
El brote de ébola que se está expandiendo por el este de la República Democrática del Congo ya ha matado al menos a 177 personas y la Organización Mundial de la Salud dice que se han reportado más de 750 casos sospechosos tanto en República Democrática del Congo como en el país vecino de Uganda. Según funcionarios de salud, antes de que se identificara el brote, el virus puede haberse propagado durante meses sin ser detectado, por lo cual hay una preocupación de que la escala de contagios pueda ser mucho mayor de lo estimado inicialmente. La epidemia se ha propagado cientos de kilómetros, llegando hasta la provincia de Kivu del Sur, que actualmente se encuentra bajo el control de la Alianza del Río Congo, de la cual forma parte el grupo rebelde M23, que actúa con el respaldo de Ruanda.
Desde Kinshasa, nos acompaña Jimmy Munguriek, director para República Democrática del Congo de la organización Resource Matters, quien plantea que el acceso deficiente a las carreteras, las instalaciones médicas insuficientes y el estigma local que existe sobre la enfermedad están dificultando el abordaje de la crisis. “El brote de ébola es realmente un problema muy urgente en la región de Mongbwalu” señala.
También hablamos con Matthew Kavanagh, director del Centro de Políticas de Salud Global de la Universidad de Georgetown, quien sostiene que tanto los recortes impuestos por Estados Unidos a la cooperación internacional, como la decisión del Gobierno de Trump de retirarse de la Organización Mundial de la Salud están obstaculizado la respuesta al ébola. “No es solo el brote de un virus. Esta es realmente una epidemia […] impulsada por decisiones políticas”.
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