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Retiran esposada de un hospital de Texas y trasladan a una cárcel privada a una mujer que busca asilo y lucha contra un tumor cerebral

Reportaje02 de marzo de 2017

Actualización: Horas después de la emisión de esta entrevista Sara Beltrán Hernández fue liberada del centro de detención para poder reunirse con su familia y recibir tratamiento médico para su tumor cerebral.

Mientras el presidente Trump promete deportar los “bad hombres”, analizamos el impactante caso de una mujer proveniente de El Salvador que busca asilo y está detenida mientras lucha contra un tumor cerebral. Sara Beltrán Hernández fue esposada de pies y manos, retirada del hospital y trasladada de nuevo al Centro de Detención Prairieland cerca de Dallas. Hoy tiene una audiencia de solicitud de finanza y podría ser liberada para que viva con su familia. Hablamos con Fatma Marouf, Bryn Esplin y Justin Mazzola. Marouf es directora de la Clínica de Derechos de los Inmigrantes de la Universidad A&M de Texas. Esplin es experta en bioética y profesora asistente en el Departamento de Humanidades en Medicina de la Facultad de Medicina de la Universidad A&M de Texas. Mazzola es director interino de investigación de Amnesty International EE.UU., que tiene una campaña para conseguir la liberación de Sara Beltrán Hernández.


TRANSCRIPCIÓN
Esta transcripción es un borrador que puede estar sujeto a cambios.

AMY GOODMAN: Mientras el presidente Trump continúa con su ofensiva contra los inmigrantes, pasamos a hablar del caso impactante de una solicitante de asilo de El Salvador que se encuentra detenida al tiempo que lucha contra un tumor cerebral. Sara Beltrán Hernández llegó a EE.UU. por primera vez cruzando la frontera entre Estados Unidos y México en noviembre de 2015. Inmediatamente realizó una declaración jurada ante los agentes de la Patrulla Fronteriza alegando que estaba tratando de escapar de las amenazas de muerte que había recibido de parte de miembros de una pandilla criminal en su ciudad natal porque su pareja es un oficial de policía. Desde entonces, ha estado encerrada en varias cárceles y centros de detención, mientras se resuelve su solicitud de asilo. El 10 de febrero, Sara Beltrán se derrumbó mientras se encontraba en el Centro de Detención Prairieland, cerca de Dallas, Texas. Beltrán, 27 años de edad y madre de dos hijos, fue llevada al Hospital [Huguley] de Texas. Estaba sangrando de la nariz y, según se informó, sufría convulsiones y pérdida de memoria. Los médicos le diagnosticaron un tumor cerebral de más de un centímetro y medio de diámetro, y le dijeron que necesitaba cirugía. Pasaron ocho días antes de que se le diera permiso para que llamara a sus familiares y les dijera dónde estaba y cuál era su estado de salud. Su abogado pidió que fuera trasladada a un hospital de la Ciudad de Nueva York, cerca de donde vive su familia, pero la petición fue rechazada. Según los informes, la semana pasada, el personal del Hospital Huguley le dijo a Beltrán que iba a ser transferida a otro hospital para ser sometida a una operación. Sin embargo, ella fue sacada del hospital esposada de pies y manos y llevada de vuelta a la cárcel. Esta semana, los médicos le comunicaron a Sara Beltrán que tiene un gran tumor macroadenoma hipofisario, que no pone en riesgo su vida, pero "podría seguir creciendo", y necesita una estrecha vigilancia y resonancias magnéticas regulares. Beltrán todavía padece un severo dolor de cabeza, entumecimiento en la cara, y tiene dificultad para caminar. En el día de hoy tiene una audiencia ante un juez de inmigración para decidir si se le otorga la libertad bajo fianza. Para más, vamos hasta Dallas, Texas, para hablar con la abogada de Sara Beltrán, Fatma Marouf. Marouf es también la directora del Consultorio de Derechos de los Inmigrantes de la Universidad A&M de Texas, donde ella ejerce de profesora de derecho. También se nos unirá desde Dallas Bryn Esplin, profesora asistente en el Departamento de Humanidades Médicas de la Facultad de Medicina de la Universidad A&M de Texas, donde enseña bioética. El lunes, Esplin acompañó a Sara a su cita médica y ha hablado con ella durante su detención acerca de la atención que recibió. Aquí en Nueva York, nos acompaña Justin Mazzola, subdirector de investigación de Amnistía Internacional EE.UU., quien ha lanzado una campaña en demanda de que el Servicio de Inmigración libere a Sara inmediatamente. Bienvenidos sean todos ustedes. Vamos a comenzar con Fatma Marouf. Usted es su abogada. ¿Puede decirnos cómo es posible que esta mujer que sufre de un tumor cerebral sea sacada del hospital esposada y devuelta al centro de detención?

FATMA MAROUF: Esto nos impactó mucho a todos nosotros. Sucedió un día después de que hubiera intentado visitarla en el hospital y me fuera denegada la entrada en su habitación, que era vigilada por dos guardias del centro de detención en todo momento.

AMY GOODMAN: Había dos guardias.

FATMA MAROUF: Sí.

AMY GOODMAN: ¿Había cometido algún horrible crimen?

FATMA MAROUF: No tiene antecedentes penales de ningún tipo. Lo único que hizo fue huir para salvar su vida. Por lo tanto, las autoridades del centro de detención, cuando la llevaron al hospital, dejaron a dos guardias, que nunca se apartaron de su lado. Y, como usted ha mencionado, ella pasó varios días allí, casi una semana, y se le negó el contacto a sus abogados, así como con su familia. Así que ella se encontraba sola, aterrada, sin hablar inglés, y justo después de haber sido informada de que tiene un tumor cerebral.

AMY GOODMAN: ¿Cómo la encontró?

FATMA MAROUF: Bueno, después de ir al hospital para tratar de entender lo que estaba ocurriendo y, posteriormente, haber hablado con la gente del Departamento de Seguridad Nacional, así como con personal del hospital, nos dijeron que iba a ser trasladada a un hospital de Dallas. Y entonces, de repente, al día siguiente, fue llevada de nuevo al centro de detención. Por lo tanto, no sabemos exactamente lo que sucedió. Hay dos informes de alta diferentes en sus registros médicos, y parece que los médicos decidieron de repente que su condición era estable y la transfirieron de nuevo su custodia a Inmigración. Pero habían programado una cita para ella el lunes siguiente. Y estábamos muy preocupados por la interrupción de su tratamiento médico, y su consiguiente retorno y devuelta al centro de detención? donde el cuidado médico es extremadamente limitado. En el centro de detención, ha sido visitada sólo una vez al día por una enfermera. Está recibiendo Tylenol para un tumor cerebral. Y en ese momento, nosotros no sabíamos con qué urgencia necesitaba la cirugía.

AMY GOODMAN: Así que ella estuvo en el hospital durante ocho días. ¿Nadie sabía donde estaba cuando recibió la información de que tenía un tumor cerebral?

FATMA MAROUF: Correcto. Por lo tanto, creo que la primera vez que llegó allí, se las arregló de algún modo para llamar a su madre por teléfono y decirle dónde estaba. Pero entonces lo que ocurrió fue que Inmigración la puso en lo que llamaron una lista de no contacto, algo de lo que nunca había oído hablar antes. Básicamente significa que mantienen la ubicación de la paciente en secreto, así que ni siquiera fue registrada en el hospital. Por lo tanto, cuando su familia intentó llamar al hospital para preguntar por ella, lo único que les dijeron fue: "Aquí no hay nadie con ese nombre". Por lo tanto, al encontrarme yo en el área, se me pidió ir a ver si ella estaba allí, y allí la encontré. Pero los guardias me negaron el acceso a la habitación, llegando incluso a gritarme que en teoría nadie debía saber que ella se encontraba allí.

AMY GOODMAN: Bryn Esplin, ¿puede hablarnos de sus preocupaciones, como un especialista en bioética, acerca de lo que ha ocurrido con Sara Beltrán, una mujer que huye de la violencia, para salvar su vida, de El Salvador a Estados Unidos?

BRYN ESPLIN: Claro. Desde el punto de vista de la bioética y la ética médica existen numerosas preocupaciones, algunas de las cuales ya hemos citado. Cuando se me informó del caso lo que me generó más preocupación fue que ella estaba en una lista de no contacto. Y pensé que podría convencer a alguien de los otros servicios hospitalarios, como capellanía o trabajo social, para involucrarme y ofrecerle un poco de apoyo, porque, como usted ha dicho, se le había comunicado que tenía un tumor cerebral. Y la naturaleza de una condición neurológica como esa, obviamente, influye en la capacidad de comprender, en la memoria. Ella tenía síntomas que se correspondían con esta afección. Que no fuera capaz de hablar con los servicios sociales, ni participar en la toma de decisiones, ni hablar de su condición médica, era extremadamente problemático. Por lo tanto, yo pensaba que eso funcionaría. La capellanía parecía muy receptiva a intervenir y proporcionar el cuidado espiritual. Por lo tanto, en ese momento, en cierto modo me recusé y pensé que todo iba a ir bien. Y entonces, como hemos mencionado, fue dada de alta de forma repentina y devuelta al centro de detención, y se le notificó que tendría una cita de seguimiento con un neurocirujano el lunes siguiente. Así que, en ese momento, sentí la obligación moral de ir y ver a Sara en persona en el centro de detención para tener una idea de cómo se encontraba, desde un punto de vista humano, pero también para saber qué era lo que ella había entendido acerca de la naturaleza y el alcance de su estado, y qué oportunidades había tenido de realizar preguntas significativas, y qué era lo que yo podía hacer para apoyarla. Debido a que su inglés es limitado, fue muy difícil para ella comprender todos los matices de una lesión neurológica como un tumor hipofisario. Y así que le pregunté si se sentiría cómoda si yo le acompañara a su cita el lunes y ella aceptó con entusiasmo. Me firmó una declaración escrita en este sentido, así como un documento para que yo pudiera acceder a su historial médico. Así que me presenté temprano para su cita y me reuní con personal clínico, y les expliqué quién era yo, en calidad de defensora del paciente, y esperé a que ella llegara. Y puedo confirmar de forma inequívoca que llegó no sólo con las manos esposadas, sino con grilletes en las manos, la cintura y los pies, y de esa forma fue traída a la clínica, y toda la gente que estaba en la sala de visitas se dieron cuenta de esto, ya que pudieron verla y oírla, y fue escoltada de nuevo a la sala de reconocimiento. Y no fue hasta que un miembro del personal clínico le pidió que se sentara en la mesa de examen para los pacientes, y ella trato de hacerlo estando esposada, que el guardia se decidió a retirarle los grilletes. Así que me senté allí con ella, le agarré la mano, y traté de hacer las funciones de intérprete telefónico, para, en colaboración con los agentes, tratar de ayudarla a rellenar su historial médico pasado y otros formularios. Pero eso no estaba funcionando. La conexión era terrible y la jerga técnica médica era muy difícil de traducir, por lo que el personal del hospital insistió en que viniese un traductor. Así que esperamos entre 45 minutos y una hora hasta que esa persona llegó. Sara continuaba sufriendo síntomas graves, estaba acostada, se sujetaba la cabeza, y tuvo que ser despertada cuando la enfermera volvió a entrar en la habitación. Fue entonces cuando logré hablar con el médico. Y lo que me pareció más preocupante fue que todas estas personas, no sólo el personal clínico y el médico, tuvieron acceso a información médica muy personal. Y en esa situación es difícil hablar de forma honesta sobre el historial médico de alguien, especialmente respecto a cosas como el VIH, u otro tipo de información médica altamente protegida, como los antecedentes psiquiátricos. Así que de repente todos estos extraños estaban en su habitación escuchando su historial médico, su pronóstico y diagnóstico actual. Y creo que eso, desde un punto de vista ético, realmente obstaculiza la capacidad de dar información precisa y generar confianza y consiguientemente, poder hacer preguntas relevantes. poder hacer preguntas relevantes. Todo eso fue preocupante.

AMY GOODMAN: Quiero invitar a participar en esta conversación a Justin Mazzola, subdirector de investigación de Amnistía Internacional EE.UU., quien ha lanzado una campaña con el objetivo de lograr la liberación de Sara Beltrán. Recientemente hemos visto... no exactamente el discurso del Estado de la Unión, pero si el discurso del presidente de Trump ante la sesión conjunta del Congreso, y él continúa repitiendo eso de que va tras los "bad hombres", tras los criminales que amenazan nuestra seguridad nacional. ¿Puede hablar de cómo encaja Sara Beltrán en esto, de quién es ella, esta mujer de El Salvador?

JUSTIN MAZZOLA: Bien. Bueno, creo que en primer lugar hay que recordar que fue detenida bajo el gobierno de Obama, durante su respuesta a la llegada masiva de familias, incluso de niños no acompañados, que llegaron a través del Triángulo Norte de Centroamérica, huyendo de la inestabilidad y la violencia que reina en esos países, incluyendo El Salvador, de donde es Sara. Y en ese entonces, la política del gobierno era la "detención como disuasión". Y querían enviar el mensaje de que si usted viene, esto es lo que va a enfrentar. Y el secretario [de Seguridad Nacional], Jeh Johnson, fue muy claro al respecto, y fue criticada por ello, pero esa política continuó. Así que tenemos a estos solicitantes de asilo, personas que huyen de la violencia de las pandillas, como en el caso de Sara, y de la violencia doméstica también, y que llegan aquí, y cuando cruzan la frontera y dicen que tienen miedo de volver a su país de origen, son inmediatamente detenidos a la espera de que se tome una decisión sobre su caso.

AMY GOODMAN: Nos quedan 15 segundos. Explique que está pidiendo en este momento.

JUSTIN MAZZOLA: Lo que hemos estado pidiendo desde hace tiempo es que Inmigración debe utilizar su discreción en lo que respecta al proceso de concesión de libertad condicional para liberarla, para que pueda recibir la atención médica adecuada y estar con su familia, que ya vive aquí.

AMY GOODMAN: En Nueva York.

JUSTIN MAZZOLA: En Nueva York, hasta que su solicitud de asilo se resuelva.

AMY GOODMAN: Y, Fatma Marouf, ¿Qué espera que ocurra en la audiencia sobre su fianza que tendrá lugar hoy?

FATMA MAROUF: Esta es una audiencia de fianza ante el Tribunal de Inmigración de Dallas, y esperamos que el juez le conceda la libertas bajo fianza.

AMY GOODMAN: ¿Y sabe cuánto tendrá que pagar, y si tiene la posibilidad de hacerlo?

FATMA MAROUF: No lo sabremos hasta que el juez emita la orden. Su familia, evidentemente, ha estado trabajando duro para reunir todo el dinero posible con el fin de depositar una fianza. Y cuando sepamos la cantidad, será entregada de inmediato, si tienen esa cantidad.

AMY GOODMAN: Bueno, sin duda seguiremos cubrir esta noticia. Pueden ir a nuestro sitio Web en democracynow.org, donde actualizaremos la información respecto a la audiencia de hoy. Fatma Marouf, abogada de Sara Beltrán Hernández; Bryn Esplin, experta en bioética; y Justin Mazzola, de Amnistía Internacional, Muchas gracias.


Traducido y editado por Igor Moreno y Democracy Now! en Español.

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