Continúa la acción de protesta en Arizona contra la construcción del muro fronterizo de Trump y para proteger un álamo de más de 200 años

Original en Español20 de agosto de 2026
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En la pequeña ciudad fronteriza de Lochiel, Arizona, se ha instalado un campamento de protesta con el fin de impedir que contratistas federales construyan un nuevo tramo del muro impulsado por el presidente Trump en la frontera con México. En el centro del campamento de protesta hay un álamo de 200 años de antigüedad conocido como árbol “abuela”, sobre el cual activistas mantienen una sentada para detener físicamente su destrucción.

“La gente está logrando obligar al Gobierno a detener, ralentizar o al menos cambiar de rumbo en la construcción del muro fronterizo”, dice el periodista John Washington, redactor del medio queer Lookout y autor de varios libros sobre inmigración. “Están dejando muy en claro que esta es una lucha tanto ambiental como política”.

Transcripción
Esta transcripción es un borrador que puede estar sujeto a cambios.

AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now! Democracynow.org. Soy Amy Goodman.

Hoy vamos al sur de Arizona, donde continúan las protestas contra la construcción de una sección del muro fronterizo. En la localidad de Lochiel, activistas predominantemente queer y LGBTQ con expresiones femeninas están liderando un campamento de protesta para evitar que contratistas federales tumben antiguos álamos. En el centro del campamento de protesta hay un álamo de 200 años conocido como árbol “abuela”.

Democracy Now! habló con una de los activistas el 18 de agosto. Esta es Refugio.

REFUGIO: Estamos aquí protegiendo un árbol álamo abuela de 200 años. Son sagrados para los pueblos Tohono O’odham y Yaqui, que son algunos de los pueblos originarios de la región. El Valle de San Rafael, donde se encuentran estos álamos, es uno de los lugares más bellos e importantes para la migración de animales, la vida silvestre. En mi opinión, siento que este es uno de los lugares más libres que aún existen a lo largo de estas tierras fronterizas.

Estamos ocupando árboles a ambos lados de la frontera. Tenemos gente del otro lado de la frontera en donde aún no se ha construido, están del lado de México, del lado de La Noria, y ahora mismo tenemos esta zona, este tramo donde no está el muro, no se ha construido, porque lo hemos estado deteniendo con nuestra presencia. Estamos siendo vigilados por una compañía de seguridad privada, que irónicamente se llama VisionQuest. Estamos siendo vigilados por la Patrulla Fronteriza. Estamos siendo vigilados por el ejército, está el puesto 101 y estamos siendo vigilados por la oficina del sheriff de Santa Cruz.

AMY GOODMAN: Poco después de que hablamos, Refugio y otra persona fueron detenidas temporalmente por la policía mexicana. En un comunicado emitido tras la detención, los manifestantes dijeron que habían visto la sentada de protesta en los árboles del lado mexicano siendo, y cito textualmente, “atacada por la policía estatal mexicana” y que se habían “movilizado para apoyar a sus compañeros mexicanos”. Los activistas fueron liberados sin cargos.

Para más, vamos a Tucson, Arizona, donde nos acompaña el periodista John Washington, reportero de Lookout. Washington es autor de varios libros, el más reciente de los cuales se titula “Cómo cerrar un campo de detención: crónicas de la lucha contra la detención de inmigrantes”.

John, ¿puede hablar sobre la importancia de esta protesta en un árbol abuela al tiempo que vemos cómo se paró la construcción del muro fronterizo en el parque nacional Big Bend en Texas, a casi mil kilómetros de distancia? ¿Por qué la gente en la frontera está tan alarmada?

JOHN WASHINGTON: Pues la historia de este momento no es tanto lo que está construyendo en términos del muro fronterizo de la administración, sino que la gente está logrando obligar a que el Gobierno detenga, ponga en pausa, o al menos cambie el rumbo de la construcción. Y, como los activistas han estado recordando a la gente, el muro fronterizo es una herramienta que inflige sufrimiento y muerte.

Y cuando dicen eso citan al propio Gobierno, a la política del Gobierno en particular, una política que se llama “Prevención a través de la disuasión”, que viene del 1994. Entonces, lo que tenemos ahora es que mientras el Gobierno está intentando hacer el muro más fuerte, más rígido, las personas allá que están adentro [sic] de los árboles han vuelto este movimiento más binacional o multinacional y un movimiento que atraviesa fronteras.

AMY GOODMAN: John, ¿cómo se conectan estas protestas locales con sentadas en lo alto de árboles con las historias de detenciones de inmigrantes a nivel nacional sobre las que ha escrito en su nuevo libro “Cómo cerrar un campo de detención: crónicas de la lucha contra la detención de inmigrantes”?

JOHN WASHINGTON: Lo que estamos viendo es que aún con billones de dólares, con más dinero que muchos de los ejércitos en todo el mundo, gente normal puede [proteger] a su comunidad, proteger a su familia y realmente disuadir a un Gobierno de imponer unas herramientas y políticas que matan o hacen sufrir a las personas.

Entonces, es muy parecido a mucho de lo que vimos en Mineápolis, en Chicago, en Los Ángeles el año pasado o antes en este año: que gente normal puede presentarse y lograr detener esta política que está poniendo en peligro a las comunidades en la frontera, y también a nuestras comunidades en todo el país.

AMY GOODMAN: Hable del desvío deliberado de migrantes hacia rutas mortales, a lo que creo que llaman “estrategia de prevención mediante la disuasión”. ¿Cómo se alinea este proyecto fronterizo en Lochiel con el modelo histórico de leyes migratorias que tienen un impacto mortal?

JOHN WASHINGTON: Sí. Por más de tres décadas [hemos tenido] una política que deliberadamente empuja a los que están buscando libertad, seguridad, a los migrantes. Les empuja a cruzar la frontera en unas partes que son más peligrosas. Entonces, el Gobierno sabía que ellos iban a morir y lo que vemos es que, después de tres décadas, esa es una de las secciones de una frontera más peligrosa y más mortífera en todo el mundo.

Entonces lo que están haciendo ahorita en otras partes de la frontera es una continuación de esa misma política y cuesta muchísimo dinero y no da resultados buenos para nadie y mata a las personas.

AMY GOODMAN: En nuestro programa cubrimos una historia sobre el Parque Nacional Big Bend y cómo los republicanos se estaban uniendo a los demócratas y a activistas locales en oposición a la construcción de la infraestructura del muro fronterizo, no necesariamente el muro en sí, sino la infraestructura de vigilancia, etc., en este venerado parque en Texas. ¿Está viendo un apoyo similar por parte de todo el espectro político a estas sentadas en árboles contra la construcción del muro fronterizo en Arizona?

JOHN WASHINGTON: Hay un poquito de eso, pero no tanto como estamos viendo en Texas. Aquí la situación es un poquito diferente en la frontera y divide a los republicanos y los demócratas. Pero, sí, en otras partes del país, especialmente con los nuevos campos de detención que el Gobierno quería poner en Georgia, en Luisiana, y en otras partes, [incluso en] sitios muy, muy republicanos, ellos tampoco quieren esos centros de detención en su ciudad. Entonces allí es donde más estamos viendo eso ese impulso para enfrentar al Gobierno y a sus planes, pero aquí en Arizona, un poquito menos, pero, en la Nación Tohono O’odham, muchos rechazan al muro fronterizo, incluso aunque algunos de ellos, tal vez, en el pasado han apoyado a los republicanos.

AMY GOODMAN: Al inicio hablamos sobre la sentada de protesta en un álamo conocido como árbol “abuela”. Hasta ahora se han removido tres álamos. Usted ha escrito que el Gobierno de Trump ha suspendido 66 leyes federales y 24 leyes de contratación para construir este doble muro de unos 43 kilómetros. ¿Puede hablar del precedente legal que se crea al pasar por alto tantas leyes para construir este muro fronterizo?

JOHN WASHINGTON: Pues en la historia de la construcción del muro fronterizo hemos visto mucho de lo mismo, que intentan evitar o niegan seguir las leyes. Lo que es un poquito más nuevo ahorita es, no solamente como leyes que protegen al medio ambiente, sino también leyes que protegen a la ley en sí, cómo contratan a una compañía para hacer esa construcción. Entonces, estamos viendo que el Gobierno está dando, o regalando más bien, muchísimo dinero, 1.000 millones de dólares a compañías, corporaciones, que están en favor de esta administración.

AMY GOODMAN: Hablemos de las tierras y la soberanía de los nativos estadounidenses. La Nación Tohono O’odham emitió recientemente una orden de “prohibición de entrada” para bloquear la construcción del muro en sus tierras tribales. Hable sobre la importancia de esto.

JOHN WASHINGTON: Pues, están intentando todavía buscar una manera de hacer una pausa, o cancelar más bien esta construcción. Intentaron primero a través de las cortes y la semana pasada recibieron de un juez federal un dictamen que dice que pueden seguir construyendo. Pero el Gobierno de [la Nación] Tohono O’odham dice que lo más probable es que van a apelar y puede llegar a la Corte Suprema. Vamos a ver que pasará allá.

Pero, además de usar esa lucha o luchar en las cortes, también están poniendo advertencias de que no pueden pisar, que nadie puede pisar si no eres Tohono O’odham, no puedes pisar su territorio. Y eso es algo que es muy directo para pausar o [evitar] que los que están construyendo lleguen a su territorio. No sé cómo van a imponer esa regla, pero vamos a ver en los próximos días o semanas.

AMY GOODMAN: John, en su nuevo libro, “Cómo cerrar un campo de detención”, usted escribe: “El primer y más crucial paso para cerrar un campo es estar en contra del campo, no de un campo, no de ese campo, no de un campo recientemente propuesto, o de este atroz campo en particular, sino en contra del campo como concepto, en contra del campo como práctica, de todos los campos, de encerrar a las personas por su origen o su ubicación”. Hable más sobre esto.

JOHN WASHINGTON: Pues sí, como vimos en la historia, esos campos de concentración o campos de detención, como estamos viendo ahorita en los Estados Unidos, son ejemplos de los peores momentos en la historia humana. Y no estamos llegando a ese nivel ahorita en los Estados Unidos, pero es un peligro y están intentando poner más y más y más gente dentro de esos campos, donde sufren terriblemente, mueren a un nivel que no hemos visto en décadas o tal vez nunca. Y hay gente que tal vez está como en contra de esa idea, pero, si queremos cerrar esos campos de detención, si queremos traer la lucha como a un nivel más amplio que solamente protestar, tenemos que entender que el campo de concentración, o campo de detención, es una herramienta para dividir y matar, y eso es lo que es y esa es la lucha que tenemos en frente de nosotros. Y tenemos que estar en contra de no solamente una instancia de sufrimiento o una muerte, o protestar por un segundo y llegar a las calles, pero tenemos que estar en contra de todo el concepto.

AMY GOODMAN: John Washington, muchas gracias por estar con nosotros, periodista del medio Lookout, quien nos habló desde Tucson, Arizona. Su nuevo libro se titula “Cómo cerrar un campo de detención: crónicas de la lucha contra la detención de inmigrantes”. Para ver nuestra entrevista en inglés, y también la cobertura de las protestas contra la construcción del muro fronterizo en el parque Big Bend, visite democracynow.org. Soy Amy Goodman, gracias por acompañarnos.

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