“Solo personas ucranianas”: Estudiante nigeriano describe el racismo que sufren los africanos que huyen de la guerra en Ucrania

Reportaje02 de marzo de 2022

Según datos de Naciones Unidas, más de 800.000 personas ya han huido de Ucrania desde el inicio de la invasión rusa. Sin embargo, en su intento de salir del país, muchos extranjeros sufrieron discriminación y violencia racista. En sus relatos describen cómo fueron rechazados en autobuses y en la frontera mientras que las personas con nacionalidad ucraniana eran recibidas con los brazos abiertos. Hablamos con uno de los estudiantes africanos que documentaron su experiencia en Twitter bajo la etiqueta #AfricansInUkraine. Alexander Somto Orah dice que el trato discriminatorio que él y otros estudiantes africanos enfrentaron comenzó en la estación de tren de Kiev y continuó en la frontera con Polonia. “Empezamos a protestar y decirles que tenían que dejarnos ir, que lo que estaban pasando era un disparate. Cada más o menos cien ucranianos que aceptan, acogen más o menos dos africanos. No tiene sentido, porque hay más africanos que ucranianos en la frontera ”, recuerda Orah. “Cuando empezamos a presionar, la policía tomó sus armas y nos apuntó con ellas, y nos dijeron que nos iban a disparar.” Orah finalmente logró llegar a Varsovia y ahora está ayudando a otros estudiantes a cruzar la frontera.

Transcripción
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AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now!, democracynow.org, el informativo de guerra y paz. Soy Amy Goodman, con Juan González.

Según datos de la ONU, más de 800.000 personas han huido de Ucrania desde el inicio de la invasión rusa. Sin embargo, muchos extranjeros han dicho que, al tratar de escapar, han enfrentado situaciones de abuso y discriminación racial, y denuncian que fueron rechazados al tratar de acceder a autobuses y cruzar la frontera, mientras que los ucranianos eran recibidos con los brazos abiertos. El Gobierno de India envió varios ministros a la frontera de Ucrania con Polonia después de que ciudadanos indios que intentaban cruzar a Polonia desde Ucrania informaran que les dijeron que, en su lugar, fueran a Rumania. Ciudadanos de varios países africanos informan que tampoco se les permitió ingresar en Polonia porque son negros. Se estima que unos 16.000 estudiantes africanos atendían clases en Ucrania.

El ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, Dmytro Kuleba, tuiteó que la invasión rusa “ha afectado a ucranianos y a quienes no son ciudadanos de muchas maneras devastadoras”, y agregó: “Los africanos que buscan ser evacuados son nuestros amigos y deben tener las mismas oportunidades de regresar sanos y salvos a sus países de origen”.

Varios Gobiernos africanos también condenaron el racismo que enfrentan los africanos al tratar de huir de Ucrania. La Unión Africana calificó el trato que reciben los africanos de “violación del derecho internacional”.

Democracy Now! contactó al estudiante nigeriano de 25 años de edad Somto Orah tras su llegada a Varsovia, Polonia. Orah describió el trato discriminatorio que él y otros estudiantes africanos enfrentaron mientras intentaban huir y que comenzó en la estación de tren en la capital de Ucrania, Kiev.

ALEXANDER SOMTO ORAH: La discriminación empezó en Kiev, la capital, en la estación de tren. Yo estaba tratando de entrar y nos decían que solo podían pasar mujeres y niños, pero solo estaban seleccionando a mujeres y niños blancos. Cuando el primer tren se fue y llegó el segundo nos dijeron lo mismo. Entonces les preguntamos: “¿Qué significa mujeres y niños? Porque no vemos que estén aceptando ninguna mujer negra. Si dijeran mujeres y niños blancos al menos serían honestos. Pero que nos digan 'mujeres y niños' y no reciban mujeres africanas es totalmente absurdo”. Así que empezamos a gritar y a decirles: “Nadie se va a ir de aquí si no cumplen con su palabra”, hasta que nos preguntaron: “¿Dónde están las mujeres africanas?”. Nosotros empezamos a mostrarles a las mujeres y niños africanos, y así pudieron abordar el tren.

Luego llegó otro tren con destino a Polonia. Yo me metí en él con otros dos africanos. Cuando estaba en la cabina llamaron a la policía. La policía vino y nos dijeron que saliéramos del tren. Nos sacaron y nos dijeron que ese tren que iba a Polonia era básicamente solo para ucranianos y que teníamos que esperar otro tren que venía en la noche. Al llegar ese tren nos dijeron que no iba rumbo a Lviv, que es una ciudad fronteriza con Polonia. Decidimos anotar el número del tren, mi amigo lo copió. Yo lo anoté y mi amigo también lo anotó y se lo envió a su novia, que es ucraniana. La novia le dijo “Ese tren sí va para Lviv. No les hagas caso. Súbete”. El tren estaba a punto de salir cuando nosotros nos subimos. Estaban tratando de cerrar la puerta y les dijimos: “O abren la puerta, o nos empujan cuando estemos en marcha”. Y no tuvieron otra opción que abrir la puerta. Al entrar, vimos que éramos los únicos africanos en el tren.

Cuando llegamos a Lviv y fuimos a abordar el primer tren nos dijeron “Solo ucranianos, solo mujeres y niños”, y en general eso significa más gente blanca que gente negra. Entonces empezamos a gritar de nuevo. Cuando llegó el segundo tren tuvimos que empujar a las mujeres y niños africanos hacia el frente para que pudieran recibirlos. Y no tuvimos otra opción que buscar un taxi que nos llevara a la frontera. Luego llegamos a una barricada que estaba a 30 minutos de la frontera. Los soldados y la policía que estaban allí nos separaron. Nos dijeron: “Los extranjeros van a este lado. Los ucranianos, al otro lado”. Así que caminé y le pregunté a algunas personas: “¿Cuánto tiempo han estado aquí?”. Una persona dijo tres días. Otra dijo dos días. Yo sentí que no podía soportar eso y que debía encontrar una solución.

En la mañana del día siguiente empezamos a protestar y decirles que tenían que dejarnos pasar, que lo que estaba ocurriendo era absurdo. De unos cien ucranianos que aceptan, acogen más o menos a dos africanos. No tiene sentido, porque hay más africanos que ucranianos en la frontera. Cuando empezamos a presionar, la policía alistó sus armas y nos apuntó con ellas, y nos dijeron que nos iban a disparar. Les dijimos: “Somos estudiantes. Solo queremos irnos a casa. Y si le disparan a alguien, la gente no lo va a tomar a la ligera. Somos miles. No creo que nos puedan matar a todos”. Más policías llegaron rápidamente en carro y se parquearon frente a nosotros, sacaron armas parecidas a las de los soldados y nos dijeron que nos iban a disparar, a lo que respondimos: “No nos importa. Tenemos que cruzar”. Luego empezamos a empujar y empujar. Cuando menos lo pensamos todos gritamos “¡Sí!”. Rompimos la barricada y comenzamos a correr hacia la frontera. La policía golpeó a varias personas con porras.

Entre tanto, mientras íbamos a pie hasta la frontera, los civiles ucranianos nos ayudaron. Nos dieron comida y agua, algo muy amable de su parte. Las únicas personas que nos discriminaron fueron las autoridades, las fuerzas del orden. Pasado todo el día, ya de noche, empezaron a aceptar hombres ya que solo quedaban unas cuantas mujeres. Así que fue bastante fácil para nosotros cruzar. No encontramos discriminación en el lado de Polonia.

Ahora queremos continuar con nuestra educación. Nadie quiere regresar [a África] sin completar su educación. También queremos que el mundo sepa que no está bien que pidan ayuda al mundo mientras cometen crímenes de guerra y discriminan a los africanos. Nunca tuvo sentido. Yo esperaba más compasión en tiempos de guerra. No esperaba que nos trataran de esa manera.

AMY GOODMAN: Ese era el estudiante nigeriano Somto Orah, hablando para Democracy Now! tras huir de Ucrania a Polonia y llegar a Varsovia. Un agradecimiento especial a Messiah Rhodes, productor de Democracy Now!, quien lo contactó para este informe. Nuestra audiencia radial puede ir a democracynow.org/es para ver las imágenes de video que presentamos mientras Somto hablaba. Él mismo grabó esas imágenes de lo que ocurrió en su viaje.

Al regresar, hablaremos de la invasión rusa y el discurso del presidente Biden sobre el estado de la Unión con el candidato a la vicepresidencia de Filipinas Walden Bello y con Branko Marcetic, de la revista Jacobin. Quédense con nosotros. Quédense con nosotros.


Traducido por Iván Hincapié. Editado por Igor Moreno Unanua.

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