“Somos perseguidos por un sistema injusto”: activista por los derechos de los inmigrantes habla desde la iglesia donde ha tomado refugio en Colorado

Original en Español09 de febrero de 2018
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Mientras el presidente Donald Trump continúa su campaña de acoso contra las comunidades de inmigrantes, cada vez más inmigrantes buscan refugio en iglesias de todo el país para evitar la deportación. Un nuevo informe llamado “Santuario en el gobierno de Trump” indica que en Estados Unidos hay al día de hoy más personas refugiadas que en cualquier otro momento desde los años ochenta. Hoy escuchamos a otra líder activista por los derechos de los inmigrantes que ha decidido refugiarse en una iglesia: Sandra López, quien enfrenta una posible deportación a México tras vivir en Colorado por 17 años. Sandra López es madre de tres niños nacidos en Estados Unidos: Alex, Edwin y Areli.

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Esta transcripción es un borrador que puede estar sujeto a cambios.

AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now! Soy Amy Goodman. Mientras el presidente Donald Trump continúa su campaña de acoso contra las comunidades de inmigrantes, cada vez más inmigrantes buscan refugio en iglesias de todo el país para evitar la deportación. Un nuevo informe llamado “Santuario en la era de Trump” indica que en Estados Unidos hay a día de hoy más personas refugiadas que en cualquier otro momento desde los años ochenta.

Hoy escuchamos a otra líder activista por los derechos de los inmigrantes que ha decidido refugiarse en una iglesia: Sandra López, quien enfrenta una posible deportación a México tras vivir en Colorado por 17 años. Sandra López es madre de tres niños nacidos en Estados Unidos: Alex, Edwin y Areli. Escuchemos a Sandra López hablando ante un grupo de manifestantes que marcharon a la Iglesia Unitaria Universal de Two Rivers en Carbondale, Colorado, como parte de la Marcha de Mujeres realizada a finales de enero.

SANDRA LÓPEZ: Todos somos defensores de los derechos humanos. Y pienso que la dignidad humana no está sobre un papel legal. He perdido el miedo a levantar mi voz. ¿Por qué?, porque soy humana, tengo sentimientos, igual que tú. Amo a mis hijos igual que tú.

AMY GOODMAN: Hace algunas semanas visité a Sandra López en la casa parroquial de la Iglesia Unitaria Universal de Two Rivers en Carbondale, Colorado. Mi primera pregunta fue por qué vino a Estados Unidos hace 17 años.

SANDRA LÓPEZ: He vivido aquí por alrededor de 17 años. Decidí ser una líder social en Colorado después de que fui detenida por no tener una identificación de Colorado. El policía me puso bajo orden de arresto y de inmediato me entregó al Servicio de Inmigración. Fui muy mal representada por una abogada y caí en deportación.

AMY GOODMAN: ¿Podría explicarnos cómo llegó a Estados Unidos, de dónde es, qué edad tenía cuando decidió venir y cómo fue su viaje hacía el norte?

SANDRA LÓPEZ: Bueno, yo llegué a Estados Unidos con mi esposo. Teníamos muchos sueños. Por supuesto, vengo escapando de un gobierno corrupto, de la pobreza y de la violencia. Llegamos con muchos sueños, muchas ilusiones los dos porque somos humanos, somos gente pobre, honesta y trabajadora, y tenemos sueños sueños de salir adelante. Pero lamentablemente el ser inmigrante en este país tiene un precio muy alto y somos perseguidos injustamente. Muchas veces, injustamente, solo por no tener un documento legal aquí en Estados Unidos.

AMY GOODMAN: ¿Cuántos años tenía cuando llegó a Estados Unidos?

SANDRA LÓPEZ: Tenía alrededor de 24 años, podría decir. Imagínense, fue muy peligroso. Yo intenté cruzar la frontera con mi esposo. La persona que nos iba a ayudar a cruzar estaba totalmente ebria, y yo le dije a mi esposo cómo vamos a cruzar con este hombre, míralo, se cae de borracho; es muy peligroso. Si vamos con él, en el camino podemos tener un accidente grave, podemos perder nuestras vidas. Yo me negué, me negué rotundamente. Estábamos en un grupo grande como de unas 13 personas. Nos pusimos a hablar, a analizar la situación, y nos negamos. Nos pusimos de acuerdo y decidimos no venir con él. Le dije a él, a ese coyote, “por favor, déjanos en el desierto porque prefiero estar durmiendo en el desierto que arriesgar mi vida contigo”. “Si vas a cruzarme, ven en buen estado”. Después, dormimos toda esa noche en el desierto y estuvimos como un día y medio sin agua. Teníamos mucha hambre y veíamos cómo pasaban escorpiones cerca de nosotros. Vimos inclusive hasta una víbora. La verdad es que no dormimos durante esa noche por el miedo. Pero después llegó él en buen estado y logramos pasar.

AMY GOODMAN: ¿Cómo terminaron viviendo acá, en Carbondale?

SANDRA LÓPEZ: Ahora vivo en Carbondale, donde lógicamente estoy viviendo con miedo, mucho miedo: estoy bajo las sombras del miedo. Estoy siendo perseguida por no por no tener un documento. Lo que ellos no entienden es que mi mejor documento legal es ser madre. No necesito un documento legal para ser madre y poder defender el amor de mis hijos. Yo por ellos doy todo, doy mi vida. Doy todo por mis hijos y por mi familia. Cualquier sacrificio que yo haga por ellos, cualquier cosa, va a valer la pena porque para mí no tiene sentido lo material o el dinero. Para mí lo que tiene sentido es el papel que yo he tenido toda mi vida con ellos: ser madre. Ser madre o ser padre es una gran carrera, tan hermosa. Y ahora estoy siendo amenazada de ser separada de mis hijos, y eso ha lastimado profundamente mi corazón y mis sentimientos.

AMY GOODMAN: Hábleme sobre sus hijos. ¿Cuántos años tienen? ¿Cuáles son sus nombres? ¿Dónde están viviendo ahora?

SANDRA LÓPEZ: Uno de mis hijos es Alex. Él tiene 19 años. Cumplió 19 años la semana pasada aquí en el santuario. Él estudia en la Universidad Mesa Colorado en Grand Junction. Consiguió un trabajo para poder pagar sus estudios porque yo era quien lo apoyaba en sus estudios pero ya no puedo hacerlo. Dejé mi trabajo, mi casa, mis hijos, mi hogar de madre. Dejé todo para estar en este momento aquí evadiendo la deportación, y de alguna forma poder estar con ellos. Mi hijo Edwin González está en la Escuela Media. Ellos tienen clases de lunes a jueves, y él se queda aquí conmigo, en el santuario, jueves, viernes y sábado. Eso me da mucha alegría. Mi hijo Alex puede venir a visitarme sólo a veces porque estudia y trabaja. Él está estudiando Mecánica en la universidad. Y tuve que traer a mi hija Areli, de casi dos añitos, conmigo. Areli cumplió dos años aquí en el santuario e hicimos una pequeña celebración. Fue una decisión muy difícil traer sólo a mi hija conmigo al santuario.

AMY GOODMAN: ¿Por qué decidió que Edwin, su hijo de 13 años, no se viniera con usted, sino que se quedara con su marido, y en cambio, sí decidió traerse a Areli, su hija de dos años?

Bueno, fue una decisión muy difícil. El 19 de octubre fue el último día que desperté a mi hijo y lo alisté como madre para ir a la escuela. Le di un abrazo grande y lloré mucho. Cuando le di un abrazo, le dije: “Te quiero mucho. I love you too much”, y le dí un beso. Él también me dio un abrazo. No quise que él me viera llorar, entonces, cuando me fui, me di vuelta para que no viera mi cara de tristeza. Ese fue el último día que lo alisté para que fuera a la escuela. Decidí que mi hijo Edwin de 13 años se quedara con su padre porque él está pasando por muchos cambios. Lo que está pasando es un cambio enorme. A nuestros hijos les hacen un daño psicológico enorme. Este sistema separa a las familias y eso genera un daño permanente de por vida. Es un sistema que daña sus corazones

AMY GOODMAN: ¿Podría contarme qué pasó en ese primer encuentro con la Policía y el Servicio de Inmigración en 2010 que le puso a usted en el radar de las autoridades de inmigración?

SANDRA LÓPEZ: Fue el día más triste de mi vida. Mi esposo y yo tuvimos una pequeña discusión. A los niños les enseñan a marcar el 911, y mi niño, que tenía como unos cuatro años, marcó y colgó el teléfono. Después, llegó la policía preguntando qué estaba pasando y dijimos que nada, que no pasaba nada, y el oficial empezó a hacer preguntas. Mi esposo no respondió ninguna pregunta, y yo tampoco. Él jamás me acusó, ni yo a él, porque habíamos tenido una simple discusión de pareja que se podía resolver en cualquier momento. Cuando el policía me preguntó si yo tenía una identificación de Colorado, dije que no tenía y él inmediatamente cambió su comportamiento conmigo. Me gritó, ordenó mi arresto y me puso las esposas. Mi esposo preguntó: “¿qué puedo hacer por mi esposa?”. “No puedes hacer absolutamente nada”, fue la respuesta del policía. Él me entregó inmediatamente al Servicio de Inmigración. Esa misma noche, en la madrugada, fui entrevistada por un agente del Servicio de Inmigración por teléfono. Tuve mi entrevista con el Servicio de Inmigración, y fui acusada con cargos que no eran correctos. Me arrestan por violencia doméstica.

Mi esposo estaba tan indignado por esa acusación. El habló con el fiscal. Hablaron mucho. El fiscal le dijo: “no te preocupes, he estudiado muy bien el caso de tu esposa y vamos a retirar los cargos”. Ellos quitaron los cargos en mi contra por violencia doméstica. El juez me dijo, cuando estuve frente a él, “ojalá, Sandra, en Migraciones tenga compasión por ti”. El juez me dijo eso porque sabía a qué sistema me estaba enfrentando. Es un sistema injusto que está separando muchas familias.

Como líder, los invito a que jamás perdamos nuestra dignidad, que defendamos nuestros derechos. No dejemos que nos separen de nuestros hijos o de nuestros seres queridos. La vida es muy corta, la puedes perder en un segundo, como para vivir reprimidos. Nos reprimen sólo porque somos pobres. Pienso que hay leyes que están hechas sólo para la gente pobre como yo. Pero soy digna, levanto mi frente y digo “aquí estoy, aquí estoy”. Soy una inmigrante honesta y trabajadora que alza su voz por los 11 millones de inmigrantes que vinieron a trabajar, que vinieron con el sueño de salir adelante. Jamás perdamos esa dignidad de defender nuestros derechos. Amamos a nuestros hijos, y amamos ser libres y tener paz y libertad pero somos perseguidos por un sistema injusto.

AMY GOODMAN: Justo antes de que decidiera refugiarse en la iglesia, usted estaba a punto de presentarse ante el Servicio de Inmigración, como lo había hecho cada año hasta ese momento. ¿Qué le hizo pensar que esta vez podría ser diferente?

SANDRA LÓPEZ: Tenía una cita con el Servicio de Inmigración cada año porque así es como trabajan ellos. Cada año, tenía que firmar un papel que decía que no podía salir de Estados Unidos. ¡Qué ilógico firmar algo así! Pocos días antes del 19 de octubre del año pasado, Migraciones anuló una orden de suspensión de deportación que me permitía estar en Estados Unidos. Cuando mi abogado me dio la noticia, yo sabía lo que eso representaba. Imagínate: el 19 de octubre tenía mi cita con Migraciones a las nueve y media y un día antes mi abogado me cita muy preocupado y me dice que me negaron esa suspensión de deportación. Le dije que yo conocía el riesgo. Si ellos negaron esa orden, voy a ser arrestada, voy a entrar a este sistema injusto y voy tener que pagar una fianza de probablemente 5000 o 7000 dólares, gastando más dinero en un sistema en el que ya he tenido que gastar alrededor de 28 mil dólares.

He tratado de hacer todo lo posible para poder estar en el país legalmente y no he podido. La verdad es que no he podido. No voy a entrar de nuevo al sistema y pagar ese dinero siendo que estoy limpia, que no he hecho nada. Y después de pagar esa fianza podría quizás salir, y quedarme dentro de Estados Unidos, o no, y ser inmediatamente deportada a mi país, México. Cómo iba a ir sabiendo que podía ser arrestada inmediatamente y estar en un centro de detención de Migraciones no sé cuánto tiempo —dos semanas o un mes— y que iba a ser separada de mis hijos, de mi futuro. Iba a ser arrancada de mi hogar. Yo no iba a ir dispuesta a ser arrestada por qué así me iban a separar de mi hogar, de mis hijos, de mi vida, de mi futuro. ¿Cómo voy a ir dispuesta a algo así, como si nada estuviese pasando? Tomé la decisión valiente de tomar santuario. No es una decisión fácil. Estoy aquí evadiendo la deportación para poder estar con mis hijos.

AMY GOODMAN: ¿Sus hijos son ciudadanos estadounidenses?

SANDRA LÓPEZ: Mis hijos son ciudadanos. Mis tres hijos son ciudadanos. Tengo una vida hecha con mi esposo, toda una vida, aquí en Estados Unidos. He construido una vida aquí con sueños e ilusiones. Es muy lamentable tener que trabajar sólo para otros. Así es desde que entras a este sistema, que te daña mucho psicológicamente y económicamente. Esa es la verdad. Por lo que levanto mi voz y digo que somos perseguidos y que somos un negocio enorme para el Servicio de Inmigración. Todos los inmigrantes somos un negocio porque pagamos mucho dinero. Nos venden un sueño muy caro. Perdemos tiempo y pagamos miles y miles de dólares. Es dinero que tiramos nomás a la basura.

Estoy aquí dando mi cara y diciendo: tengan compasión y cambien esas leyes injustas. ¿De qué sirve esa hermosa historia que hay detrás de la Estatua de la Libertad? Desde este santuario, estoy dando mi cara. Todos en el movimiento santuario estamos reclamando por esa historia que hay detrás de la Estatua de la Libertad. ¿De qué libertad estamos hablando? Mire mi cara, mire dónde estoy. Estoy en una iglesia evadiendo la deportación después de pagar miles y miles de dólares, de trabajar sólo para otra gente como una esclava. ¿Eso es libertad? No, no lo es. Ya basta. Levantemos nuestra voz. Defendamos nuestra dignidad diciendo aquí estamos, cambien esas leyes injustas.

AMY GOODMAN: Hemos visitado a otras personas que buscaron refugio aquí en Colorado, en la Primera Iglesia Unitaria de Denver: Arturo Fernández y Jeanette Vizguerra. El congresista Jared Polis presentó y logró que se aprobara lo que se denomina un “proyecto de ley privado”, con el fin de ofrecerles protección y finalmente ellos pudieron abandonar la iglesia. Ingrid Latorre también tomó santuario. ¿Qué importancia tuvieron sus experiencias para usted?

SANDRA LÓPEZ: He tenido contacto con ellos, con Jeanette, Ingrid, Rosa y Araceli aunque nunca con Arturo. Los que tomamos la decisión de tomar santuario nos conectamos, tenemos una conexión enorme. Hablamos por Skype de nuestras historias y nuestras experiencias, y aprendemos mucho uno del otro. Porque ser líder tiene un precio alto. Hablamos de las estrategias, sobre qué vamos a hacer, cuál es nuestro siguiente paso. Tenemos que tener siempre estrategias para poder salir adelante y para defender nuestra dignidad como seres humanos que somos. Juntamos esas estrategias y las ponemos en práctica para luchar por nuestra dignidad como seres humanos, para salir adelante. Juntamos esas ideas como líderes que somos y aprendemos mucho uno del otro.

Ese permiso para quedarse por seis meses que le dieron a Ingrid o ese “proyecto de ley privado” que se le dio a Jeanette y Arturo, eso es algo insignificante. No es nada prácticamente lo que están ofreciendo frente a todo este dolor, todo este trabajo, toda esta angustia que estamos pasando aquí los inmigrantes. No es nada porque es mucho lo que nosotros vivimos. Es mucho estrés lo que pasamos aquí. ¿Este es el sueño americano? Me pregunto cuántos estarán avergonzados de lo que nos hacen. Sé que hay mucha gente bonita que se avergüenza de cómo nos tratan. Hay gente muy bonita, de buen corazón, que nos ama, que nos aprecia, que nos ayuda y que está aquí con nosotros apoyándonos. Esa es la gente que necesitamos tener alrededor de nosotros. Ser líder no es fácil porque ellos quieren separar a los líderes pero estamos en contacto y estamos unidos. Me indignó mucho lo que pasó con Eliseo Jurado, el esposo de Ingrid. De verdad me afectó mucho y afectó mucho a todos porque es como un ataque al movimiento santuario. Me afectó mucho como madre y como esposa, y también como amiga que soy de Ingrid. Nos ha afectado mucho. Quiero decirle a Ingrid que no está sola. Nos tiene a todos nosotros en el movimiento santuario. Toda su comunidad va a apoyar al esposo de Ingrid.

Lo que pasó es un ataque. Ellos quieren debilitarnos, generar miedo y separarnos pero no van a poder. Tendremos que ser más astutos. Tendremos que organizar nuestras ideas y salir adelante. Salir del miedo y de las sombras y levantar la voz. El dicho dice “divide y vencerás”, pero vamos a estar fuertes y unidos en nuestras manos. Vamos a defender nuestra dignidad y a defender el movimiento santuario. Esta es mi opinión personal.

AMY GOODMAN: Acabamos de escuchar a Sandra López, quien buscó refugio en una casa parroquial en Carbondale, Colorado, donde todavía se encuentra. Hablé con ella el 13 de enero, solo dos días después de que los agentes del Servicio de Inmigración arrestaran al esposo Ingrid Latorre, otra líder activista por los derechos de los inmigrantes de Colorado que se encuentra refugiada en una iglesia. Su esposo, Eliseo Jurado, fue arrestado por seis agentes de Inmigración mientras hacía las compras en un supermercado, en lo que muchos consideran una represalia contra el llamado movimiento santuario.

Agradecimientos especiales a Laurel Smith, Sophia Clark, Denis Moynihan y Charlie Roberts.

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