Aumentan las cárceles para familias inmigrantes a pesar del fallo que prohíbe la “detención como disuasión”

Reportaje25 de marzo de 2015

El gobierno de Obama sigue aumentando la polémica práctica de detener a madres con niños, a pesar de que un juez emitió un fallo que determina la ilegalidad de dicha práctica como factor disuasivo. Desde el verano pasado, miles de mujeres centroamericanas con niños muy pequeños ingresaron a Estados Unidos en busca de asilo. Aunque más tarde se supo que muchas tenían un “miedo creíble” a una persecución violenta, se vieron rodeadas y llevadas a la cárcel con pocas posibilidades de libertad, hasta ser deportadas. Pero el mes pasado, un juez federal ordenó a las autoridades de inmigración que empiecen a liberar a dichas mujeres y a sus hijos. El juez determinó que la política del gobierno de Obama de detenerlas con el objeto de desalentar la práctica del ingreso a EE.UU. es ilegal. Desde entonces, varias familias recibieron libertad bajo fianza, mientras que las que no pueden pagar la fianza siguen encerradas. Están alojadas en uno o dos centros de detención nuevos para familias, administrados por empresas privadas de cárceles en el sur de Texas. Desde Texas se comunica con nosotros la productora de Democracy Now! Renée Feltz con un informe realizado en el lugar sobre una madre y su hijo, recientemente liberados. También nos acompaña Barbara Hines, ex directora de la Clínica de Inmigración de la Facultad de Derecho de la Universidad de Texas. La declaración jurada de Hines en un juicio por la detención de mujeres y niños como método de disuasión contra la inmigración masiva fue citado por el juez federal en su fallo para detener dicha práctica.

Transcripción
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JUAN GONZÁLEZ: Terminamos el programa de hoy con las últimas noticias de una historia que Democracy Now! ha seguido de cerca: La expansión por parte del presidente Obama de la controvertida práctica de detener a madres y a sus hijos. Desde del verano pasado, miles de mujeres centroamericanas con niños de tan solo unos pocos meses de edad han cruzado la frontera de Estados Unidos en busca de asilo. A pesar de que después se halló que muchos tenían un temor creíble a sufrir persecución violenta, acabaron siendo puestos en detención, con pocas posibilidades de quedar en libertad hasta ser deportados.

AMY GOODMAN: Pero el mes pasado un juez federal ordenó a las autoridades de inmigración que comenzaran a liberar a las mujeres y sus hijos. El juez halló que la política del gobierno de Obama de detenerlos con el fin de disuadir a otros de venir a EE.UU. era ilegal. Desde entonces, a más familias se les ha concedido la posibilidad de pagar una fianza y han sido puestas en libertad, mientras que otras que no han podido pagar las fianzas permanecen encerrados. Están retenidos en uno de los dos nuevos centros de detención para familias a cargo de compañías de prisiones privadas en el sur de Texas. La periodista de Democracy Now! Renée Feltz fue allí para averiguar más. Este es su reportaje.

RENÉE FELTZ: Mi primera parada en Texas es un pequeño pueblo llamado Dilley. Una hora al norte de la frontera con México, junto a la Interestatal 35, es un centro de detención para familias que abrió sus puertas en diciembre. Fue construido en el emplazamiento de un antiguo campo para hombres que alojaba a los trabajadores de campos petroleros. Me encuentro con un residente que vive cerca y se ofrece a mostrarme los alrededores.

RESIDENTE DE DILLEY: Aquí estamos en la Centro Residencial para Familias del Sur de Texas. Fuera de la vista de la gente. Y si no se ve, no existe.

RENÉE FELTZ: Conducimos alrededor de un recinto de 200 mil metros cuadrados dirigido ahora por la empresa Corrections Corporation of America. Está lleno de cientos de trailers de coloreados por el barro. Cada uno puede albergar a ocho personas, o cerca de tres familias. Gran parte del lugar está rodeado por una valla alta. Pero mirando a través de ella, puedo ver hileras de remolques que se extienden en la distancia. En una zona, la parte superior de un parque infantil se eleva por encima de la valla, y puedo escuchar las voces de los niños. Gran parte del centro todavía está en construcción. Hay dos grandes tiendas de campaña cuya construcción parece que acaba de ser terminada, cada una de ellas es lo suficientemente grande como para dar cabida a cientos de camas. Cuando la instalación esté terminada, será capaz de albergar a 2.400 mujeres y niños. Le pregunté a mi contacto qué es lo que los residentes de Dilley piensan de todo esto.

RESIDENTE DE DILLEY: Lo que más he escuchado es: “Oye, están construyendo un nuevo centro de detención por allá. Voy a pedirles trabajo”. O mostrarle a alguien el titular del periódico local de la semana en que se anunció esto, y que decía: “Los federales aprueban el campo de internamiento en Dilley”. Y el subtítulo era: “Oportunidades de empleo”.

RENÉE FELTZ: De hecho, esta parte de Texas no es ajena a la detención de familias. En 1942, la cercana ciudad de Crystal City fue el hogar de un campo de internamiento para hombres de origen japones y alemán, junto con sus esposas e hijos.

PRESIDENTE FRANKLIN D. ROOSEVELT: La filmación de las instalaciones de Crystal City, que están a punto de ver, muestra cómo los hombres, mujeres y niños, prisioneros de la Segunda Guerra Mundial, viven, trabajan y juegan bajo los estándares estadounidenses tradicionales de lo que significa un trato digno y humano.

RENÉE FELTZ: Los detalles que ofrece esta una película del gobierno de 1946 sobre el campo de internamiento de Crystal City suenan inquietantemente similares al campamento que existe hoy en día en Dilley, a una hora de distancia.

NARRADOR: Originalmente, era un campo para trabajadores migrantes de aproximadamente 100 vivienda, y edificios de servicios públicos y recreación. Para albergar a una población de 3.600 personas, hemos añadido más de 500 unidades de vivienda. La cantidad de dinero de plástico del campamento que se les ha dado va acorde con el tamaño y las necesidades de la familia. Aquí podemos ver a algunos niños jugando bajo la dirección de un prisionero que hace funciones de profesor.

RENÉE FELTZ: La mayoría de las mujeres y niños internados en Crystal City eran ciudadanos estadounidenses. El gobierno se disculpó más tarde por el trato que recibieron. Hoy en día, las mujeres y los niños detenidos en Dilley son inmigrantes de El Salvador, Honduras y Guatemala. Pero su detención ha recibido un escrutinio similar. En febrero, un juez federal ordenó a las autoridades de inmigración que comenzaran a liberar a las mujeres y los niños. Desde entonces, muchos jueces les han otorgado fianzas de entre 4.000 y 10.000 dólares. Si las mujeres y los niños pueden pagar, son liberados para que puedan vivir con familiares mientras buscan un estatus legal. Pero algunos detenidos no pueden pagar sus fianzas, y otros no son elegibles en caso de haber sido deportados antes. Aún así, mientras estoy en Dilley, veo un grupo de detenidos recién liberados que están siendo trasladados en un pequeño autobús blanco. Una de mis fuentes me dice que se les va a dejar en la estación de autobuses de la compañía Greyhound en San Antonio, a una hora de distancia hacia el norte. Decido ir a su encuentro y averiguar más sobre el tema. ¿Con quién estamos hablando?

MOHAMMAD ABDOLLAHI: Mohammad Abdollahi. Soy miembro de RAICES, Centro de Educación y de Servicios Legales para Refugiados e Inmigrantes. Trabajamos en colaboración con la Interfaith Welcome Coalition (Coalición Interreligiosa de Bienvenida). Y cada noche venimos aquí a la estación de autobuses de Greyhound en el centro de San Antonio, a donde llegan camionetas llenas de mujeres que por lo general son traídas desde cualquiera de los centros de detención para familias. Y por lo general lo que ocurre es que las mujeres llegan a las instalaciones, y es muy sorprendente para nosotros ver que las mujeres suelen ser liberadas de la detención con la misma ropa con la que probablemente fueron atrapadas en verano.

RENÉE FELTZ: Mientras estoy hablando con Mohammad, una camioneta se detiene y desembarcan un grupo de cinco madres y ocho hijos. El grupo proviene del otro centro de detención para familias en Karnes City. A la mayoria les aguarda un viaje de días hasta llegar al hogar de algún miembro de su familia o amigo con el que se le haya aprobado que vaya a vivir. Pero no tienen dinero o provisiones, por lo que el Comité Interreligioso de Bienvenida les trae mochilas llenas de alimentos, juguetes y pañales donados. La voluntaria Rebecca Ortiz enumera las edades de las personas recién liberadas que ha conocido.

REBECCA ORTIZ: Agunos de tan solo 10 meses, dos semanas, por lo general de tres, cuatro, siete y diez años. Recientemente hemos visto algunos adolescentes. Son desembarcados aquí en la estación de autobuses. Y estamos aquí para ayudarlos, porque sabemos que ellos no entienden inglés. Estamos aquí para ayudar a traducir sus billetes de autobus, mostrarles cómo leer las billetes, explicandoles el recorrido del viaje. A veces les enseñamos un mapa de Estados Unidos, porque no saben que están en Texas, o saben que están en Texas, pero no saben lo lejos que están de California, Florida, Massachusetts, Nueva York, Montana o Wyoming. Así que les mostramos y mapa y les explicamos: “Estás aquí, y vas a viajar a través de estos lugares hasta llegar a tu destino”. Nosotros no podemos controlar las actuaciones nuestro gobierno. No tenemos ningún control sobre lo que hace un gobierno extranjero. Pero cuando alguien está de pie frente a usted, y necesita ayuda, estamos listos para ofrecérsela.

RENÉE FELTZ: Mientras las familias esperan para embarcar en los autobuses, observo a una voluntaria dando a los niños animales de peluche que ella saca de su bolso. Ella ha estado ayudando a las mujeres a contactar con sus abogados cuando estaban detenidas. Me habla de las tarjetas de identificación que les dieron dentro del centro de detención.

JOHANA DE LEON: Esta es la tarjeta de identificación de uno de nuestros clientes, Patricia— no quiero decir su nombre, digamos solo Patricia. La hemos representado de forma gratuita. Le ayudamos con su petición de libertad bajo fianza. Ella estuvo allá tres meses, y después de tres meses se le concedió la libertad tras pagar una fianza de 5.000 dólares, y, con la ayuda de la Interfaith Welcome Coalition (Coalición Interreligiosa de Bienvenida), fuimos capaces de recaudar dinero y pagar ese fianza en su nombre.

RENÉE FELTZ: Entonces, usted está sosteniendo una tarjeta que pertenece a Patricia. ¿Puede describir qué es?

JOHANA DE LEON: Sí, esta es la tarjeta de identificación que tienen las mujeres y los niños que están detenidos. A cada mujer y cada niño se le asigna una tarjeta que puede ser utilizada para la compra de alimentos en el economato. Además, deben mostrarla a los guardias cuando se hace el recuento de detenidos, lo que ocurre tres veces al día. Y a su vez, si los niños quieren sacar un juguete de la sala de juego, tienen que dejar su tarjeta de identificación, en caso de que se pierda el juguete.

RENÉE FELTZ: La mayoría de las mujeres que llegan a la estación de autobuses están demasiado cansadas y nerviosas para hablar conmigo frente a la cámara justo después de haber sido liberadas. Pero al día siguiente, una de ellas acepta compartir sus experiencias cómo detenida.

RENÉE FELTZ: Erika y su hijo de 17 años de edad, Christian, aceptan ser entrevistados en el refugio para inmigrantes recién liberados donde han pasado la noche.

ERIKA RODRIGUEZ: Mi nombre es Erika Rodríguez. yo salí de El Salvador el 13 de enero, crucé el río el 27 de enero, y el día 27 estaba en McAllen. Y luego de ahí me agarró inmigración y me llevaron a las hieleras, ahí estuvimos por casi 3 días. Luego de ahí nos llevaron a las perreras. Ahí estuvimos casi dos días. De ahí de la perrera, nos trajeron para Karnes City. Alli nos hicieron un chequeo médico, exámenes, nos dieron comida cuando llegamos. Nos dieron cinco mudas, cobija, nos dijeron que ahí ibamos a estar como familia. Pero separados de los hijos, los hijos en los cuartos de los adolescentes, solamente estabamos con los niños menores de 8 años.

CHRISTIAN RODRIGUEZ: Cristian Yovani Rodríguez Rodríguez. Tengo 17 años. También a veces me quejo por la semana en que me tuvieron encerrado ahí en médico, porque era muy feo estar allí, porque uno no salía para nada, ahí sentado viendo a las enfermeras que pasaban.

ERIKA RODRIGUEZ: sólo nos dijeron alisten sus cosas, van a ir para medicina, y estando ahí nos encerraron en un cuarto por cinco días, en el que no veíamos la luz del día, el anochecer, nada, porque estaba todo encerrado. Después de cinco días, nos visitaron cinco oficiales pero no nos dieron la razón. En la semana de castigo perdió cinco libras (2,2 kilos), porque no comía, nos llevaban los tres tiempos de comida, pero si el llevaba una al día era bastante.

RENÉE FELTZ: ¿Por qué no quería comer?

CHRISTIAN RODRIGUEZ: Porque me sentía bien triste de estar ahí encerrado, porque no tenía a mis amigos, no podía ver nada más, era lo mismo que veía todos los días, y no me daban ganas de comer. …

ERIKA RODRIGUEZ: Gracias a Dios yo no estuve más que un mes ocho días, pero parece que fue para toda mi vida, es algo que me ha quedado bien marcado.

RENÉE FELTZ: Después hablar con Erika y su hijo, me encuentro Rosalinda Maldonado. Ella ayuda a gestionar el refugio que les ha albergado la noche anterior.

ROSALINDA MALDONADO: Es inhumano lo que les estamos haciendo a estas familias, ya sabe. Ellos están siendo aterrorizadas.

RENÉE FELTZ: Rosalinda trata de mantenerse en contacto con las mujeres que pasan por la casa después de haber sido puesto en libertad. Le preocupa que algunas han conseguido el dinero para sus fianzas de traficantes. Pero dice que incluso aquellas que han logrado reunirse con sus familias sufren traumas debido a su terrible experiencia durante la detención.

ROSALINDA MALDONADO: Siento que cuando me dicen que les encerraron en esas celdas, o me dicen que les amenazaban con quitarles a sus hijos, soy la persona sobre la que están liberando todo el dolor, Yo les digo: “Perdonen a mi país”, a pesar de que este no es mi país. Yo soy mexicana. Soy indocumentada. Pero yo digo que voy a perdonar mi país, ya sabe, porque este es un nuevo paso.

RENÉE FELTZ: En San Antonio, soy Renée Feltz para Democracy Now!

AMY GOODMAN: Acabamos de ver un reportaje de la productora de Democracy Now! Renée Feltz, que nos acompaña hoy. Renée, qué es lo que pensaba cuando estaba en Texas produciendo este informe.

RENÉE FELTZ: Amy, fue sorprendente ver lo pequeños que era los niños que eran liberados de la detención, bebés en brazos de sus madres. Y mientras estaba allá, se informó que una mujer que estaba detenida intentó suicidarse.

AMY GOODMAN: Bueno, también nos acompaña Barbara Hines, el ex directora de la Consultorio sobre Inmigración de la Escuela de Derecho de la Universidad de Texas. Su declaración en una demanda contra la detención de mujeres y niños como método de disuasión a la migración masiva fue citada por el juez federal en su fallo que ordenó acabar con dicha práctica. Explique esa demanda, Barbara.

BARBARA HINES: Bueno, esa demanda fue una demanda presentada por las Unión para las Libertades Civiles de EE.UU., el Consultorio sobre Inmigración de la Universidad de Texas y un despacho privado de abogados para impugnar la práctica de mantener en detención a estas madres y niños para enviar un mensaje de disuasión a otras familias, argumentando que estas madres y niños eran un riesgo para la seguridad nacional, escogiendo el grupo más vulnerable de los inmigrantes que llegan a Estados Unidos, que en realidad son solicitantes de asilo, mujeres y niños que huyen de la violencia más horrible, y diciendo que ese grupo tenía que ser encerrado en prisiones privadas que son gestionadas con afán de lucro.

JUAN GONZÁLEZ: ¿Y qué pasa con las personas que dicen que ellos no son los solicitantes de asilo, que en realidad son sólo inmigrantes indocumentados?

BARBARA HINES: Bueno, según nuestra experiencia eso no es cierto. La gran mayoría de las mujeres y los niños que han sido retenidos en todos los centros de detención, cuyo número se han incrementado desde junio, son los solicitantes de asilo. Ellos han pasado el examen inicial, que se llama la “entrevista sobre el miedo creíble”, para demostrar que cumplen con los estandares para solicitar el asilo. Y bajo nuestra ley internacional y nacional, ellos tienen el derecho a solicitar asilo para buscar protección en este país.

JUAN GONZÁLEZ: ¿Y cuáles son las condiciones bajo las que están siendo detenidas estas personas?

BARBARA HINES: Bueno, en primer lugar, estos centros son administrados por— el centro en Karnes está dirigido por la empresa GEO Group. El centro en Dilley está a cargo de la empresa Corrections Corporation of America. La Corrections Corporation of America es la misma empresa que gestionaba Hutto, el último caso de detención de familias contra el que litigue, en el que niños eran detenidos— los bebés eran vestidos con uniformes de prisioneros, y estas corporaciones pensaron que eso era aceptable. Las mujeres y los niños no tienen control sobre sus vidas. Todo esta reglamentado— a qué hora se levantan, lo que comen. La comida es muy mala. La atención médica es deficiente. Los guardias, al igual que cuando denunciamos el caso de Hutto, que como ya he dicho era la última versión de la detención de familias, las mujeres nos dijeron que habían recibido amenazas de que si sus hijos se portaban mal, iban a ser reportados al juez de inmigración, lo que puede afectar negativamente a su caso. Los niños que no guardaban la línea— y, por supuesto, se trata de niños pequeños. ¿Cómo pueden tener a niños a su alrededor que no guardan la línea? Había una madre con un bebé que estaba aprendiendo a gatear, al que no se le permitia estar en el suelo, porque los guardias de GEO decían que eso era peligroso. Se vio obligada a llevar a su bebé en brazos, lo que, por supuesto, tiene efectos terribles sobre el desarrollo para un niño que está tratando de aprender a gatear y caminar.

AMY GOODMAN: Barbara Hines, tenemos que dejarlo aquí, pero vamos a continuar esta conversación y a publicar la segunda parte en nuestro sitio web democracy.org, para hablar sobre todo lo que ocurre en la sala de audiencias, cuando las mujeres ven el juez a través de una pantalla de video desde la cárcel. Barbara Hines, ex director del Consultorio sobre Inmigración de la Escuela de Derecho de la Universidad de Texas, y Renée Feltz, muchas gracias a las dos. Y gracias a Tish Stringer por su video.

Traducido y editado por Igor Moreno y Democracy Now! en Español.

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