
Frente a la construcción “acelerada” de nuevos centros de datos para impulsar la inteligencia artificial que se extiende por Estados Unidos, también crece el movimiento de resistencia a estos proyectos corporativos a gran escala que carecen de la supervisión pública adecuada. Como explica la activista Astra Taylor, en todo el país se están dando luchas a nivel local que aprovechan el “cuello de botella de este sector” para formular preguntas importantes, que van desde la distribución de la tierra, el agua y los recursos energéticos hasta la gobernanza democrática sobre una industria actualmente impulsada por la “agenda multimillonaria de las grandes empresas tecnológicas”. Quienes impulsan la IA consideran que el desarrollo de esta tecnología es inevitable, pero Taylor afirma: “Creo que muchas personas son más escépticas al respecto. […] Eso es, en parte, lo que significa tener una gobernanza democrática sobre la IA, el poder decir: 'No, no necesitamos que esta tecnología se apodere de todas las facetas de nuestra existencia'”.
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