. Están gastando cientos de miles de millones para entrenar estos modelos. Y necesitan recuperar esos costos. Pero hay muy pocas industrias y muy pocos lugares de donde pueden obtener tales ganancias. Y por eso es que estamos viendo este acercamiento a la industria de la defensa. También vemos que Silicon Valley está usando al Gobierno estadounidense en sus ambiciones de construir imperios. Se podría argumentar que el Gobierno de EE.UU. también está tratando de usar a Silicon Valley, de la misma manera, en sus ambiciones imperialistas.

Pero ciertamente, estas tecnologías no son… no están diseñadas para ser utilizadas en un contexto militar delicado. Por lo tanto, el impulso agresivo de estas empresas para tratar de obtener esos contratos de defensa e integrar sus tecnologías cada vez más a la infraestructura militar, es realmente alarmante.

AMY GOODMAN: Quiero preguntarle sobre los países que visitó, las historias que cubrió allí, porque es increíble la profundidad de sus reportajes, desde Kenia hasta Uruguay y Chile. Usted hablaba antes sobre el uso del agua. Y también quiero preguntarle sobre la energía nuclear.

KAREN HAO: Sí.

AMY GOODMAN: Pero, en cuanto a Chile, ¿qué está pasando allí con estos centros de datos y el agua que usarían? ¿Hay alguna resistencia ante eso?

KAREN HAO: Sí. Chile tiene una historia interesante en el sentido de que ha estado o estuvo bajo una dictadura durante mucho tiempo. Y durante ese tiempo, la mayoría de los recursos públicos fueron privatizados, incluida el agua. Pero, debido a una anomalía, hay una comunidad en la región metropolitana de Santiago que de hecho todavía tiene acceso a una fuente de agua dulce pública que sirve tanto a esa comunidad, como al resto del país en situaciones de emergencia. Esa es la misma comunidad en la que Google decidió que quería construir un centro de datos. Y propusieron que su centro de datos usaría mil veces más agua dulce que la que esa comunidad usaba anualmente.

AMY GOODMAN: Y lo harían gratis.

KAREN HAO: Y eso… La verdad, no lo sé. Esa es una gran pregunta. Pero lo que me dijeron en esa comunidad fue que Google ni siquiera estaba pagando impuestos por esto, porque creían, según lo que leí en los documentos, que los impuestos que Google estaba pagando eran, de hecho, sobre el lugar donde tenían registradas sus oficinas, sus oficinas administrativas, no donde estaban construyendo el centro de datos. Así que la comunidad no estaba obteniendo ningún beneficio directo de ese centro de datos, así como no lograron ningún tipo de control sobre el agua dulce que este centro de datos tendría permitido extraer.

Por lo tanto, estos activistas dijeron: “Espera un minuto. Absolutamente no. No vamos a permitir que este centro de datos se construya, a menos que nos den un motivo legítimo por el que nos beneficie”. Entonces, comenzaron a hacer activismo sobre el terreno, a resistir, llamando a cada una de las puertas de sus vecinos, repartiendo panfletos entre la comunidad, y diciéndoles: “Esta empresa se está quedando con nuestros recursos de agua dulce sin darnos nada a cambio”.

Así que intensificaron su campaña tan dramáticamente que escaló hasta Google Chile. Escaló hasta Google Mountain View, que, por cierto, luego envió representantes a Chile que solo hablaban inglés. Pero luego, eventualmente llegó al Gobierno chileno. Y el Gobierno chileno ahora tiene mesas redondas a las que invitan a estos residentes de la comunidad y a representantes de la empresa y del Gobierno a reunirse para discutir cómo hacer que el desarrollo de los centros de datos sea algo más beneficioso para la comunidad.

Los activistas dicen que la lucha no ha terminado. Solo porque han sido invitados a la mesa no significa que todo sea súbitamente mejor. Necesitan mantenerse vigilantes. Necesitan continuar examinando estos proyectos. Pero hasta ahora, han sido capaces de bloquear el proyecto durante cuatro a cinco años y lograron ese asiento en la mesa.

JUAN GONZÁLEZ: ¿Y cómo están estas compañías occidentales, en esencia, explotando a los trabajadores en el Sur Global? Usted habla de las llamadas empresas de “anotación de datos”. ¿Qué son estás empresas?

KAREN HAO: Sí. Debido a que la IA, los sistemas modernos de IA están entrenados con enormes cantidades de datos, que son extraídos de Internet, en realidad no puedes introducir esos datos directamente en tu modelo de IA, porque hay muchas cosas dentro de esos datos. Están muy contaminados. Necesitan ser limpiados. Necesitan ser analizados. Aquí es donde entran las empresas de anotaciones datos. Se trata de empresas intermediarias que emplean contratistas para proporcionar a estas empresas de IA ese tipo de preparación de datos.

Y OpenAI, cuando estaba empezando a pensar en la comercialización de sus productos y en poner “herramientas de generación de texto que puedan producir cualquier tipo de texto en las manos de millones de usuarios”, se dieron cuenta de que necesitaban tener algún tipo de moderación de contenido. Necesitaban desarrollar un filtro que envolviera estos modelos y evitara que estos modelos escupieran discursos racistas, de odio y de perjuicio para los usuarios. Eso no sería un buen producto comercialmente viable.

Así que contrataron estas empresas intermediarias en Kenia, donde los trabajadores kenianos tenían que leer resmas de los peores textos de internet, así como texto generado por IA, donde OpenAI le daba instrucciones a sus propios modelos de IA para que imaginara el peor texto de internet para luego decirles a estos trabajadores kenianos que detallaran… que los categorizaran en taxonomías detalladas de “¿Es esto contenido sexual?, ¿es esto contenido violento?, ¿qué tan gráfico es ese contenido violento?”, con el fin de enseñar a su filtro todas las diferentes categorías de contenido que tendrá que bloquear.

Y esa es una forma increíblemente poco común de trabajo. Hay muchos otros tipos diferentes de trabajo en los que utilizan contratistas. Pero a estos trabajadores se les paga unos pocos dólares por hora, si se les paga. Y al igual que en la era de las redes sociales, estos moderadores de contenido quedan profundamente traumatizados psicológicamente. Y, en última instancia, no hay una filosofía real detrás del porqué se les paga un par de dólares por hora y ven sus vidas destruidas, y por qué a los investigadores de IA que también contribuyen a estos modelos se les paga paquetes de compensación de un millón de dólares simplemente porque se sientan en Silicon Valley, en las oficinas de OpenAI. Esa es la lógica del imperio, al que se remonta mi título, “El imperio de la IA”.

AMY GOODMAN: Volvamos a su título, “El imperio de la IA”, cuyo subtítulo es: “Sam Altman y su carrera por dominar al mundo”. Cuéntenos la historia de Sam Altman y de qué se trata OpenAI, y hable del acuerdo que acaba de hacer en el golfo Pérsico cuando el presidente Trump, Sam Altman y Elon Musk estaban allí.

KAREN HAO: Altman es mayormente un producto de Silicon Valley. Su carrera empezó como fundador de una “startup”, luego como el presidente de Y Combinator (YC), que es una de las aceleradoras de startups más famosas en Silicon Valley, y luego como CEO de OpenAI. Y no es una coincidencia que OpenAI terminó presentando al mundo esta idea de la expansión al costo que sea en el desarrollo de la IA, porque esa es la forma en que Silicon Valley ha operado todo el tiempo desde que Altman apareció.

Así que es una persona muy estratégica. Es increíblemente bueno para contar historias sobre el futuro y pintar estas amplias visiones de las que inversores y empleados quieren ser parte. Y así, desde el principio en YC, identificó que la IA sería una de las tendencias que podrían despegar. Y estaba tratando de construir una cartera de diferentes inversiones e iniciativas para colocarse en el centro de varias tendencias diferentes, dependiendo de cuál fuera a despegar. Estaba invirtiendo en computación cuántica, estaba invirtiendo en fusión nuclear, estaba invirtiendo en vehículos sin conductor y estaba desarrollando un laboratorio de investigación fundamental para la IA. Al final, el laboratorio de investigación de la IA fue la iniciativa que empezó a acelerarse muy rápido, así que él se nombró director ejecutivo de esa empresa.

Y, originalmente, la comenzó como una organización sin fines de lucro para tratar de posicionarse en oposición a las iniciativas con fines de lucro de Silicon Valley. Pero en un año y medio, los ejecutivos de OpenAI se dieron cuenta que si querían ser líderes en este espacio, “tenían que” optar por este enfoque de expansión al coste que sea… y ese “tenían que” debe ir entre comillas. Ellos pensaron que tenían que hacer esto. En realidad, hay muchas otras formas de desarrollar la IA y progresar en la IA que no adoptan este enfoque.

Pero una vez que decidieron eso, se dieron cuenta de que el cuello de botella era el capital. Y resulta que Sam Altman es un talento único en una generación en cuanto a recaudar fondos. Él creó esta nueva estructura, integrando una división con fines de lucro dentro de la organización sin fines de lucro, para convertirse en este vehículo de recaudación de fondos para las decenas de miles de millones y, en última instancia, los cientos de miles de millones necesarios para perseguir el enfoque que decidieron aplicar. Y así es como finalmente el actual OpenAI, que es una de las empresas más capitalistas en la historia de Silicon Valley, ha seguido recaudando cientos de miles de millones, y, según Altman ha dicho bromeando, incluso billones, para producir una tecnología que, en última instancia, ha tenido un impacto económico medio hasta ahora.

JUAN GONZÁLEZ: Solo tenemos un minuto, pero hable de la relación entre Altman y otros rivales, como Google o Elon Musk.

KAREN HAO: Eso está acelerando el desarrollo de esta tecnología que, de nuevo, como mencioné, está teniendo un impacto medio. Ya vimos, a través de la historia de OpenAI, que todos los ejecutivos que se han ido han creado sus propios rivales. Elon Musk, que era uno de los cofundadores originales, creó xAI. Ilya Sutskever, que era el científico jefe, creó Safe Superintelligence. Mira Murati, que fue la primera directora de tecnología, creó Thinking Machines Lab. Todas ellas están compitiendo ahora para tratar de dominar esta tecnología y tratar de hacerlo en base a su propia imagen.

AMY GOODMAN: Finalmente, ¿puede hablar de este reglamento incluido dentro del llamado “gran y hermoso” proyecto de ley según el cual la IA no puede ser regulada por los estados durante una década?

KAREN HAO: Esto va a consagrar como ley la impunidad de Silicon Valley. Yo llamo a esto “los imperios de la IA” porque ya se están convirtiendo rápidamente en el depredador principal en el ecosistema, siendo capaces de actuar en su propio interés. Y si ese proyecto de ley se aprueba, ciertamente codificaría eso.

AMY GOODMAN: Vamos a grabar una segunda parte de la entrevista y la publicaremos en democracynow.org. Karen Hao es autora de “El imperio de la IA: Sam Altman y su carrera por dominar al mundo”. Mañana en Democracy Now! hablaremos con la periodista británica Carole Cadwalladr sobre cómo sobrevivir a la “broligarquía”.

Tenemos tres vacantes a tiempo completo en la ciudad de Nueva York: productor sénior de noticias, director de audiencias y director de tecnología. Obtenga más información en democracynow.org/jobs.

Democracy Now! está producido por Mike Burke, Renée Feltz, Deena Guzder, Messiah Rhodes, Nermeen Shaikh, María Taracena, Tami Woronoff, Charina Nadura, Sam Alcoff, Tey-Marie Astudillo. Soy Amy Goodman, con Juan González, en otra edición de Democracy Now!

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