¿El fin de la presidencia de Evo Morales? Debate sobre la crisis política en Bolivia

Original en Español14 de noviembre de 2019
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En Bolivia, la senadora de derecha Jeanine Áñez se autoproclamó presidenta el martes por la noche a pesar de la falta de quórum en el Congreso, en medio de una crisis política cada vez más profunda en el país. Evo Morales, el primer presidente indígena de Bolivia, dejó el país el lunes tras recibir asilo político en México. Morales anunció su renuncia el domingo pasado después de que las fuerzas militares bolivianas exigieran su renuncia en un mensaje televisado. El partido Movimiento al Socialismo, al que pertenece Evo Morales, se ha negado a reconocer a la nueva presidenta, calificando su reclamo de ilegal, y ha denunciado que la renuncia de Morales fue un golpe militar. El mes pasado, Evo Morales fue reelegido para un cuarto mandato tras unas elecciones que sus oponentes describieron como fraudulentas. Morales se postuló para un cuarto mandato después de impugnar ante la Justicia el límite de mandatos refrendado en un referéndum en 2016. El martes, la Organización de Estados Americanos celebró una reunión de emergencia en Washington D.C., donde el embajador de EE.UU., Carlos Trujillo, leyó un comunicado del presidente Trump aplaudiendo la renuncia de Evo Morales y advirtiendo de que lo ocurrido debería “mandar un firme mensaje” a Venezuela y Nicaragua. México, Uruguay, Nicaragua y el presidente electo de Argentina han denunciado la salida de Morales del poder como un golpe de Estado. La renuncia de Morales ha generados protestas y enfrentamientos en todo Bolivia.

Para ahondar en este asunto presentamos un debate sobre la crisis política en Bolivia. Desde La Paz nos acompaña Pablo Solón, embajador ante la ONU del Gobierno de Evo Morales hasta 2011. Y desde Massachusetts, nos acompaña Kevin Young, profesor asistente de Historia en la Universidad de Massachusetts y autor de “Sangre de la Tierra: nacionalismo de recursos, revolución e imperio en Bolivia”.

Transcripción
Esta transcripción es un borrador que puede estar sujeto a cambios.

AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now!, democracynow.org. Soy Amy Goodman. En Bolivia, la senadora derechista Jeanine Añez se declaró nueva presidenta del país, a pesar de la falta de quórum en el Congreso, el mismo día en que el presidente boliviano, Evo Morales, aterrizó en México, país que le ofreció asilo político tras haber renunciado, en lo que Morales describió como un golpe de Estado, poco después de que el Ejército boliviano exigiera su renuncia. Esta es Jeanine Añez.

JEANINE AÑEZ: Como presidenta de la Cámara de Senadores asumo de inmediato la presidencia del Estado, prevista en el Orden Constitucional, y me comprometo a asumir todas la medidas necesarias para pacificar el país.

Jeanine Añez sostenía una Biblia al momento de proclamarse como presidenta y afirmó que “la Biblia regresa al palacio presidencial”. Otro líder de la derecha, Luis Fernando Camacho, ingresó al palacio de gobierno con una Biblia, poco antes de la renuncia de Morales. A su salida, un pastor simpatizante de Camacho dijo: “Nunca más volverá la Pachamama al Palacio de Gobierno. Bolivia es para Cristo”. El partido Movimiento al Socialismo, al que pertenece Evo Morales, se ha negado a reconocer a la nueva presidenta, y ha denunciado que la renuncia de Morales fue un golpe militar.

El mes pasado, Evo Morales fue reelegido para un cuarto mandato tras unas elecciones que sus oponentes describieron como fraudulentas. Morales se postuló para un cuarto mandato después de impugnar ante la Justicia el límite de mandatos refrendado en un referéndum en 2016. Morales renunció poco después de aceptar la petición de la Organización de Estados Americanos de que se realizaran nuevas elecciones. El martes, Morales habló desde México.

EVO MORALES: Pero también quiero decirles hermanas y hermanos mientras tenga la vida seguimos en política. Mientras tenga la vida sigue la lucha y estamos seguros que todos los pueblos del mundo tienen el derecho a liberarse.

La partida de Morales ha provocado manifestaciones y enfrentamientos en todo Bolivia. Ese mismo día, sus partidarios salieron a las calles en la capital boliviana, La Paz.

MANIFESTANTE: Queremos aclarar, bien claramente, que la Policía Nacional se ha vendido por la plata de Estados Unidos, con el señor Camacho. Por eso ha sido el motín. Bien claro ha sido. Con esa plata trabajada. Ahora, ¿quién nos defiende? Nadie. Por eso El Alto está totalmente molesto con la Policía Nacional.

Para ahondar en este asunto hoy vamos a debatir sobre la crisis política en Bolivia. Desde La Paz nos acompaña Pablo Solón, embajador ante la ONU del Gobierno de Evo Morales hasta 2011 y ex jefe negociador sobre cambio climático de Bolivia. Y desde Massachusetts nos acompaña Kevin Young, profesor asistente de Historia en la Universidad de Massachusetts. Young es autor de “Sangre de la Tierra: nacionalismo de recursos, revolución e imperio en Bolivia” y editor de “Haciendo la revolución: historias de la izquierda latinoamericana”. Bienvenidos a Democracy Now! Comencemos con Pablo Solón. ¿Cree que lo que ocurrió fue un golpe de Estado?

PABLO SOLÓN: Yo creo que decir que es un golpe de Estado es simplificar la realidad. Lo que ha habido en Bolivia es una rebelión popular muy grande contra el abuso de poder, contra un fraude. Y esta rebelión popular obviamente combina a sectores de diferente tipo, sectores de ultraderecha, sectores que vienen de la izquierda, sectores de campesinos, sectores de indígenas que no aceptan que haya una nueva burla, porque hubo una burla por parte de Evo Morales cuando convocó al referéndum el año 2016 y no respetó los resultados de ese referéndum. Evidentemente, el Gobierno cometió fraude. Este fraude no solo fue advertido por la Organización de Estados Americanos, sino que aquí en Bolivia hubo diferentes informes, diferentes investigaciones que mostraron muchas evidencias de cómo este fraude había ocurrido. Y, obviamente, cuando hay un fraude, y este fraude ocurre en favor del candidato que es el presidente, genera una [explosión] social, que es lo que hemos vivido. Que las fuerzas de derecha reaccionarias van a aprovecharse —y se están aprovechando— es cierto, pero tenemos que aprender a reconocer nuestros errores, porque esta situación se provocó por esta adicción al poder de Evo Morales y de sectores de la izquierda.

AMY GOODMAN: Kevin Young, ¿qué opina al respecto?

KEVIN YOUNG: Un golpe de Estado se define simplemente como la destitución no constitucional de un presidente antes de su término presidencial. En el caso de Bolivia hay un presidente elegido, que es Evo Morales, y según la Constitución él debe haber salido de la presidencia el día 21 de enero de 2020. Entonces lo que tenemos sí es un golpe. Y es un golpe también porque el día domingo 10 de noviembre sale el líder máximo de las Fuerzas Armadas bolivianas, el general Kaliman, exigiendo que salga el presidente. Así que es, sí, un golpe militar. Pero eso no quiere decir que no haya complejidades en esta situación. No quiere decir que todos los opositores al Gobierno sean los mismos. Eso no es cierto tampoco. Hay mucha diversidad dentro de la oposición y hay que reconocer que sí, como dice Pablo, hay gente progresista, gente indígena, gente trabajadora, que también han movilizado manifestaciones muy grandes. Mucha de esa gente tiene quejas muy legítimas con el gobierno de Evo. Pero eso no cambia la definición del golpe. Sigue siendo un golpe aunque sea complejo.

AMY GOODMAN: Pablo Solón, ¿qué tiene que decir al respecto? Morales pudo haber continuado su mandado hasta enero de 2020.

PABLO SOLÓN: En los hechos tenemos que ver… Lo que tú estás describiendo, Kevin, es que los militares fueron y lo obligaron a firmar su renuncia, y esto no es cierto. Eso pasó en Bolivia, por ejemplo, en el golpe militar contra Lidia Gueiler. La obligaron a firmar la renuncia. Los militares lo que dijeron fue “no vamos a salir a las calles, vamos a mantenernos. Y sugerimos que lo mejor, dada la situación, es que renuncie”. Y cuando Evo Morales renuncia no tiene a los militares con sus tanques yendo a tomar el Gobierno. Mi opinión sobre los militares es que los militares… Uno, la cúpula militar estaba del lado de Evo Morales. Kaliman tiene manifestaciones públicas a favor totalmente de Evo Morales y en contra de la oposición. Pero llegado el momento de ver “salimos a las calles a defender a Evo Morales cuando ya el fraude sea evidencial y nos arriesgamos a acabar siendo posteriormente enjuiciados y encarcelados, como ocurrió después de la participación de los militares en la represión de octubre del 2003, o nos quedamos”. Los militares, la cúpula militar, que es pro Evo Morales, decidió no salir. Y le sugiere que renuncie porque la situación es inmanejable debido a que existe ya un motín policial que se ha extendido a todo el país. Tú haces una descripción de los hechos que es de manuales de golpes militares que he vivido, pero que no es lo que ahora he podido constatar aquí en Bolivia. Y esto es muy importante. Ahora, esto no quiere decir que, luego, los militares han salido. Pero, ¿han salido por qué? Los militares tardaron dos días en salir a las calles. ¿Por qué? Porque no querían hacerlo y solo salieron cuando la policía les pide y les dice: “Nos están desbordando, se han quemado casi una decena de estaciones policiales, de cuarteles policiales. Han saqueado armas. ¿Quiénes han saqueado armas?: grupos del MAS, grupos vandálicos que han ido a atacar a la policía, han desbordado”. Y entonces los militares dicen: “Bueno, vamos a salir a coordinar con la policía para controlar a estos grupos vandálicos”. Ahora, no tengo ninguna confianza, ni fe, ni devoción en absoluto en los militares. Es un peligro que salgan a las calles; siempre es fuente de muertes y lo mejor es que vuelvan los más rápido posible a sus cuarteles. Pero afirmar que los militares lo que quieren es tomar el Gobierno en la actual situación boliviana me parece un despropósito.

AMY GOODMAN: Kevin Young, ¿cuál es su respuesta?

KEVIN YOUNG: Bueno, no todos los golpes parecen iguales, ¿no? Obviamente esto en Bolivia en estos días no es un golpe militar clásico en el sentido de Chile, 1973, cuando había tanquetas en las calles, cuando los militares bombardearon el palacio presidencial. Eso no está ocurriendo. Sí estoy de acuerdo con eso. Pero no todos los golpes parecen iguales. En el ejemplo de Honduras en 2009, los militares destituyeron al presidente Zelaya pero dieron el poder a un presidente supuestamente civil. Entonces, ellos no asumieron directamente el poder, pero igual fue un golpe. Entonces, hay que recordar también el día domingo, cuando Evo ofrece llamar a las nuevas elecciones, reemplazar todo el Tribunal Supremo Electoral, pero los militares dicen que no, que hay que salir. Entonces, en ese momento, por varias horas, había otra opción, de llamar a las nuevas elecciones, pero los militares escogieron otra opción.

PABLO SOLÓN: Tu descripción no es correcta.

AMY GOODMAN: Pablo Solón, usted perdió a su hermano durante la dictadura. Podría explicar qué le sucedió. Ciertamente conoce las intervenciones de Estados Unidos. Estados Unidos ha estado involucrado en golpes de Estado de la CIA en Bolivia en 1952, 1964, 1970 y 1980. ¿Le preocupa que Estados Unidos se aproveche de lo que está pasando ahora mismo en Bolivia? ¿Le preocupa la implicación de Estados Unidos en lo que está pasando y que el embajador de Estados Unidos ante la Organización de Estados Americanos diga que ven esto como un mensaje para Venezuela y Nicaragua?

PABLO SOLÓN: Efectivamente, mi familia ha sido víctima de las dictaduras militares. Mi hermano José Carlos es un detenido desaparecido de la dictadura de Banzer. Lo que menos deseo es que los militares vuelvan al Gobierno o estén en las calles. Sin embargo, tenemos que analizar los hechos, aunque no nos guste. Y ver por qué ha ocurrido esto. Primero, por los profundos errores y violaciones cometidos por el gobierno de Evo Morales y por el fraude que ocurre en la elección. Y porque se desata una situación de violencia en el país muy grave, una situación de violencia contra sectores populares, sectores de clase media, de parte de grupos del MAS y grupos vandálicos. Violencia que genera también contra-violencia contra ministros o exministros del Gobierno de Evo Morales, contra alcaldes… En fin, es una situación de violencia creciente. Ahora, esto le favorece a las fuerzas del imperialismo y el imperialismo lo va a tratar de utilizar, como ya lo está haciendo. Yo coincido en que el rol principal en Estados Unidos de todos los activistas de derechos humanos y de la izquierda es tratar de evitar cualquier intervención de parte de Estados Unidos, de la Casa Blanca sobre la situación política boliviana. Eso es fundamental. Esto es un asunto que lo debemos resolver entre los bolivianos, sin intervención del imperialismo norteamericano. Pero tenemos nosotros también que ver la realidad y la realidad es que la oferta que hace Evo Morales, después de veinte días de movilizaciones y de protestas, de nuevas elecciones con un nuevo Tribunal Electoral era ya una propuesta en extremo tardía y era el reconocimiento implícito de que había habido fraude. Porque, hasta ahora, Evo Morales no ha salido a decir —y Kevin, por favor, me puedes decir si no es así— “el informe de la OAS [OEA] está equivocado”. El último informe. ¿Por qué cambiar al Tribunal Electoral si el informe de la OAS no estaba equivocado? Y lo que ocurre es que cuando dice “vamos a convocar elecciones, va a haber un nuevo Tribunal Electoral” la gente dice “bueno, no confiamos en que Evo Morales pueda hacer una nueva elección limpia e imparcial cuando él permitió e incluso organizó esta elección que ha sido totalmente amañada”. En ese contexto, no es que los militares vienen y le fuerzan a él. Los militares se hacen a un lado. Pero el hacerse a un lado, para Evo Morales, es una situación muy grave porque tiene un motín policial. No puede seguir adelante. Entonces él hace su última carta: renuncia y se va al Chapare esperando que haya una gran protesta, un levantamiento popular de ese 40 % de la población que todavía lo apoya, y que lo vuelva a llevar al Gobierno. Pero lo que tenemos no es eso. Tenemos grupos vandálicos con algunos sectores sociales que salen a las calles y, por el contrario, se va creando más un sentimiento en contra de Evo Morales, no a favor. Lejos de ganar más adeptos, va perdiéndolos totalmente en aquellos sectores que probablemente tenían aún una posición indecisa.

Ahora, ¿qué toca en Bolivia hacer? Tenemos que organizar lo más rápidamente posible elecciones, con un Tribunal Electoral totalmente imparcial, y garantizar que esas elecciones sean absolutamente limpias. Ahora, esto solo se puede hacer si el MAS, si Evo Morales deciden participar y discutir “bueno, ¿cómo hacemos este Tribunal Electoral?¿Cómo se lo organiza?”; porque si no lo hacen, entonces resulta que es un callejón sin salida que solo lleva a mayor confrontación, a mayor violencia y que va a ser aprovechado aún más por estos sectores fascistas y de derecha. Entonces, ¿qué va a hacer Evo Morales? ¿Por qué yo no estoy de acuerdo con el discurso de golpe? Porque lleva a la conclusión: “Bueno, hubo un golpe, entonces yo no negocio nada, solo mi retorno”. ¿Y eso adónde nos lleva? A que no hay salida.

AMY GOODMAN: Profesor Kevin Young, ¿tiene pruebas de que Estados Unidos o la CIA estén involucrados en lo que está sucediendo en Bolivia, en el derrocamiento de Evo Morales? ¿Qué tiene que decir sobre lo que ha planteado Pablo Solón? ¿Le preocupa que el presidente Morales se postulara para un cuarto mandato?

KEVIN YOUNG: Primero que nada, quiero reconocer que le tengo mucho respeto a Pablo y a su familia. Respeto mucho su trabajo durante todos estos años, la historia de su familia y todo. Y le creo cuando nos dice que no quiere una vuelta al pasado de las dictaduras militares. Y espero que tenga razón, que pueda haber una solución pacífica, civil, en este momento a la crisis. También coincido en que, de nuevo, el Gobierno de Evo Morales no está sin culpa; comparte una parte de la culpa. Pero en cuanto a la solución, debe ser la responsabilidad de los propios bolivianos. Según el orden constitucional, Evo Morales debe poder terminar su mandato en la presidencia hasta enero del 2020. Pero después de eso, yo creo que es un asunto para que decidan los bolivianos y espero que sí pueda haber una solución pacífica, civil, entre el Congreso, entre los masistas y la oposición. En este momento no soy tan optimista, pero espero que sea así.

AMY GOODMAN: Profesor Kevin Young, hay un tuit que ha circulado respecto a que justo antes del golpe de Estado contra Evo Morales, su Gobierno anunció un plan para nacionalizar la lucrativa industria del litio e involucrarse directamente en el mercado global, en lugar de exportarlo a bajos precios a Occidente. ¿Cree que esto tuvo algo que ver con el derrocamiento de Morales?

KEVIN YOUNG: Yo creo que la importancia de este asunto del litio es un poco exagerada en este momento. Seguramente los recursos naturales —el estaño, el petróleo, el gas y ahora, en el siglo XXI, el litio— son preocupaciones principales de Estados Unidos, del imperio. Eso sí es cierto. Pero en este momento yo sospecho que este asunto del litio no sea tan central. Pero, bueno, no sabemos. No tenemos las pruebas de qué exactamente está haciendo el Gobierno de Estados Unidos en Bolivia. Sabemos que sí está apoyando el golpe, pero no tenemos los detalles, que me imagino van a salir a la luz en algunos meses, algunos años, en el futuro. Porque pues, obviamente, el Gobierno está escondiendo la mano. Entonces no sabemos los detalles, pero lo que sí sabemos es que está apoyando de alguna manera el golpe en contra de Evo.

AMY GOODMAN: Embajador Solón, ¿cómo responde a la idea de que hubo un golpe de Estado en contra de Morales por querer nacionalizar la industria del litio?

PABLO SOLÓN: Es un absurdo total. Porque quien firmó el contrato fue Evo Morales. O sea, no es que el litio estaba privatizado o entregado a una transnacional antes de la llegada de Evo Morales y Evo Morales vino y quiso nacionalizarlo. No es así. Fue Evo Morales quien firmó un contrato pésimo con una empresa alemana, muy pequeña, para que esta empresa explotara y produjera hidróxido de litio por setenta años sin pagar regalías al Estado y con una serie de concesiones que eran inaceptables. En Potosí, el Comité Cívico de Potosí se movilizó varios meses antes de las elecciones para pedir que se derogara ese contrato. Evo Morales no quiso hacerlo, a pesar de toda la presión, y solo lo hizo a último momento cuando creyó que derogando ese decreto podría bajar las protestas en Potosí que se daban por el fraude que había ocurrido el 20 de octubre. Entonces, no es así. Si nosotros afirmáramos esto, tendríamos que decir que Alemania estaría detrás del golpe, porque la empresa era alemana, no era norteamericana. Es un absurdo total que no me imagino cómo ha podido crecer tanto. O sea, es el ejemplo del “fake news” más grande que he visto en relación al tema del litio y Bolivia.

AMY GOODMAN: Pablo Solón, ¿qué opina sobre los comentarios de Jeanine Áñez, quien se ha autoproclamado presidenta de Bolivia, en los que dice que va a traer la Biblia de vuelta a Bolivia y al Congreso? ¿Y también sobre lo que dijo Luis Fernando Camacho, del que muchos consideran proviene del movimiento fascista de Bolivia, de que “Cristo volvió al Palacio de Gobierno”?

PABLO SOLÓN: Nosotros, en la nueva Constitución, dijimos que tenemos un Estado laico y, por lo tanto, no comparto en absoluto ningún discurso que trate de poner la Biblia en el Gobierno. Tenemos que respetar todas las creencias religiosas y garantizar la libre expresión de todas estas creencias. En relación a manifestaciones anti-indígenas, contra la Pachamama o contra la bandera indígena, la whipala, estas son absolutamente deplorables. Sin embargo, tenemos que ver que, después de estas manifestaciones, quienes las hicieron tuvieron que retroceder totalmente. Hace unos días se bajó la bandera indígena de la plaza principal en la ciudad de La Paz. Sin embargo, el día de ayer, el día de anteayer ya se la volvió a subir y la presidenta interina ha aparecido diciendo que va a respetar la bandera indígena. Personalmente creo que muchas de las conquistas que se han logrado en términos de los pueblos indígenas, aymaras, quechuas, de su simbología, se van a mantener, porque es imposible dar marcha atrás. Esto provocaría un agravamiento del actual conflicto, de la violencia. Por lo tanto, no creo que esto vaya a prosperar. Veo más bien una intención de querer pacificar la situación y de avanzar hacia ese proceso electoral con una corte electoral lo más independiente posible. No comparto las posiciones políticas en absoluto de los que están en la presidencia transitoria, pero ¿cuál es la salida en el caso boliviano actualmente? Decir, como Kevin, que vuelva Evo Morales a completar su mandato hasta el 21 de enero es decir “vayamos a una guerra civil en Bolivia”. Tenemos que ser serios. ¿Cómo va a volver Evo Morales después de todo lo que ha pasado? No es posible. Hay que poner un Gobierno de transición y facilitar esta transición lo más rápido que se pueda. Y en esto tiene que participar el Gobierno de Evo Morales o, discúlpeme, Evo Morales desde el exilio, y hay que hacer todo para que las fuerzas de derecha no crezcan y para que el imperialismo norteamericano y otros imperialismos, tanto el ruso como el chino, no intervengan en los procesos electorales en Bolivia y este sea un tema que se lo defina entre los Bolivianos.

AMY GOODMAN: Embajador Solón, ¿cree que hay alguna posibilidad de que Evo Morales regrese de su exilio político en México?

PABLO SOLÓN: No veo ninguna posibilidad de que Evo Morales vuelva para completar su mandato hasta el 20 de enero. Imposible. Definitivamente. Que Evo Morales, de aquí a algunos años, podría ser una opción es algo que uno no puede decir “no” categóricamente. Lo veo muy difícil en el actual contexto. Que vuelva ahora para continuar hasta enero del próximo año, imposible.

AMY GOODMAN: Kevin Young, hablando en específico sobre un posible cuarto mandato de Morales, ¿le causó inquietud que lo intentara? ¿Cree que no debió hacerlo y que violó la Constitución al intentar ser reelegido para un cuarto mandato?

KEVIN YOUNG: Bueno, hay una discusión mucho más amplia aquí que podríamos tener ¿no?, sobre los límites de términos para los presidentes, si son legítimos o no. En Estados Unidos no teníamos límites de términos para los presidentes hasta el año 1951. El Reino Unido sigue sin límites de ese tipo para el cargo de Primer Ministro. Pero, en el caso de Bolivia, sí es cierto que, según la Constitución del 2009, el presidente no puede ser reelegido más de una vez. Entonces, en mi opinión, sí coincido con Pablo y con muchos manifestantes en que Evo sí debía haber respetado los resultados del plebiscito del 21 de febrero del 2016. Y hay mucha gente dentro de las filas del MAS, incluso… Yo tengo amigos allí que son gente progresista, gente que se identifica con el MAS y no están de acuerdo con que Evo se postule otra vez para la presidencia. Entonces…sí, yo creo que es una queja legítima; pero, de nuevo, repito que hay que reconocer esa complejidad y reconocer que Evo sí comparte una parte de esa culpa, pero esto sigue siendo un golpe y hay que estar claro sobre eso.

AMY GOODMAN: Embajador Solón, ¿le preocupa lo que pueda suceder con los miembros del antiguo Gobierno, por ejemplo, la alcaldesa Patricia Arce, que era leal a Morales y la semana pasada fue retenida por manifestantes de la oposición que le cortaron el cabello a la fuerza, la rociaron con pintura roja y la pasearon por las calles? ¿Qué opina al respecto?

PABLO SOLÓN: En esta confrontación ha habido hechos que nunca deberían ocurrir. Este es uno de los hechos que mencionas. En el otro lado tienes, por ejemplo, la quema de la casa de Waldo Albarracín, que fue Defensor del Pueblo bajo el Gobierno de Evo Morales y que su casa fue quemada porque él es uno de los que encabeza el movimiento en la ciudad de La Paz. Vamos a encontrar acciones totalmente injustificables, tanto en un lado como en otro lado. Por eso lo que tenemos que hacer es tratar, lo más rápidamente posible, de parar esta escalada de violencia. Y repito: insistir con la idea de que ha habido un golpe lo único que hace es, desde una posición cómoda en el exterior, dejar que aquí siga una escalada de violencia en la cual las víctimas serán en Bolivia y no serán en Estados Unidos.

AMY GOODMAN: ¿Le preocupa que Luis Fernando Camacho, a quien muchos consideran el Bolsonaro de Bolivia, provenga del movimiento fascista? ¿Se ha fortalecido la derecha en Bolivia en este momento, al margen de que se considere o no la renuncia del presidente Morales como un golpe de Estado?

PABLO SOLÓN: Camacho es una figura que, obviamente, expresa una fuerza reaccionaria de derecha. Si vamos a calificar por su origen al actual Gobierno, es un Gobierno de partidos políticos que vienen de la derecha y es un peligro…no tengo ninguna confianza en que no pueda darse un giro. Pero, nuevamente, tenemos que ver la realidad. Es decir, ¿cuál es la otra opción? La otra opción hubiera sido que el MAS diga “bueno, renuncia Evo Morales y vamos a poner —porque ellos tenían la presidencia del Senado, la vicepresidencia del Senado—, vamos a poner a uno de el MAS que pase a ser presidente transitorio para organizar esta elección”. Pero el MAS opta por simplemente no asistir y que sus figuras, que podían haber entrado en la sucesión, renuncien. Entonces llevan a esta situación en donde tienes un gobierno de derecha. El MAS podía evitarlo muy fácilmente. Era suficiente con que no renuncie el primer vicepresidente del Senado, para no hablar de la presidencia del Senado, que es muy criticado y cuestionado. Y entonces no quedaba otra que esa persona sea el presidente. Y eso estaba en manos de Evo Morales. Pero él opta por la figura de la confrontación, de decir “ha habido un golpe aquí, no va a haber parlamento que acepte mi renuncia”, vamos a seguir en la situación del conflicto. Y esto nos lleva a un callejón sin salida, donde vamos a seguir teniendo muertos y el ejército en las calles.

AMY GOODMAN: ¿Algún comentario final, profesor Kevin Young?

KEVIN YOUNG: Bueno, yo coincido con algo que dijo Pablo, que yo, como no Boliviano, desde mi posición cómoda en el exterior, no puedo hablar por los bolivianos, obviamente. Pero hay que reconocer también que los sectores populares bolivianos están divididos. Están divididos incluso en cuanto a esta cuestión de que si fue un golpe o no fue un golpe. Y hay gente que dice que sí. Hay gente progresista, gente indígena, trabajadora, feminista, que dice que no fue un golpe, pero hay otros que dicen que sí. Para citar solamente un ejemplo, un referente muy importante dentro del mundo feminista de Bolivia, Adriana Guzmán, salió hace un par de días a decir que claramente es un golpe de Estado y que hay que denunciarlo, y que hay que estar conscientes de que sí, hay problemas con Evo, hay problemas con el MAS, pero el MAS no es igual a la derecha; que no todos son lo mismo y que ese tipo de discurso es muy peligroso. Entonces hay que escuchar las voces bolivianas, pero también reconocer que esas voces no están unificadas, no son monolíticas.

AMY GOODMAN: Muchas gracias a ambos por su tiempo. Kevin Young, profesor asistente de Historia en la Universidad de Massachusetts, autor de “Sangre de la Tierra: nacionalismo de recursos, revolución e imperio en Bolivia” y editor de “Haciendo la revolución: historias de la izquierda latinoamericana”. Y Pablo Solón, embajador ante la ONU del Gobierno de Evo Morales hasta 2011 y ex jefe negociador sobre cambio climático de Bolivia, quien nos habló desde La Paz, Bolivia. Visite democracynow.org para ver nuestra entrevista en inglés. Soy Amy Goodman, muchas gracias por acompañarnos.

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