
El cierre parcial de los servicios gubernamentales en Estados Unidos, vinculado a la disputa por el presupuesto para el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), está provocando una importante escasez de personal en la Administración de Seguridad del Transporte (TSA, por sus siglas en inglés), una agencia que está dentro del DHS y se encarga de gestionar los procedimientos de seguridad aeroportuaria creados en respuesta a los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center. Hace más de un mes que el personal de la TSA no recibe su sueldo, lo que ha llevado a cientos de renuncias y pedidos de licencias. En momentos que los aeropuertos están funcionando con importantes demoras, nos acompaña Cameron Cochems, vicepresidente de un sindicato que representa a miles de trabajadores de la TSA, quien insta a las personas que tienen viajes programados a usar el tiempo de espera para llamar a sus representantes en el Congreso y pedirles que garanticen “los fondos para la TSA, para que podamos cobrar nuestro salario y volver a trabajar”.
Para cubrir la escasez de personal, el DHS está desplegando agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en varios aeropuertos de Estados Unidos. Actualmente, el ICE está siendo objeto de críticas por el aumento en la contratación de personal sin la adecuada capacitación ni investigación de antecedentes. “Realmente, esto se siente como poner una curita sobre una herida abierta. A nuestro personal no le están pagando y que traigan gente a la que sí le pagan, nos parece un insulto”, señala Cochems, quien añade que el objetivo máximo del Partido Republicano es eliminar las protecciones sindicales y privatizar la TSA.
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