
A raíz de la tercera muerte ocurrida en la cárcel del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) conocida como Delaney Hall, en Newark, Nueva Jersey, conversamos con Gabriela Soto, cuyo esposo, Martín Soto, fue uno de los líderes de la huelga de hambre llevada a cabo en mayo por internos de esta cárcel para inmigrantes. Mientras estaba en huelga de hambre, Martín fue trasladado al Centro de Detención Elizabeth, la otra instalación del ICE en Nueva Jersey. Gabriela demanda el cierre de ambas instalaciones.
“Al principio luchaba por mi esposo, pero luego comencé a conocer a todas estas personas que son inocentes y las que hacen grande a este país”, dice Soto, quien atribuye el aborto espontáneo que sufrió recientemente al estrés de tener a su esposo detenido. “Todavía estoy de luto”, cuenta. “Para mí, este también es un asesinato del ICE”.
Al mismo tiempo, el inmigrante salvadoreño Edwin López-Cornejo murió en Delaney Hall el sábado 29 de julio, tras seis semanas de reclusión. Es el tercer inmigrante que muere en esta cárcel del ICE, que comenzó a operar en mayo de 2025. La madre de López-Cornejo, María Cornejo, dice que su hijo tomaba medicamentos para controlar la diabetes, las convulsiones y la presión arterial, pero que desde su detención no venía recibiendo sus medicamentos de manera regular. En un comunicado, el Servicio de Inmigración declaró que López-Conejo experimentó una “emergencia médica” y fue trasladado al Hospital Universitario de Newark, pero María Cornejo dice que su hijo murió en Delaney Hall.
Existen demandas judiciales por negligencia médica presentadas por más de 70 personas detenidas en Delaney Hall. Esa negligencia fue uno de los factores que llevaron a la huelga de hambre. “Estas personas no están recibiendo la atención médica que necesitan, particularmente en lo que se refiere a trastornos crónicos de salud, gestaciones y cánceres”, señala Analilia Mejía, congresista demócrata por Nueva Jersey. “Ser indocumentado no debería ser una sentencia de muerte”.
Transcripción
AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now!, democracynow.org. Soy Amy Goodman, con Anjali Kamat.
ANJALI KAMAT: En Nueva Jersey, un inmigrante salvadoreño murió el 1 de agosto tras permanecer recluido durante seis semanas en la tristemente célebre cárcel del ICE en Newark, conocida como Delaney Hall. Edwin López Cornejo es al menos la persona número 23 en morir bajo custodia del ICE solo este año, mientras que más de 50 inmigrantes han muerto en esa situación desde que el presidente Trump regresó a la presidencia.
La madre de López Cornejo, María Cornejo, dijo que su hijo tomaba medicamentos para controlar la diabetes, las convulsiones y la presión arterial, pero que no había recibido sus medicamentos con regularidad desde que fue detenido. Ella dijo que habló por última vez con su hijo el 31 de julio, cuando informó de un entumecimiento en el lado derecho de la cara y en la mano derecha, y dijo que lo iban a someter a pruebas médicas. Inmigración afirmó que López Cornejo sufrió una “emergencia médica” el 1 de agosto y fue trasladado al Hospital Universitario de Newark.
María Cornejo habló con la organización Movimiento Cosecha a través de una conexión en vivo el 3 de agosto y dijo que su hijo había vivido en Estados Unidos durante unos 20 años y que fue detenido por el ICE en junio cuando se dirigía al trabajo en Plainfield, Nueva Jersey.
MARÍA CORNEJO: Es un dolor muy profundo. Mi hijo. Estos señores andan agarrando a la gente trabajadora. Y, no sé, él cayó en manos de ellos, mi hijo. No sé cómo fue el trato que me le dieron allá adentro, pero lamentablemente mi hijo falleció. Y yo de allí no he tenido ningún tipo de llamada relacionada con de donde él falleció. Porque él no falleció en el hospital, él falleció en el centro de detención. Ya me llamaron del hospital a mí, que él cuando llegó ya iba fallecido. Lamentablemente ya no pudo ver a su hija. Su hija se llama Ashley López. Tiene 12 años la niña. La han dejado huérfana. Dejaron huérfana a su hija… mi hijo, y me deja con un dolor muy profundo. Yo no quiero que otra madre siga pasando lo mismo que yo estoy pasando. Yo lo que quiero es justicia.
ANJALI KAMAT: El 4 de agosto, casi un centenar de personas se manifestaron en Highland Park para pedir el cierre de Delaney Hall, rezar y escuchar a los seres queridos de los detenidos. Ashley Cornejo, la hija de 12 años de Edwin López Cornejo, se dirigió a la multitud.
ASHLEY CORNEJO: Mientras estaba detenido, perdió 18 kilos. Y cuando yo vi esos videos en las noticias sobre él, decía que los trataban horriblemente y que su cara y sus manos estaban entumecidas y que los tenían esposados. Cada vez que lo esposaban, sus manos se ponían de color púrpura. Tenía presión arterial alta y diabetes. Y se negaron a darle su medicación y le restaron importancia a sus quejas. Ellos saben que son responsables. Saben que son culpables. Pero quieren mentir al respecto para no sentirse culpables. No son inocentes en absoluto.
AMY GOODMAN: Ashley tiene 12 años. Delaney Hall es gestionada por la compañía penitenciaria con fines de lucro GEO Group.
Para profundizar en el tema, nos acompañan dos invitadas. La congresista demócrata Analilia Mejía, quien ha pedido el cierre de Delaney Hall, y Gabriela Soto, esposa de Martín Soto, quien estuvo detenido en Delaney Hall de febrero a mayo, cuando fue transferido al Centro de Detención de Elizabeth tras ayudar a organizar una huelga de hambre en Delaney. Bienvenidas a Democracy Now!
Comencemos con la Congresista Mejía. Usted ha solicitado el cierre de Delaney Hall. Hable sobre Edwin Cornejo López. ¿Qué le han dicho las autoridades de la prisión con fines de lucro a usted, una miembro electa del Congreso de Estados Unidos?
REP. ANALILIA MEJÍA: En primer lugar, gracias por abordar este tema. Y de nuevo, me alegra mucho saber que también está hablando con Gabi, quien ha estado luchando tan intensamente en nombre de su esposo y de los inmigrantes detenidos en Delaney Hall.
GEO Group, que dirige Delaney Hall, y CoreCivic, que dirige el Centro de Detención de Elizabeth, son dos de los contratistas más grandes que nuestro Gobierno utiliza para gestionar estos centros de detención. Y estas empresas han vuelto cada vez más difícil para los representantes, como yo, acceder a esas instalaciones y hablar con los detenidos. Han hecho casi imposible, en realidad imposible, que los funcionarios estatales de salud entren y determinen si las condiciones en estos centros de detención son realmente seguras.
Pero esto es lo que he podido comprobar en las múltiples veces que he estado en ambos centros de detención: en primer lugar, el personal de estas instalaciones simplemente no parece capaz de atender adecuadamente las necesidades de los detenidos, en particular las de quienes presentan problemas de salud crónicos. Lo noté el primer día que entré a uno de estos centros de detención. Escuché a varios detenidos que dijeron que no estaban recibiendo su medicación de forma correcta para sus problemas de salud crónicos; y que a menudo les daban un puñado de píldoras y no sabían qué contenían realmente ni si eran las adecuadas.
En un caso, al visitar a una de las personas que represento, que se veía que estaba en mal estado de salud, e ir con ella a la unidad médica, pudimos determinar al final de mi visita que había estado recibiendo una cuarta parte del medicamento para la diabetes que su médico le había recetado, y no porque su médico lo cambiara, y no porque la detenida lo pidiera, sino porque alguien dentro del centro de detención tomó esa decisión sin siquiera consultar con su médico o llamar a la farmacia o a su familia para confirmar la cantidad de medicamento que solía tomar. Esto, a mí, y lo dije de inmediato, me parece un abuso médico y le puede costar la vida a una persona. Y me temo que esto es lo que le sucedió al señor Edwin.
Pero tenemos claro que las personas no están recibiendo el tipo de asistencia sanitaria que realmente necesitan, sobre todo en el caso de enfermedades crónicas, embarazos y cánceres. Ser indocumentado no debería ser una sentencia de muerte.
ANJALI KAMAT: Quiero traer a Gabriela Soto a esta conversación. Ella es la esposa de Martín Soto, quien estuvo detenido en Delaney Hall desde febrero y que, en mayo, fue trasladado al Centro de Detención de Elizabeth, en Nueva Jersey, tras ayudar a organizar una huelga de hambre en Delaney. Gabriela, bienvenida de nuevo a Democracy Now! ¿Cómo se encuentra y cómo está su marido?
GABRIELA SOTO: Hola, buenos días, muchas gracias por tenerme de vuelta. Mi esposo está mentalmente derrotado. Mi esposo ya no sabe qué más hacer, qué más pensar. Desde que lo han trasladado del centro de Delaney a Elizabeth, él ha estado en [confinamiento] solitario, desde el 25 de mayo. Y yo le tuve que dar la noticia a mi esposo, en mediante el [confinamiento] solitario, que he perdido a nuestra hija. Yo tuve que empezar a analizar todo en cómo decirle. Tenía que… no sabía ni cómo darle esa noticia. Y eso es lo que está malo con el sistema, que nos están poniendo en un estado donde no podemos ni hacer nada, ni para defender a la gente, ni para defender a nuestros familiares. Nos están encerrando por quién sabe qué razón. Y yo me siento bien mal porque yo he tenido que enterarme del sexo de mi embarazo cuando ya iba a perder mi embarazo. Yo no pude ni darle un nombre. Y yo me enteré de nuestra bebé cuando ya falleció.
ANJALI KAMAT: Gabriela, nuestras más profundas condolencias por su aborto espontáneo. ¿Puede visitar a su esposo, Martín? Usted ha dicho que él ha estado en régimen de aislamiento durante los últimos tres meses. ¿Y cuáles son las últimas noticias de la huelga de hambre?
GABRIELA SOTO: Yo lo visito a mi esposo, pero porque él es, entre comillas, un peligro para el país, entonces no lo puedo visitar todos los días. Eso depende de la guardia que está allí y que da las visitas. Sí, el sistema de visitas es diferente que en Delaney. En Delaney te daban ciertos días y te daban cierto tiempo. Elizabeth es todos los días y es una hora al día, pero por la misma razón que está en solitario, su horario es diferente. Y ya ha estado aquí casi tres meses.
Lo único que yo quiero decir de Delaney Hall y del centro de Elizabeth es que se tiene que cerrar, pero antes de que se cierre ese centro se tiene que liberar a esta gente, porque esta gente no está haciendo nada malo. Más bien los inmigrantes son los que hacen este país mejor: crean las pistas en cual manejamos, crean las casas en que vivimos, la comida que comemos, hacen todo por nosotros. Y no debemos hacer esto. Y yo quiero… Esto tal vez no es un [asesinato por parte del] ICE, pero para mí sí lo fue. Para mí sí. Porque si mi esposo nunca estuviera en ese centro, yo estaría ahorita bien de estado. Si nunca hubiera pasado todo lo que ha pasado, si nunca lo hubieran trasladado, si nunca le hubieran hecho daño, yo nunca habría estado en tanto estrés para perder mi embarazo. Y estar buscando cada avenida solo para poder liberarlo por un sistema que no es justo.
Y debemos tener justicia para Edwin también, porque no es la primera persona que muere en Delaney Hall ni [a] manos de los agentes de ICE. No es la primera persona y tenemos que pelear para [lograr] justicia para estas personas, porque estas personas no nos están haciendo nada. Y yo estoy bien confiada en mi fe de que esos centros se deben cerrar y debemos liberar a la gente, porque antes de cerrar un centro toda la gente tiene que ser liberada.
AMY GOODMAN: Gabi, usted estuvo en nuestro estudio, aquí en Nueva York, a donde vino de Nueva Jersey, justo después de que Martín fuera transferido, y nos habló sobre quién es su esposo. ¿Puede compartir de nuevo lo que le sucedió a Martín mientras lideraba la huelga de hambre? ¿Por qué fue arrestado inicialmente, y que hizo en Delaney Hall, la cárcel operada por el Grupo GEO, antes de ser transferido a la cárcel de Elizabeth, operada por CoreCivic, ambas empresas privadas con fines de lucro?
GABRIELA SOTO: Mi esposo es un buen padre, es un buen esposo, es un buen hijo. Mi esposo no es una mala persona. No es un criminal. Él no es nada malo. Él tiene un corazón enorme. Por eso estoy luchando por él, porque mi esposo es todo para mí. Yo lo conocí desde que tuve 19 años y yo sé que es la misma persona que yo conocí. La misma persona de la cual yo me enamoré.
A él lo agarraron en la calle como a la mayoría de todas las personas que estaban allí en esos centros, los agarraron en la calle, en el trabajo, en su almuerzo, en la casa. Él estuvo recogiendo pañales, estuvo en la calle solo porque ese día yo me olvidé que no había pañales en la casa, entonces lo mandé para que él salga. Y allí lo agarraron. Yo me enteré como a las diez o diez y media de la noche cuando recibí una llamada de un “prison jail number”. Y allí es cuando ya supe que era ICE. Ya supe. Y yo me siento mal porque mi esposo… Yo necesito a mi esposo en la casa, yo quiero a mi esposo en la casa. Estos meses sin él… Lo extraño tanto.
ANJALI KAMAT: Gabriela, ha habido más de 70 personas detenidas en Delaney Hall que presentaron demandas por negligencias médicas, y acabamos de conocer la muerte de Edwin Cornejo también bajo custodia del ICE. ¿Puede hablar sobre lo ocurrido cuando formó parte de las protestas frente a Delaney y cuando su esposo lideraba la huelga de hambre dentro de esa cárcel? ¿Se hablaba sobre la cuestión de las negligencias médicas?
GABRIELA SOTO: A cada rato, a cada rato. Desde que mi esposo entró a esas [instalaciones] en el 1 de febrero era a cada rato, de todos, de todas las personas. Porque yo empecé a hacer horas voluntarias en la carpa blanca yo creo que en abril o terminando marzo. Y yo empecé a entrar a las visitas para hablar con otros detenidos y a cada rato yo sabía por experiencia personal, por las personas que ayudamos, porque tratamos de hacer formularios para que le den sus medicamentos. Yo sé que la ignorancia del sistema médico que hay adentro de estas [instalaciones] es injusta. Yo sé también porque cuando mi esposo entró a este país hace dos años, él también estuvo en varios centros. Durante cuatro meses él estuvo detenido y estuvo detenido en siete centros en cuatro meses, y a cada rato, cuando se enfermaba, era un sistema donde tenían que siempre estar pidiendo una solicitud hasta para una pastilla pequeña.
El sistema está tan corrupto que no… cuando todo empezó no empezó por la ignorancia de la situación médica, empezó… yo creo que lo último que fue para que esté colapsado y se haga toda esta huelga que se ha hecho era por la atención médica que no recibían, era por la comida que estaba expirada, fea, helada, todo. Era por la manera que no les prestan atención. Son las maneras porque son racistas. Son varias cosas que hasta lo último, porque todos estaban aguantando tanto, hasta que una semana antes del 22 de mayo les dieron comida de gusanos. Eso ya le colapsó el vaso a todos los detenidos en la unidad dos, todos. Hasta los detenidos cuando subieron a la unidad empezaron todos a llamar a la carpa blanca, a sus familiares y a todos. Yo lo sé porque yo estaba allí, no solo mi esposo me ha llamado, sino también otros detenidos me han llamado después de eso diciéndome lo que ha pasado y que le cuente a la carpa blanca. Y mientras todas las personas en la carpa blanca ya estaban se enterando de esto, entonces quisimos hacer una [manifestación] para las familias, para nosotros poder sentir una voz, para pelear por nuestros familiares.
AMY GOODMAN: Gabi, antes de terminar, ¿hay novedades en el caso de Martín? ¿En qué punto está el proceso mientras él sigue en aislamiento en la cárcel del ICE de Elizabeth?
GABRIELA SOTO: No hay actualización. No hay nada todavía.
AMY GOODMAN: Gabriela, continuaremos siguiendo su caso y los casos de tantos otros encarcelados en cárceles del ICE en todo el país. Gabriela Soto es la esposa de Martín Soto, quien estuvo detenido en Delaney Hall de febrero a mayo, cuando fue transferido a la cárcel de Elizabeth después de ayudar a organizar una huelga de hambre en Delaney. Para ver esta entrevista en inglés y nuestras otras entrevistas con Gabriela, visite democracynow.org. Soy Amy Goodman, con Anjali Kamat. Gracias por acompañarnos.







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